La CASI: el avispero que debe volver a ser colmena

El día 3 de julio la histórica cooperativa tiene la oportunidad de iniciar una nueva senda

Imagen de una de las últimas asamblea de la CASI en Los Partidores.
Imagen de una de las últimas asamblea de la CASI en Los Partidores. La Voz

Los sándwiches de la máquina de la nave de Los Partidores se fueron acabando el sábado pasado conforme avanzaba la noche y el hambre apretaba. Allí, dentro de la sala de la histórica subasta de la CASI, permanecían como embrujados cerca de quinientos socios de la cooperativa que no se iban a su casa, a pesar de que eran ya más de las 2 de la madrugada. Llevaban diez horas sentados en esas sillas incómodas, escuchando argumentos y contraargumentos, con dolor de culo y espalda. Pero seguían allí, todos esos agricultores de la vega, porque querían saber qué está pasando con su cooperativa, esa cooperativa que ha cumplido ya 77 años; esa cooperativa de la que son segunda y tercera generación, fundada por sus padres y abuelos en 1944 para vender la patata de forma ordenada en la Plaza del Mercado de Almería, esa cooperativa que se ha ido convirtiendo con los años en la primera empresa agrícola de la provincia por masa social.

 

Allí estaban todos esos vegueros, desplegados en la sala, como abejas en una colmena, y enfrente de ellos, el escenario con los miembros del Consejo Rector, tras un cartelón con el rojo intenso del tomate, símbolo de la CASI. Abajo, el enjambre, encima, los picotazos y acusaciones mutuas del avispero. 



Ese era el escenario -en la tarde noche y madrugada del sábado- de la primera asamblea de la CASI tras el parón provocado por la pandemia, en el que se iban a tratar temas candentes que tienen dividida desde hace meses a la sociedad: la situación económica, la alianza de Verdita, el futuro de El Maltés, los nombramientos y ceses, las denuncias en los juzgados. 


La división que mantiene la Junta Rectora desde hace dos años -once miembros contra cuatro- se hizo patente desde el primer minuto de la reunión. Cuando se trató el nombramiento del nuevo gerente, Jesús Torres Galindo, en sustitución de Antonio Domene, el presidente Miguel Vargas dejó claro que estaba en contra de la designación de ese hombre, al que él mismo había designado unos meses antes. Pero la mayoría en la mesa que gobierna la CASI no la tiene el presidente, sino el grupo comandando por José Luis López Picón, Celedonio Pleguezuelos y Juan del Pino Berenguel, entre otros. 



A continuación se aprobaron las cuentas anuales de los dos últimos ejercicios de una tacada, auditadas por Deloitte, con una facturación resultante de 201 millones, más de 200 millones de kilos comercializados y 300.000 euros de beneficio, un 55% menos que el año anterior, y un patrimonio de activos de 15 millones de euros. Algunos socios solicitaron, sobre ello, que se hiciera una nueva tasación de la finca de El Maltés adquirida en 2004 por la cooperativa por más de 9 millones de euros, sin que se haya podido desarrollar allí ninguna actividad hortícola desde entonces. El Maltés la compró la cooperativa, aunque es suelo forestal con calificación de zona protegida LIC y se hace muy difícil su cambio de uso. Hace unos años se intentó, siendo presidente Francisco Belmonte y Martín Soler consejero de la Junta, pero el proyecto presentado en Los Partidores para hacer de El Maltés un gran centro industrial de la CASI, no llegó a buen puerto. Los socios sospechan que el valor de tasación ha caído y no se corresponde con el valor apuntado en los libros de la empresa.


Las horas pasaban en la nave, pero de allí no se movía casi nadie. Entre idas y vueltas al lavabo o a por coca colas, observando el cumplimiento de las normas de higiene por la Covid, se llegó a uno de los puntos más polémicos: el de las diligencias judiciales contra el presidente, el exgerente y otro exdirectivo por una denuncia penal por un asunto de externalización de género y de presunta utilización de códigos, que debe ser el juez el que dirima si ha habido culpabilidad o no. CASI ha sido y es una potencia en tomate y ha querido crecer a través de la comercialización de otros productos de terceros como berenjena, pimiento y calabacín, algo a lo que parte del Consejo Rector y de los socios llevan tiempo oponiéndose si es tomate lo que se compra.


Ante las dudas de la situación de la cooperativa, el Consejo Rector encargó a la empresa Aire Consultores una auditoría de gestión de la CASI para presentarla en la asamblea y que despertó también muchas dudas entre los socios, que han bajado de mil: a cierre del último ejercicio son 980 socios en la empresa.


En la sala se juntaron varios abogados: el propio de la cooperativa (Francisco Caparrós), el asesor fiscal Francisco López y un tercero aportado por el presidente, al que no se le autorizó a hablar. El Consejo Rector dejaba muestras una y otra vez de su división con sus acusaciones mutuas que no sirve de nada reseñar, de sus posturas diferentes para gobernar la entidad de La Cañada, uno de los activos económicos y laborales más grandes que tiene la ciudad.


Fueron pasando las horas, había sueño, sudor y cansancio, a los de arriba les apretaba la corbata les crujían las tripas pidiendo la cena, los de abajo ya no sabían ya de qué postura sentarse. Y al final, para lo único que hubo acuerdo es para decidir que se suspendía la asamblea hasta el próximo sábado a las cinco de la tarde. Eran las 2,30 de la mañana  y solo se habían tratado cinco puntos, aún quedaban otros cinco: el informe de Verdita, otro informe de gestión, la modificación de estatutos para limitar a dos los mandatos de un mismo presidente (como en las presidenciales de EEUU), el informe del Comité Técnico y Elecciones al Comité Técnico. Nunca en la historia de la cooperativa cañaera se había llegado a una situación tan insólita, a una división de su Consejo Rector tan evidente.


Se da por hecho que, por separado, todos los consejeros de la CASI son buenos, que quieren lo mejor para su empresa, para la cooperativa que con tanto trabajo engrandecieron sus padres, pero revueltos como están ahora, se han transformado en un avispero que entorpece la labor de los técnicos, de los trabajadores y de los propios agricultores de esa Vega milenaria. Por eso, lo mejor de la noche llegó del anuncio de la convocatoria de elecciones al Consejo Rector el próximo 3 de julio. Quizá sea el momento de la renovación, de la entrada de nuevos vientos, de nueva sangre a la dirección de esa cooperativa, una organización modélica que ha dado pan y trabajo a generaciones de familias de agricultores, envasadores y transportistas, una organización que debe estar siempre por encima de todo y de todos, para que el avispero se vuelva a convertir en colmena.







 

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