Las ‘niñas’ de los coros y danzas

En los años de la posguerra la Sección Femenina organizó un grupo de coros y danzas

Las muchachas de los coros y danzas con sus trajes regionales, rodeando al Príncipe Juan Carlos cuando vino a Almería en 1958.
Las muchachas de los coros y danzas con sus trajes regionales, rodeando al Príncipe Juan Carlos cuando vino a Almería en 1958.
Eduardo de Vicente 09:00 • 21 jul. 2022

Desayunábamos, almorzábamos y cenábamos con los coros y danzas de la Sección Femenina. Durante años, fueron el estandarte de la ciudad, lo primero que mostrábamos a los visitantes en los actos importantes. Si la Alcazaba era el monumento oficial, los coros y danzas eran nuestro mejor adorno para darle a las fiestas esa pincelada de folclore patrio que exigía el guion en aquel tiempo.


Estaban en la romería, en las cabalgatas de la feria, en los actos de la Virgen del Mar y en las visitas de grandes personalidades. Las muchachas de los coros y danzas fueron protagonistas en el verano de 1958 cuando el Príncipe Juan Carlos visitó la ciudad. Ni el alcalde ni el Gobernador civil salieron tanto en las fotos ni tan pegadas al delfín como aquellas jóvenes ataviadas con el traje típico regional.


Cuando Televisión Española desplazó sus equipos para emitir en directo desde la Plaza Vieja el concurso ‘Los hombres saben los pueblos marchan’, todo el país pudo disfrutar de la actuación de los coros y danzas de la Sección Femenina, que se habían convertido en nuestro grupo fetiche. Cuánto nos emocionamos cuando escuchamos por la tele las primeras notas de nuestro Fandanguillo.



Cada vez que Franco se daba una vuelta por esta tierra para recordarnos lo mucho que nos tenía presentes en sus oraciones, lo recibíamos con los coros y danzas, que eran tan importantes entonces en el protocolo oficial como los soldados que participaban en el desfile.


Cuando en diciembre de 1962 llegaron al puerto los marineros del buque Canarias, que fueron recibidos como héroes, las primeras que le dieron la bienvenida fueron las niñas de la Sección Femenina, que los agasajaron con sus bailes. En los grandes acontecimientos de la feria, ya fueran los festivales de España o la batalla de flores, allí estaban los coros y danzas con su espléndido repertorio.



Los coros y danzas formaban parte de la maquinaria falangista que se puso a funcionar nada más terminar la guerra. En Almería existió una organización femenina de Falange que en los días de la guerra operó en la clandestinidad, dando cobijo a miembros de la Iglesia y ayudando a muchas familias que habían sido perseguidas desde 1936. Unos días después de que se acabaran los tiros, aparecieron carteles por toda la ciudad en los que la Jefa Local de Falange, Clotilde Salazar Salvador, hacía un llamamiento a las camaradas de la organización clandestina para que se presentaran en la Jefatura, situada entonces en la Puerta de Purchena, para formalizar su ficha y nombrar los cargos de responsabilidad. 


Las niñas de la Sección Femenina también formaban parte del engranaje propagandístico que el nuevo régimen puso en marcha nada más terminar la guerra civil. Eran la cara amable de la dictadura, las que salían por el Paseo con una sonrisa en los labios y las huchas para pedir unas monedas por Dios y por España, las que se disfrazaban de militares con una boina roja, una camisa azul y una falda negra, las que servían el almuerzo a los pobres en los comedores del Auxilio Social, las primeras jóvenes almerienses que en aquellos tiempos de estrecheces pudieron viajar por España gracias a las concentraciones nacionales que se montaban para homenajear a Franco.



Las niñas de la Sección Femenina solían cantar, al terminar sus reuniones semanales, unas estrofas  que decía: “En pie camaradas, siempre adelante, cantemos el himno de la juventud / El himno que canta la España gigante que ha de ser el signo de la redención / Con el brazo extendido y la frente elevada marcharemos unidos en la España Sagrada....El brazo extendido se repetía en los momentos previos de los partidos de fútbol y en los toros. En esos primeros meses de gran exaltación nacionalista, había que ponerse de pie y hacer el saludo hasta en las sesiones del cine Hesperia, cuando antes del NODO sonaba el himno.


Las muchachas de la Sección Femenina aparecían en todos los actos sociales que se celebraban en Almería. En los desfiles, después de las columnas de flechas y cadetes, siempre iba una representación de las mujeres de Falange, unos metros antes del clero y del ejército. Cuando se organizaba el ‘Día del Estudiante Caído’, allí estaban las niñas de la Sección Femenina para depositar una columna de laurel ante el monumento. 


En las ‘Fiestas de la Liberación’, que se organizaban en la primera semana de abril, las niñas de la Sección Femenina se convertían en las madrinas del espíritu nacional, en un ejemplo de moral para todos los muchachos que asistían a la verbena pública en el Paseo, adolescentes que las miraban y las admiraban como si fueran vírgenes recién llegadas del cielo. Y cuando la Semana Santa, las mujeres de la Sección Femenina eran las primeras que estaban en todos los actos religiosos, y las primeras que cuando llegaba el Jueves Santo se colocaban el velo sobre la cabeza y se iban por las iglesias recorriendo las estaciones. Las muchachas de la sección fueron también las primeras que se organizaron en la posguerra para poder practicar deporte y poder igualarse en algo a los hombres. 


También se igualaron en la celebración de campamentos donde iban las jóvenes a recibir instrucción corporal y espiritual. Fue el Gobernador civil Rodrigo Vivar Téllez el que impulsó la instalación de un campamento de verano para la Sección Femenina de Falange. “Es necesario enseñarlas a ser mujeres de imperio, mujeres fuertes de espíritu y sanas en cuerpo bajo la disciplina, camaradería y sacrificio que impone Falange”, destacó en el discurso inaugural del campamento.



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