Boris Johnson pone palos en las ruedas de la recuperación turística de Almería

Mojácar y Roquetas sufren el semáforo ámbar con cero británicos en sus hoteles

Turistas británicos llegando al aeropuerto de Almería en una imagen de archivo.
Turistas británicos llegando al aeropuerto de Almería en una imagen de archivo.

foria que se veían ayer en las imágenes del Telediario en los principales aeropuertos españoles, con la llegada de vuelos internacionales, lo cierto es que el aeródromo de El Alquián solo despachó dos llegadas de fuera de nuestras fronteras. Una pírrica cifra teniendo en cuenta que el mismo día de junio de 2019 -antes del yugo de del coronavirus-  llegaron al aeropuerto almeriense 22 aviones procedentes del extranjero cargados de turistas.


“A veces son más las ganas que la realidad”, sentencia Ramón Vernet, directivo de la cadena Best Hotels, la segunda de la provincia después de Senator, con cuatro establecimientos en Mojácar y dos en Roquetas.


Es cierto que a partir de esta semana se han flexibilizado las medidas para los viajes internacionales, permitiendo volar con un certificado de vacunación o una prueba de antígenos, cuando hasta ahora era imprescindible una prueba PCR; es cierto también que pueden llegar vuelos de países fuera del espacio Schengen. Hasta ahora, solo era posible alegando motivos familiares, por trabajo o estudio. Pero también es cierto que esta relajación de exigencias, no  va a obrar el milagro de una recuperación meteórica en el sector hoteleros almeriense: los establecimientos, a pesar de que han ido abriendo en las últimas semanas con cuenta gotas, siguen con plantillas reducidas, con muchas previsiones de reservas, pero con poco negocio momentáneamente. Solo aporta algo de chicha el turismo nacional.



En Almería operan en la actualidad vuelos internacionales desde finales de mayo Easyjet y Ryanair en vuelos a Londres muy contados. También hay trayectos a Bélgica y Luxemburgo y hasta ahí todo.


La clave de que la remontada se esté produciendo a cámara lenta es la de la decisión del Gobierno británico de mantener a España como país de riesgo por la pandemia, con el simbólico semáforo en ámbar que obliga a que los ciudadanos que decidan viajar a España de vacaciones tengan, a la vuelta, que permanecer diez días en cuarenta: un cubo de agua congelada para las expectativas de los hoteleros españoles en general y almerienses en particular.



La dependencia de la provincia del turismo británico es máxima. De cada diez turistas extranjeros que vienen a Almería, casi la mitad proceden de  Gran Bretaña, sobre todo en Mojácar y Roquetas de Mar. El último año turístico convencional sin pandemia, el de 2019 que fue récord, llegaron a Almería 1,5 millones de turistas, de los que 356.000 procedían del extranjero y de ellos, 175.000, tenían pasaporte de Gran Bretaña. Además de ello, unos 15.000 británicos residen en la provincia de Almería de forma permanente. 


Se trata de un maná demasiado importante al que Almería ha tenido que renunciar ya en junio. Sobre todo, a través del touroperador Jet2, el principal emisor de turismo inglés en Almería que ha cancelado reservas.


Ricardo Escudero, de Servigrup, don dos hoteles en Mojácar, es consciente de que la dependencia este verano del turismo nacional va a ser aún mayor que la de otras temporadas. “Podremos salvarnos, pero será por el gasto de los turistas españoles”. 


El trasfondo económico del semáforo ámbar

Hasta finales de junio, el Gobierno británico de Boris Johnson, no volverá a sopesar la conveniencia de que sus ciudadanos puedan viajar a España sin hacer cuarentena, pasando el semáforo de ámbar a verde. Para muchos operadores del sector, en el fondo de la decisión del gobernante inglés subyace un motivo económico de que el gasto vacacional  de sus compatriotas se quede por una vez en la Isla en vez de ir a parar a otros destinos turísticos como Almería.



 

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