Antonio Puertas, aquel niño que siempre supo que quería ser Físico (1)

Es profesor en la UAL, y ha publicado en las revistas mas importantes de esta ciencia

Antonio  Manuel Puertas López, en su despacho del Área de  Física Aplicada de la  UAL.
Antonio Manuel Puertas López, en su despacho del Área de Física Aplicada de la UAL. Guillermo Fuertes
Remedios Fernández 17:40 • 13 sept. 2022 / actualizado a las 18:39 • 13 sept. 2022

Tantos años después, en su despacho de la Universidad de Almería, rodeado de libros y papeles, Antonio Manuel Puertas López no vacila cuando le pregunto cómo llegó al mundo de la Física. “Fue en séptimo de EGB, tendría 12 años, y era el primer año en que se veía Física en el cole”, dice. “Recuerdo que una de las primeras cosas que se calculaba era cuánto tarda una piedra en caer. Y aquello me maravilló. Que pudieras calcular algo, y luego lo medías, y coincidía... Dije: Ya está, no me cuentes más. Aquel día decidí que quería ser Físico”.


Antonio es de Torre del Mar, un pueblo de Málaga, y estudió Física en la Universidad de Granada. Y allí, un día, a punto de graduarse, Javier de las Nieves, quien había sido su profesor, le propuso venirse a la Universidad de Almería. “Me dijo que se venía, y que quería montar aquí un grupo de investigación”, recuerda. “Y que, si yo estaba interesado, quería ofrecerme alguna beca o algo para trabajar aquí. Y así fue como me vine. Tenía otras opciones, pero...”.


Era el año 1995, y estaban “en una esquina del edificio de Económicas, en un laboratorio triangular”, sonríe. Hizo el doctorado en el Grupo de Física de Fluidos Complejos, con dos directores de tesis, De las Nieves y Antonio Fernández Barbero. El tema fueron los coloides, una rama en la que trabajó “primero experimentalmente, y luego, una vez que ya estaba bien estudiado el fenómeno, empecé a hacer simulaciones de ese proceso por ordenador”.



Edimburgo

Defendido el doctorado en 1999, ocupó una plaza como profesor, y en el 2000 se fue a Edimburgo, con una beca del Ministerio de Educación. Allí conoció al alemán Matthias Fuchs, quien también hacía el posdoctorado, y le habló de un modelo teórico con el que estaban explicando geles coloidales como si fueran vidrios coloidales.



Antonio comienza a explicar conceptos en la pizarra, que pronto queda cubierta de gráficos y fórmulas. “Un vidrio es un sólido, pero que, atómicamente, está desordenado, a diferencia de un cristal, que está ordenado perfectamente”, dice. “Tiene la estructura de un líquido. Si tomas una foto microscópica a un vidrio y a un líquido, no eres capaz de distinguirlos. Pero uno fluye y el otro no. Eso mismo se puede hacer con átomos, o con coloides, que es en lo que yo había trabajado. Simplemente tienes que apretarlos mucho. Y la idea de Matthias era que, si uno induce atracciones entre esos coloides, puedes tener un sólido desordenado. Es sólido porque no fluye, pero no porque esté apretado como el vidrio, sino porque están pegadas las unas a las otras. Tiene las características de un vidrio, pero una densidad mucho más baja”.


De modo que las propiedades que ya se conocían para los vidrios, se podían trasladar a los geles, “con ciertos cambios...”, matiza Antonio y mira la pizarra. “Comenzamos a colaborar. Yo tenía experiencia haciendo simulaciones, y estábamos apoyados por el grupo experimental de Edimburgo, que es muy fuerte y también hacía simulaciones... Y fuimos capaces de darle forma a toda esa idea...”.



Reología

En 2002 publicaron un artículo sobre el tema en la revista Science, una de las más prestigiosas del mundo. “Es mi artículo más citado, del que más orgulloso estoy”, dice Antonio. “Fue un bombazo en la época, y luego publicamos otros, seguimos en esa línea hasta, prácticamente, el 2010, por ahí...”.


Mientras tanto, en 2001 Antonio volvió a la UAL, y fue nombrado profesor titular en 2003. En 2004 estuvo como profesor invitado en Roma, y allí continuó investigando en otra rama que le interesaba: la reología. “Es llevar un sistema fuera del equilibrio”, explica, y vuelve a la pizarra. “Esos vidrios ya están fuera del equilibrio, y deberían fluir, pero no pueden, no tiene sitio, o, en este caso, están atraídos los unos a los otros. Pero si empujas lo suficientemente fuerte, entonces sí empieza a fluir”.


“De esa manera se unen dos conceptos: que el sistema esté fuera del equilibrio intrínsecamente, con que lo llevemos fuera del equilibrio por aplicación de una fuerza externa”, añade. “Eso me interesaba, y empecé a hacer simulaciones en las que aplicábamos fuerzas externas”.


Antonio volvió de Roma, y se interesó por el trabajo de Wilson Poon, un profesor que también estaba en Edimburgo, en el campo de la micro-reología, una técnica en la que se monitoriza la posición de pequeñas partículas de prueba. “Poon utilizaba un instrumento llamado ‘pinza óptica’, y me pareció muy interesante, y empecé a hacer simulaciones también en este campo”.


También Fuchs empezaba a hacer modificaciones en su marco teórico para incluir la micro-reología, y renovaron la colaboración cuando Antonio estuvo en Constanza, Alemania. “Aún estamos publicando algunas cosas en este tema...”.


Energías

Y entonces llegó 2015, un año crucial para Antonio. “Tomando un café con Javier Batlles, un compañero que trabaja en energías renovables, le comenté que estaba cansado de mantener colaboraciones con el extranjero y no hacerlo con nadie de la UAL. Él me dijo que necesitaba a alguien que hiciera simulaciones, y me ‘enamoró’ para que me acercara a su línea de trabajo”, recuerda. “Tenía varios proyectos y... Fue así como empecé en este campo”.


Batlles le habló de los materiales de cambio de fase, que se emplean para almacenar energía. “Absorben o ceden calor cuando alcanzan la temperatura de cambio de fase, es decir, cuando pasan de estado sólido a líquido, o viceversa”, explica, y borra la pizarra para volver a llenarla de gráficas y fórmulas. “La temperatura permanece constante y el material sigue absorbiendo energía. Y la idea es muy simple: estudiar esos materiales a otras temperaturas. Y produzco el frío cuando me interese, lo ‘guardo’, y lo aprovecho cuando quiera...”. Se vuelve un momento y matiza: “Bueno, guardar frío es una cosa que a los físicos nos da repelús, pero se entiende, ¿no? Es una idea muy útil desde el punto de vista de la ingeniería y del aprovechamiento energético. Una idea bonita, en la que empezamos a trabajar...” (Continúa).


EL RETO: TRANSMITIR UNA CIENCIA DIFÍCIL

Antonio Puertas es profesor titular del Área de Física Aplicada de la UAL, y siempre ha compaginado su labor de investigador con la docente. “La Física es difícil, pues es, a la vez, una ciencia experimental y teórica”, reflexiona. “Pretendemos explicar la Naturaleza usando el lenguaje de las matemáticas y, por tanto, debemos aprender a observar la Naturaleza con ojos que nos permitan identificar las generalidades y eliminar los detalles”.


“Pero también hay que aprender y, lo que es más difícil, entender, el lenguaje de las matemáticas para poder transcribir las observaciones que has hecho”, añade. “Y transmitir eso a los alumnos es complicado, pero, a la vez, ilusionante. Por eso me parece que los investigadores que estamos muchas horas al día dedicados a pensar en algún problema físico (el que sea, y de la complejidad que sea), tenemos muy interiorizada esa dicotomía, y somos las personas ideales, en principio, para trasladar y explicar la Física a los estudiantes”.



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