La artista que pinta en las camisas y los pantalones

Mila Hurtado, profesora de yoga, acaba de estrenar una colección de ropa llena de grafitis

Mila Hurtado junto al escaparate de Drop Corner en la Plaza Marqués de Heredia.
Mila Hurtado junto al escaparate de Drop Corner en la Plaza Marqués de Heredia.
Manuel León
10:59 • 30 dic. 2020 / actualizado a las 11:01 • 30 dic. 2020

Mila Hurtado, una avezada profesora de yoga de Almería, acaba de dar un movimiento pélvico a su vida. Es -que se sepa- la única almeriense capaz de darle brochazos de pintura rosa a un abrigo de lana y de que al rato alguien lo compre. Mila es, en realidad, una artista del siglo XXI que en vez de rendirle pleitesía a kandinsky, se la rinde a Confucio. 



La inspiración le surgió en plena pandemia, cuando más arrinconados estábamos entre el sofá y la nevera. Fue cuando decidió que si no podía enseñar esos días la postura de la flor de loto, sería ella la que aprendería a pintar lo que fuese. Y se puso manos a la obra -nunca mejor dicho- con un lienzo y un pincel empapado en acrílico, pintando abstracciones que surgían en una cabeza acostumbrada a flirtear con el tao. Y de la tela del lienzo, como por encantamiento, se le ocurrió que podía dar el salto  a la tela de vestir. Y así, como si fuera una fachada de La Chanca, empezó a ensayar trazos de líneas y colores, guiados por su mano espontánea sobre prendas viejas.



Y de ahí a atreverse a hacer en poco menos de un mes una colección de cincuenta prendas de vestir pintadas a mano y exclusivas -The Yogui painter- que se exponen estos días de Navidad en la tienda Drop Corner, en la céntrica plaza del Marqués de Heredia y que llevan por slogan ‘Arte y ropa para seres de otro planeta’.



Allí se pueden contemplar en el escaparate, enfrente de los churros del Café Colón, los pantalones con colores derramados como si les hubiera caído encima un tazón de Colacao; las faldas tableadas como si la portadora se hubiera sentado sobre un tarro de mermelada de grosella, los sueters manchados de carbón, las camisas con restos de carmín o de algodón de azúcar. 



Uno no acierta a discernir si el comercio es ahora una tienda de ropa o un almacén de Titanlux. Pero en realidad -como explica Mila- es puro arte exclusivo, surgido de su inventiva, de su destreza con los colores. 



“Nadie más llevara una de estas prendas, es solo del que la posee, esa mezcla de colores es solo para él”, asegura con pasión esta intrépida artista. Un restaurante que abrirá pronto en Almería ya le ha encargado unas camisas con brochazos de verde esperanza.





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