Juan Antonio Petit, mi maestro y amigo

Tanto desde Coexphal como desde Mercoalmería y Agromurgi, orientó y ayudó a la consolidación

Juan Antonio Petit, en el homenaje de la Cámara de Comercio.
Juan Antonio Petit, en el homenaje de la Cámara de Comercio. La Voz
Jerónimo Molina Herrera
19:52 • 14 ene. 2023

Gustaba contar a Juan Antonio que llegó a Almería a mediados de los años cincuenta y que en aquella época, Almería era una ciudad apacible donde los niños jugaban en las calles y los guardias municipales hacían su ronda en bicicleta mientras la “Regadora” del parque de Bomberos, inundaba de agua las sedientas calles, liberando un penetrante olor a tierra mojada. En las calurosas noches de verano, las familias sacaban las sillas a las aceras para tomar el fresco y charlar con los vecinos. Los jóvenes como él, deambulaban entre el café Colón, la cervecería La Granja, el Castilla, la heladería Los Italianos y los sillones de mimbre, con aire colonial, del Hotel Simón, donde paraban los toreros durante las Fiestas de Agosto. 


Para nuestra reciente historia económica, Juan Antonio Petit simbolizó el tránsito, desde la agricultura tradicional a la agricultura intensiva. Vino como delegado de la empresa valenciana FESA a comercializar los productos almerienses, uva y naranja; pero a principios de los años setenta se incorporó a Mercoalmería, empresa que orientó hacia la comercialización directa de los productos en los mercados exteriores, modificando los criterios de la Administración que pretendía que fuera una subasta.


Paradójicamente Juan Antonio inició, desde una empresa, que había nacido como mercado en origen, la comercialización en destino de nuestras frutas y hortalizas, abriendo el camino al resto de las empresas y cooperativas para cosechar y exportar sus propios productos, rompiendo la dependencia de los compradores que venían de otras provincias.



Para facilitar la creación y el desarrollo de estas nuevas empresas, se creó Coexphal desvinculada del antiguo Sindicato de Frutos, que era la estructura representativa de la antigua organización del comercio agrario. En esta época empecé a trabajar con Juan Antonio y hoy puedo decir, con orgullo, que tuve la suerte de tenerlo como maestro en la fase más fecunda de mi formación profesional. Pero en mi caso, su magisterio traspasó la esfera de lo profesional influyendo decisivamente sobre mi persona. 


Muchas fueron las lecciones recibidas, desgraciadamente no todas aprovechadas por mi parte y que sería imposible resumir en estas tristes líneas.  Si acaso recordar que, cuando empezamos a trabajar en Coexphal, lejos de utilizar la Asociación en beneficio propio o en el de su empresa, decía que “para crecer individualmente, para avanzar, es necesario desarrollar el entorno donde trabajamos y cuanto más progrese éste y más competitivo sea el conjunto del territorio, más posibilidades tendremos de seguir creciendo nosotros mismos”. En consecuencia, tanto desde Coexphal como desde Mercoalmería y después en Agromurgi, orientó y ayudó a la consolidación de la nueva realidad que se estaba formando en nuestra provincia. Me viene a la memoria su papel determinante en la creación y desarrollo de la Expo-Agro, hoy olvidada, pero que tan importante fue para poner a Almería en el mapa mundial de las frutas y hortalizas.



A su lado comprendí que, el éxito de una buena empresa, está en acertar en los cientos de pequeñas decisiones que se toman a diario. De orientar bien o mal una pequeña cuestión depende que, con el tiempo, tengamos un gran problema o que todo funcione adecuadamente. Juan Antonio, con las acertadas pequeñas decisiones creaba a su alrededor un clima de confianza y seguridad; hacía del buen funcionamiento la norma y en las reuniones, siempre encontraba la sencilla orientación que impedía el conflicto. 

De la persona, del caballero, no puedo hablar porque se me nubla la vista y se me quiebra el corazón. De la persona sólo puedo sentir: respeto, cariño, admiración... 



La Almería que hoy nos dejas Juan Antonio, ha perdido la placidez de los años cincuenta, los niños ya no juegan en las calles, ni las familias sacan las sillas a la puerta de la calle en las cálidas noches de verano, tampoco están los sillones del Hotel Simón. Pero también se ha ido la pobreza y las gentes no tienen que emigrar. La Almería que hoy dejas, es una tierra rica, de inmigración, de esperanza y de progreso. De ese cambio, de ese transito, mucho tiene que ver tu paso por nuestra tierra, querido maestro y amigo  Juan Antonio.


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