Bendita Transición

“Intentar volver a dividir nuestro país en dos bandos, es una irresponsabilidad”

Soy hija de la Transición. Di mis primeros pasos en periodismo contando lo que entonces sucedía y, en mi opinión, todo lo que se hizo durante aquella etapa se hizo razonablemente bien bajo la batuta de algunos protagonistas, desde el Rey don Juan Carlos, Adolfo Suárez, Felipe González y desde luego Santiago Carrillo.

Y sí, ellos fueron los hacedores, pero el impulso lo recibieron de la sociedad, porque después de cuarenta años de franquismo lo que los ciudadanos demandaban era que España entrara en la normalidad, es decir, se pareciera al resto de los países democráticos de Europa.


Visto con la perspectiva de los cuarenta y seis años transcurridos me parece evidente que si en vez de Carrillo, González, Suárez o Fraga, los líderes de entonces fueran los que hoy mandan en los partidos, la Transición habría sido imposible y habrían condenado a la sociedad española a una nueva confrontación.




Siempre digo que Podemos tiene una virtud y es que no engaña a nadie, y desde el minuto uno de su nacimiento sus líderes han dejado claro que abominan de la Transición y que creen que hay que volver a la casilla de salida como si Franco se hubiera muerto ayer. Pero hace cuarenta y seis años que Franco dejó de existir.



Dinamitar la Transición, pasear el cadáver de Franco, intentar volver a dividir nuestro país en dos bandos, es una irresponsabilidad imperdonable, sobre todo cuando uno de los actores de esta función es nada menos que el PSOE.


La última iniciativa que ha llegado a la Moncloa de manos podemitas es nada menos que modificar la Ley de Amnistía de 1977. Es decir, dirigentes políticos de hoy han decidido que hay que tirar a la basura lo que los ciudadanos y los partidos democráticos llevaron a cabo en 1977.


A estos dirigentes, algunos de ellos militantes en filas del PCE, hay que recordarles que en 1956 su partido planteó la “reconciliación” de las dos Españas, pero hay que recordarles algo más y es que la Amnistía fue una iniciativa defendida desde las filas de la izquierda, de toda la izquierda.


De manera que quienes aseguran que esa ley de Amnistía fue aprobada por miedo a la ultraderecha o impulsada por esta, lisa y llanamente o son unos ignorantes, lo que dudo, o sencillamente mienten.

Hace unos días, en un espléndido artículo, Sol Gallego, que fue testigo de la Transición, recordaba que ochenta de los diputados que votaron la Ley de Amnistía habían estado condenados en las cárceles franquistas. Y recordaba más, recordaba que la amnistía alcanzó también a 90 presos etarras con delitos de sangre.


Pero esa decisión la tomó el Congreso, sí, una Cámara democrática, después de que todos los partidos de izquierda exigieron al entonces Presidente Suárez una ley de amnistía que abarcara desde el comienzo de la guerra civil hasta el año 1976.


A lo mejor a los actuales dirigentes del PCE y de Podemos les parece que no eran suficientemente demócratas dirigentes políticos como Pilar Bravo o Pablo Castellanos o el mismísimo Xavier Arzallus, que formaron parte de la Ponencia que elaboró el primer borrador de la ley de Amnistía.


O a lo mejor consideran que Marcelino Camacho, que padeció las cárceles franquistas, estaba confundido al subirse a la tribuna y en un emocionante discurso defender la necesaria reconciliación entre españoles.


Si los nuevos dirigentes de izquierda tienen alguna duda o flaca la memoria que acudan a los diarios de sesiones del Congreso, y allí encontrarán una frase que recordaba en su artículo Sol Gallego y que fue dicha por Marcelino Camacho: “Nosotros, precisamente nosotros, los comunistas, que tanto hemos sufrido, hemos enterrado a nuestros muertos y nuestros rencores”. Y en los escaños sentados escuchando y aplaudiendo estaban Simón Sánchez Montero, Sole Turá, Pasionaria, Rafael Alberti...


Aquel día todos los representantes de los partidos de izquierda, y de partidos nacionalistas, que se subieron a la tribuna, lo hicieron defendiendo su apuesta por el futuro, enterrando el pasado.


Por eso resulta sorprendente que los nuevos dirigentes de izquierda que, por su edad, algunos incluso no habían nacido militen ahora en el antifranquismo y quieran volver a dividir España en dos.

Pero ya digo que lo verdaderamente imperdonable es que el PSOE avale semejante iniciativa.


Lo cierto es que el ministro de la Presidencia, el todopoderoso Felix Bolaños, ha intentado paliar el entuerto asegurando que en realidad la enmienda pactada con Podemos no va a cambiar en lo esencial la ley de amnistía. ¿Y entonces qué sentido tiene esa enmienda? O bien los que negociaron esa enmienda con Podemos carecen del rigor y consistencia política, además de memoria, y pactaron esa enmienda que pone en solfa la Ley de Aministía sin darse cuenta de sus consecuencias, o bien creen que todo vale con tal de seguir en el poder. Ambas posibilidades demuestran la debilidad de este PSOE que cada día que pasa resulta más irreconocible.


Sinceramente creo que el precio que paga Pedro Sánchez por estar en la Moncloa es inasumible para el resto de los españoles.


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