Las peñas de la bota de vino y el jamón

Los peñistas iban al fútbol con sus pancartas y con las alforjas repletas

La Peña del Rincón de Juan Pedro fue una de las primeras que se crearon.
La Peña del Rincón de Juan Pedro fue una de las primeras que se crearon. La Voz
Eduardo de Vicente 20:30 • 17 jul. 2022

El fútbol almeriense vivió  una tapa de prosperidad desde principios de los años setenta. La aparición en escena de la Agrupación Deportiva Almería sirvió de acicate para resucitar a una afición que tras la desaparición del Atlético Almería había quedado dividida en la ciudad en los distintos clubes que poblaban el panorama futbolístico. 


La Agrupación aunó voluntades en torno a un solo equipo representativo y fue creciendo temporada tras temporada gracias al buen trabajo que se hizo a nivel directivo, a los aciertos casi constantes a la hora de hacer las plantillas, al apoyo  masivo que encontró en una afición muy joven que se enganchó al fútbol en aquellos años como no lo había hecho hasta entonces y sobre todo, a la construcción de un nuevo campo de fútbol que enterrada al viejo Estadio de la Falange, actuando como elemento aglutinador de una nueva generación de aficionados.


Ese clima, propicio para los éxitos, contribuyó a que surgieran varias peñas, algo poco habitual debido a la dificultad  para asociarse y constituirse en grupo organizado que ha tenido históricamente la afición de Almería. Una de esas peñas fue la ‘Ruiz Collado’, que se fundó en la temporada 1972-73, gracias a la iniciativa de José Domínguez, encargado de la tienda de muebles del mismo nombre. La empresa Ruiz Collado apostó por el deporte: ciclismo, boxeo, fútbol sala, y decidió también apoyar a un grupo de seguidores en torno al fútbol.



La peña Ruiz Collado duró apenas tres temporadas, pero en el poco tiempo que estuvo activa se hizo muy popular porque pusieron de moda una manera muy peculiar de motivar a los jugadores del Almería en cada partido. Cada vez que el equipo disputaba un encuentro en el Estadio de La Falange, la peña le regalaba un jamón serrano al futbolista más destacado en el último partido. 


Los peñistas saltaban al centro del campo y le hacían entrega del premio al agraciado, detalle que era recibido con euforia por los elegidos y con sorpresa por parte de los árbitros y de los jugadores del equipo contrario, que no estaban acostumbrados a ese tipo de celebraciones. Tampoco era habitual, como ocurría en nuestro estadio, que a mitad de un partido el encargado de la megafonía abriera el micrófono para anunciar que una determinado establecimiento de la ciudad le regalaba una caja de vino o una televisión, al jugador del Almería que consiguiera el primer gol.



A lo largo de tres temporadas, la peña Ruiz Collado apoyó al Almería y contribuyó a animar el ambiente futbolístico de la ciudad, creando un clima de euforia sin precedentes en nuestra historia. 


En aquellos años del estadio de la Falange, los primeros en la historia de la A.D. Almería, se hizo un hueco en la grada de sombra la Peña del Rincón de Juan Pedro, que en aquellos tiempos era uno de los negocios hosteleros más importantes de la ciudad. Con la inauguración del campo Franco Navarro se desató la pasión por el fútbol y empezaron a aflorar nuevos grupos de peñistas. En septiembre de 1976 se fundó la Peña del Tranco, que fue fruto de un grupo de dependientes de la manzana de la calle de las Tiendas que todos los días se reunía en los escalones de la iglesia de las Claras antes de entrar a trabajar. 



También en septiembre del 76 echó a andar la Peña del Taxi, bajo la dirección de Diego Fernández Muñoz, uno aficionado ejemplar que merecería tener un monumento en el estadio. Fue una época gloriosa, de éxitos continuos que se vieron reflejados en la respuesta de la hinchada. Las peñas eran las que agitaban la grada, las grandes animadoras, las que llevaban aquellas pancartas llenas de inocencia donde se podía leer: “La Peña el Pito con el Almería man que pierda” o “El Almería y su afición, a Primera División”.


En 1978 aparecieron en escena la Peña Portuaria Almeriense, formada por trabajadores del muelle y la Peña de los Churros, que surgió de la Plaza Vieja y de la churrería de la calle Mariana y que puso de moda el pasacalles cada vez que el Almería jugaba en casa.



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