“Las agencias de Cajamar somos como asesorías en pueblos pequeños”

En Almería Cajamar tiene 18 agentes para una treintena de pueblos y dos vehículos-oficina

Los jubilados Antonio, José y Leandro, en María.
Los jubilados Antonio, José y Leandro, en María. La Voz

Las campanas de la iglesia de la Encarnación dan los doce toques del mediodía. En la plaza principal de María –el municipio más al norte de la provincia de Almería– apenas hay actividad a esas horas de un jueves de octubre


Sentados en un banco, unos vecinos mayores –que hablan de sus cosas–, son interrumpidos por un visitante que les pregunta si hay un bar cerca para tomar café. Uno de ellos certifica que en la plaza ya no queda casi nada abierto, y que para tomar un café, “el más próximo es el bar del Convento, un poco más allá”. Son tres jubilados: Antonio –de 81 años de edad, agricultor-; José –de 76, carpintero-; y Leandro –albañil, también jubilado–. En la plaza, además del Ayuntamiento y de la Parroquia, apenas si queda algún local público activo. Sólo en la agencia financiera de Cajamar se ve actividad a estas horas. “Si es que aquí quedamos ya poca gente”, dice pesaroso José, que explica al forastero que el municipio llegó a tener hasta tres mil habitantes, “y hoy sólo quedamos poco más de mil”. María es uno de los 64 pueblos de la provincia que tienen menos de 2.000 habitantes, y un ejemplo de lo que se ha dado en llamar ‘la España vaciada’, debido a la despoblación que sufre.


Ya de vuelta del café, el visitante se encuentra de nuevo con los jubilados, a quienes en esta ocasión pregunta si hay cajero automático en María. Casi al unísono, responden que sí, señalando hacia la fachada de Cajamar, a escasos metros de donde se encuentran. Los jubilados, según explican, son clientes de la entidad financiera desde cuando era la Caja Rural de Almería. “En Cajamar me pagan la pensión, me llevan el movimiento de la cartilla y tengo los pagos de la contribución de la casa y de unas tierras que tengo en el campo”, explica Antonio, quien se ofrece a acompañar al visitante, ya que “precisamente hoy tengo que hacer una gestión con Gregorio”, la persona encargada de la agencia de Cajamar en María.


Clientes de cartilla

En contraste con la quietud de la plaza, en el interior de la oficina varias personas aguardan su turno para hablar con Gregorio, quien a la vez que ultima una operación con un cliente, atiende una consulta por teléfono. Gregorio Torrente tiene una cartera de unos mil clientes –prácticamente toda la población de María–. Y es que, como dice él, de una u otra forma, todos los marienses tienen algún tipo de vinculación con la Caja, “puesto que los padres que trabajan con nosotros suelen abrirles una cartilla a los hijos, de manera que todos los miembros de la familia son clientes”.


Aunque ejerce como agente financiero desde hace un año, su vinculación con María se remonta a 1997, año en el que empezó a trabajar en la sucursal que la Caja Rural de Almería tenía entonces en el pueblo. Por ello, todos los vecinos de María lo conocen como “Gregorio, el de Cajamar”, y él conoce por sus nombres a la práctica totalidad de los vecinos, “ya que además de clientes, son

amigos”.



Gregorio, el agente de Cajamar, atiende a clientes.
Gregorio, el agente de Cajamar, atiende a clientes.La Voz


El 30 % de los habitantes de María tiene más de 65 años, mientras que apenas el 13% es menor de 20. En las agencias se pueden realizar las mismas gestiones que en una sucursal de la entidad, pero en zonas con una población tan envejecida, la mayor parte de las gestiones que se realizan tienen que ver con el pago de las pensiones, retiradas o ingresos de pequeñas cantidades en efectivo, operaciones de cambio de moneda para los comercios, declaraciones de la Renta, algunos seguros de hogar, o algún crédito hipotecario. “Se trata de una clientela ahorradora, que tienen su ‘cartillica’ a la vista y el plazo fijo de toda la vida. No les hables de cosas raras ni de otro tipo de inversiones, porque como las desconocen, son reacios”, comenta Gregorio, mientras atiende a otro cliente.


No obstante, y pese a las reticencias propias de la edad, de un tiempo a esta parte cada vez son más las personas mayores que se han hecho usuarios del cajero automático de Cajamar que hay en la entrada, “y lo que hasta hace poco era un tabú para los mayores, que no se atrevían a operar en una máquina, está dejando de serlo, y muchos lo utilizan ya para actualizar sus cartillas o para anticipar las pensiones o retirar efectivo. Ha sido todo un acierto”.


Gregorio, cajero 24 horas

En un pueblo pequeño, donde no suele haber tantos servicios como en las ciudades, el agente colaborador es mucho más que un representante financiero. “Aquí hacemos de todo. Desde enviar un correo electrónico en nombre de algún vecino que no tiene los medios para hacerlo desde su domicilio, a atender consultas sobre un recibo que se les ha cargado en la cuenta y del que no saben la procedencia. Las agencias financieras somos como unas asesorías donde ayudamos a los vecinos en lo que podemos”, comenta comprensivo Gregorio.


Por la relación de amistad que mantienen con los vecinos, los agentes son mucho más que profesionales financieros. Por eso, su jornada laboral suele ir más allá del horario que se indica en la puerta de entrada, y su lugar de trabajo también se extiende fuera de la agencia. Y es que, una vez que cierran la oficina, los agentes como Gregorio cogen su cartera y visitan a algunos clientes en sus domicilios con el fin de hablar con más tranquilidad de algún producto que pueda ser interesante, o bien quedan en algún bar para tomar un café y hablar de lo divino y de lo humano. Vienen a ser como los cajeros 24 horas, ya que sus teléfonos, que son conocidos por muchos de sus clientes, están siempre abiertos para cualquier consulta que quieran realizar.


Cajamar sustenta en Almería el servicio financiero

Con el proceso de ajuste en el sector bancario, las quejas de los pueblos pequeños que se han ido quedando sin servicios bancarios han aumentado en los últimos años. Es otro factor, como el cierre de colegios, ambulatorios o farmacias, que también contribuye a la pérdida de habitantes en los núcleos rurales que conforman la Almería interior, o “vaciada” como se dice ahora.


Y si esta dura realidad no lo es aún más, se debe a que nuestra provincia cuenta con una entidad financiera que mantiene la perspectiva de lo local y, anteponiendo su función social en la provincia que la vio nacer, se resiste a abandonar y dejar en exclusión financiera a pueblos aislados y con difícil comunicación, pese a su baja rentabilidad económica: una de cada tres oficinas existentes actualmente en la provincia (381) son de Cajamar, que mantiene 143 sucursales y agencias y 2 vehículos itinerantes que dan servicio a 115 poblaciones de 86 municipios almerienses.



 

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