El ‘bullying’ obliga a una menor a estudiar cuatro años lejos de su pueblo

“Ahora es feliz, porque el problema no era ella, como nos decían en su anterior instituto“

El acoso escolar es uno de los más graves problemas  para el sistema educativo.
El acoso escolar es uno de los más graves problemas para el sistema educativo. Europa Press
Miguel Cabrera
20:30 • 04 may. 2023

Hace ya más de cuatro años que María tuvo que huir de su pueblo, dejar atrás el territorio de su infancia, a sus compañeros y profesores, para buscar otro lugar donde pudiera ser respetada y querida. Para dejar atrás las noches en vela en las que se refugiaba en el dormitorio paterno, en las que se abrazaba a su madre y le hacía prometer que al día siguiente no le pasaría nada en el instituto. “¿Por qué me tiene que pasar esto a mí, si soy buena?”, le preguntaba entre lloros.



Y aunque en verdad María era -y es- buena, sociable e inteligente, el acoso escolar que sufrió por parte de un grupo de alumnos de su instituto de un pueblo de Almería en primero de ESO le llevó incluso a dejar de ir a clase y a suspender asignaturas, a pesar de que hasta entonces era una niña de notables y sobresalientes.



Su familia está convencida de que fue víctima de un claro acoso racista. “Le decían que olía mal, nadie se sentaba a su lado, la aislaban, le mandaron anónimos amenazantes y hasta llegaron a tirarle un huevo sobre la cabeza cuando se encontraba en el aseo”, cuentan los padres.



A pesar de todas estas evidencias, la niña y su familia no encontraron entonces el apoyo que necesitaban del IES. “Trataban de minimizar el acoso asegurando que eran cosas de niños, nos manifestaron que no habían podido averiguar quienes eran los que acosaban a nuestra hija, y venían a decirnos, en suma, que la culpable era ella, porque no se relacionaba con los demás alumnos”, dice la madre de la adolescente, que hoy tiene 17 años y estudia primero de Bachillerato. 



Situación desesperada



Ante la situación de ansiedad, angustia y desesperación en que se encontraba su hija y ante el mínimo apoyo que encontró en el instituto y entre algunos padres de los alumnos que la acosaban, la familia tomó una drástica decisión: cambiar a su hija de instituto, aunque esto supusiera tener que llevarla en coche a diario a otro pueblo situado a más de 20 kilómetros del suyo.



De ahí a que los padres plantearan a la Inspección Educativa que no podían permitir que su hija estuviera un día más en el IES  y que la única solución que veían era trasladarla a un centro de otro pueblo. “El inspector nos autorizó a hacerlo, aunque no mostró ninguna preocupación por los motivos que nos llevaban a ello; solo parecía interesarle que tuviéramos muy claro que si la cambiábamos de instituto el transporte escolar correría a nuestro cargo. Lo demás le daba igual”, recuerdan los padres. 



Y efectivamente, en el segundo trimestre del primer curso de ESO, María fue matriculada en el instituto de ese otro pueblo, en el que ha continuado durante los últimos cuatro años, donde ha terminado la ESO y hoy estudia primero de Bachillerato, de nuevo con muy buenas notas y sin ningún tipo de problemas.


De hecho, la hoy adolescente fue muy recibida desde el primer día, tanto por los alumnos del nuevo centro como por sus profesores, “que se volcaron con ella totalmente”, como resaltan sus progenitores.


Feliz y con muchos amigos

María ha olvidado el acoso, es feliz y tiene una relación absolutamente normal con sus compañeros de IES, muchos de los cuales son también sus amigos. El pasado fin de semana, sin ir más lejos, varias amigas del centro se quedaron a dormir en su casa, en el pueblo donde nació y donde vivió también los días más tristes de su vida por culpa del acoso de algunas compañeras.


Sus padres se muestran satisfechos porque su hija ha recuperado una vida normal y vuelve a ser feliz. “Al final ha merecido la pena, ha funcionado, y se ha demostrado que el problema no era de ella, como nos querían hacer ver” ,se lamenta su madre, quien prefiere que este medio no publique sus nombres -el de María es ficticio-, ni siquiera el del pueblo donde viven o donde estudia su hija, para evitar que vuelva a tener que recordar todo aquello que sucedió en 2019. 


Esta felicidad también se ha alcanzado con el sacrificio de la familia, que se ve obligada a trasladarse cada día en coche al otro pueblo. “Tenemos que quitarnos de algunas cervezas, pero nos damos por contentos”, afirma la madre, aunque sigue considerando “totalmente injusto” que haya sido la víctima quien ha tenido que marcharse y huir en un caso de violencia y acoso.


Un éxito para su hija, pero un fracaso del sistema educativo

A su entender, aunque puede decirse que su decisión ha supuesto todo un éxito para la vida de su hija, que es lo que realmente le importa, también considera que se ha tratado de un “completo fracaso” para un sistema educativo que no ha sabido actuar frente al acoso, de forma que no solo no ha tomado medidas frente a los agresores, sino que ni siquiera ha podido identificarlos, y que ha minimizado unos hechos muy graves, que en otros casos lleva a niños y adolescentes a perder su autoestima y hasta su vida.


Y es que si echamos la vista atrás sobre lo sucedido y la reacción entonces de las autoridades educativas no parecerían las más adecuadas ni demasiado acordes a las últimas iniciativas presentadas por la Consejería de Educación para incentivar una convivencia pacífica de los alumnos andaluces para evitar el acoso escolar, que se ha convertido en uno de los grandes retos de la administración educativa nacional. 


El 9,5% de los escolares sufre acoso

Estos mismos días, coincidiendo con la reciente celebración del Día Internacional Contra el Acoso Escolar , el pasado 2 de mayo, el Ministerio de Educación y Formación Profesional ha presentado el primer Estudio Estatal de la Convivencia Escolar en Educación Primaria en el Pleno del Observatorio Estatal de la Convivencia Escolar.


El informe, elaborado con datos de más de 37.000 alumnos, docentes, familias, equipos directivos y de orientación, es el mayor estudio realizado en este ámbito. Entre sus resultados destaca que un 9,53% del alumnado señala haberse sentido acosado y un 9,2% haber sufrido ciberacoso. Por otra parte, el 4,58% admite haber acosado alguna vez a un compañero y el 4,62% haber ciberacosado a una persona. Entre las familias, el 7,7% afirma que cree que su hijo ha sido acosado. 


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