Aquellas siete valientes de la Vega de Almería

La cooperativa CASI honra la memoria de estas pioneras tras 75 años de su fundación

Miguel Vargas, presidente de CASI, bajo la placa.
Miguel Vargas, presidente de CASI, bajo la placa.

Josefa Belmonte Román se quedó viuda de Juan Ventura sin haber cumplido siquiera los 30 años. Nunca más aliviaría su luto esta pionera de la CASI, una de sus primeras socias - con el número 18- de aquella cooperativa de productores de patatas de La Cañada que entonces nacía.


Josefa, la hija de Emilio el Aparcero, simboliza ese espíritu indómito de tantas mujeres campesinas de la Postguerra, que tuvieron que sacar adelante a sus hijos y las tierras de labor, aprendiendo día a día, mezclándose entre hombres en los tratos y en las corridas de hortalizas, empujando el carro de acelgas como una más.


Josefa contribuyó, sin saberlo, a construir el andamiaje de la añeja Cooperativa agrícola y Ganadera de San Isidro, la gigantesca CASI, actual, cuando no era apenas más que un racimo de discretos labradores de la Vega.


Josefa se inscribió en los libros de registro de la CASI precisamente un 8 de marzo de 1945, cuando en España aún no existía ni por asomo un Día de la Mujer. 



Y junto a ella, seis mujeres más: Isabel Carreño Martínez, Manuela Góngora romera, Andrea Guijarro de la Rica, Dolores Rodríguez Ramírez, Araceli Salvador Ginés y Serafina Cortés Barroeta. Al cumplirse los 75 años de esa fecha iniciática, en la que la mujer participó en la fundación de la CASI, el actual presidente, Miguel Vargas, inauguró ayer una placa conmemorativa con sus nombres en el vestíbulo de la sede de Los Partidores, para que quede para el recuerdo el papel fundamental que desempeñó la mujer veguera desde el principio.


Aunque el papel de las mujeres fue muy discreto en las primeras décadas, poco a poco fueron ganado en protagonismo hasta ser, en la actualidad, una parte esencial de la masa social de la cooperativa. 

Como trabajadoras de la empresa, sería sobre todo con el inicio de las labores de manipulado en Los Partidores, cuando se hizo necesaria la contratación de un grupo de mujeres cada vez más numeroso hasta llegar hoy día a varios centenares. En esa CASI iniciática, la Cañada estaba llena de cortijos con establos y se sembraba trigo, cebada y tomates en caña.


A las mujeres, con sus pañuelos y sus rempujas, se les pagaban ocho pesetas de jornal por recoger la cosecha de hortalizas dulzonas que se criaban y se crían en esa tierra.  No había aún tractores y había que desperfollar las panochas de panizo que se iban depositando en grandes canastos de pleita. Con el grano hacían harina para amasar, con el corazón del panizo hacían combustible para el fuego de la cocina y con la perfolla cernían forrajera para los animales  y colchones para las camas. 


Todo se aprovechaba, en unos tiempos de economía circular verdadera, cuando esas siete mujeres debutaron en la cooperativa que se acababa de constituir para, una vez unidos, poder ganar  precio en el Mercado Central de la metrópoli y poder obtener mejores precios en la simiente de Cuarenteno o del Muchamiel. 


No habían llegado aún los enarenados, ni los primeros invernaderos, pero se intuía que esa tierra cañaera iría prosperando, como esas mismas mujeres pioneras, a las que ahora se las honra con una placa escarlata instalada para los restos en la entrada de la empresa. Matronas de grandes ojos y espíritu indómito que hacían de sus cortijos un fortín desde el que resistir contra las penurias de la época; mujeres que no necesitaban llevar un puñal en la liga para ser heroínas; jabatas del día a día, en una fértil vega donde siempre habían mandado los hombres.


Frente a la invisibilidad de los primeros tiempos, la mujer de la CASI ha ido pasando a un primer plano en todos los ámbitos, no solo como socias que participan de la actividad al mismo nivel que sus compañeros varones, sino también ocupando cargos de responsabilidad en el organigrama de la cooperativa. 


En este sentido, Rosa Moreno Ramón fue la primera mujer en ocupar un cargo en la compañía, aunque, en la actualidad, ninguna mujer ocupa lugar en los once asientos del Consejo Rector.


 

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