El artículo que más ha triunfado en el año de pandemia: chandalismo almeriense

Las compras se han duplicado en tiendas del ramo por su versatilidad en el confinamiento

Artículos deportivos en una tienda de Almería.
Artículos deportivos en una tienda de Almería.

Lo primero fue el papel higiénico y la levadura. Después las cajas de cerveza y el azúcar, que desaparecían en minutos de los estantes de los supermercados, como en una vorágine de rapiña por el miedo a lo desconocido, algo que nos parece ya muy lejano.


Pero lo que se ha revelado -en esta carrera de fondo- como el producto estrella más almeriense del año pandémico que se acaba de cumplir ha sido el chándal. El chandalismo almeriense de sofá y bricolaje ha sido como una venganza contra ese virus de  wuhan que vino para unos pocos meses y ha rebasado el año entre nosotros. Ha sido el artículo de uso común más definitorio durante las sucesivas olas de contagios, como así lo atestigua el incremento de ventas en las tiendas del ramo; ha sido el mejor aliado de la confortabilidad en los meses de encerramiento forzoso, a medio camino entre el pijama y el traje de faena. El chándal está siempre ahí, en tierra de nadie, como un gallego en una escalera, pasable para asistir a una sesión de zoom, imbatible para un maratón de cine y sofá y lo más adecuado para hacer algo de gimnasia estilo Eva Nasarre. 


Hay cosa de nuestro entorno que fueron y están siendo barridas por la tecnología digital: las páginas amarillas, que eran como el google de los 70 y 80 (ayer se anunció en el telediario de Ana Blanco su defunción), las antiguas  cabinas de teléfonos del Paseo, los cassets de las gasolineras o los cedés más recientes; pero hay otras que se resisten a irse, como los gorrillas del Palmeral, el olor a letrina del final de la Rambla o esos chándals de algodón que ya se vendían en los tiempos en los que Blanes tenía equipo de fútbol Sala en Primera División y que están siempre presentes en cualquier lavadora que se precie. Uno no se imagina al obispo en chándal, pero hay que pensar que el prelado no va a estar las 24 horas en su recinto doméstico con la vestidura talar.



Arancha, dependienta de la tienda Sprinter, en La Cepa, confirma que “los chándals de marca se han vendido casi el doble, sobre todo el de mujeres, los hombres son más prácticos y compran de menos precio”. Carlos, de Decathlon, en El Canario, en Huércal de Almería, asegura que “ha aumentado la venta de chándal, pero también de camisetas y de pesas y de aparatos de gimnasia de forma bárbara, los palets duran un día”.  En Blanes de Obispo Orberá, corroboran también este frenesí chandaliano: “Se ha notado que el chándal ha estado por delante del resto de artículos deportivos”. El chándal ya estaba los domingos de senderismo, pero con el coronavirus se ha convertido en un emblema, como el codosaludo o la comida para llevar.




 

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