Un roquetero de 35 años es nombrado director del aeropuerto de Valencia

Joaquín Rodríguez es hijo de un antiguo cartero del Barrio Bajo y de una empleada de Hortamar

Joaquín rodríguez Guerrero  es  el director de aeropuerto más joven de España de la red de Aena.
Joaquín rodríguez Guerrero es el director de aeropuerto más joven de España de la red de Aena.

Joaquín Rodríguez Guerrero (Roquetas de Mar, 1983), al frente del aeródromo de Valencia desde hace unos meses, es el director más joven de los aeropuertos de primera de la red de Aena.


El historial académico de este ingeniero aeronáutico almeriense más que brillar, resplandece: desde que nació hace 35 años en el barrio de las 200 viviendas no ha dejado de cosechar matrículas de honor en todos los terrenos que ha pisado, como el que recolecta hortalizas. Primero, destacando como el mejor alumno en el Colegio Juan de Orea. 


Después, en el Instituto Sabinal -donde fue seleccionado como alumno para la Ruta Quetzal- y por último como estudiante de Aeronáuticas, la que tiene el listón más alto de todas las escuelas de ingeniería de la Ciudad Universitaria de Madrid. Allí siguió vendimiando notas de relumbrón y acabó el proyecto sobre cálculo de estructuras en edificios terminales y después marchó a realizar un Master en EEUU.


“No es que yo tuviera una vocación especial por los aviones, eso no se corresponde con la realidad, estudié Aeronáuticas más bien porque me informé de que era una de las ingenierías donde había menos desempleo”, reconoce Rodríguez desde su despacho en la ciudad del Turia. Con tamaño expediente, el roquetero nunca ha tenido que sufrir esa lacra: nada más acabar la carrera, fue fichado por la empresa de ingeniería Ineco, la misma que realiza las expropiaciones de suelo por donde pasan los trenes AVE, y al poco aprobó unas oposiciones para ingresar en Aena.


Fue reclutado como ingeniero de estructuras y de seguridad operacional para el aeropuerto de Reus.


Historia de superación Después migró como jefe de mantenimiento en el aeropuerto de Melilla hasta que fue nombrado director en 2013 con apenas 30 años, una edad a la que muchos de sus compañeros de promoción aún no han ganado su primera nómina. Era entonces el director de aeropuerto más joven de España, en una terminal de tercera marcada por cierto sentido de insularidad. 


Tras cinco años fogueándose en esa ciudad autónoma, este hijo de cartero y de empleada de la cooperativa Hortamar, dio el salto a la península por la puerta grande, a un aeropuerto de primera como el de Valencia, ahorrándose el trámite de la segunda división aeroportuaria.


Cuando él ingresó en el ente gestor de aeropuertos españoles, Aena era una empresa aún cien por cien estatal, dependiente del  Ministerio de Fomento. Ahora es una empresa mixta, controlada por el Estado al 51%, pero con un 49% de su accionariado cotizando en Bolsa. Joaquín está a los mando del octavo aeropuerto del país, con más de siete millones de pasajeros y una plantilla de 190 empleados, casi el triple que la de la terminal de El Alquián.


“Nuestro reto ahora es ir profundizando en las mejoras de infraestructuras y en la calidad del servicio, Valencia tiene uno de los principales puertos de carga y tenemos que aprovecharlo para hacer sinergias”, expresa Rodríguez.


Reconoce también que el movimiento de frutas como las naranjas valenciana vía aérea entraña muchas dificultades: “Ese negocio se mueve a través de grandes zonas logísticas internacionales como Madrid y sobre todo Frankfurt y es muy difícil competir si no tienes un volumen constante y un retorno”.


El roquetero no se muestra muy preocupado por el Brexit porque “nuestra dependencia del turismo británico es menor que la de otras terminales como Alicante, aunque algo nos afectará”.


Sobre el precio del billete de avión de Almería a Madrid indica que “ocurre lo mismo en Melilla, es una tarifa muy elevada, casi de 500 euros, solo que allí está subvencionado para los locales, es un problema de demanda, del tipo de avión, al ser más pequeño el precio unitario se eleva”.


"Mi pueblo es ahora una ciudad"
Se siente roquetero hasta la médula y rememora cómo creció en un pueblo que ahora es una gran ciudad, en apenas veinte años “¿Volver a Almería, a dirigir el aeropuerto de mi tierra? el tiempo lo dirá, por ahora estoy muy ilusionado con Valencia y todas las mejoras que estamos realizando”, concluye.


 

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