“En Almería hay una rivalidad a la baja que solo lleva a la parálisis”

Entrevista con Jesús Miranda Hita, inspector de la ONU

Jesús Miranda Hita, fotografiado para esta entrevista durante una reciente visita a Almería
Jesús Miranda Hita, fotografiado para esta entrevista durante una reciente visita a Almería Juan Sánchez
Antonia Sánchez Villanueva 22:26 • 25 jun. 2022 / actualizado a las 22:27 • 25 jun. 2022

Con una impresionante carrera como alto funcionario del Estado, la vida de Jesús Miranda Hita transcurre desde hace año y medio entre Ginebra, donde reside de manera fija, y Nueva York, como inspector del Sistema de Naciones Unidas. Es, de hecho, el primer español que ha conseguido hasta ahora acceder a ese cargo. Aunque en la lejanía, el economista almeriense, impulsor de las obras del AVE durante su etapa de gestión política como subsecretario del Ministerio de Fomento, sigue pendiente de su tierra y comprometido con ella. El último reto en el que se ha involucrado relacionado con Almería: la erradicación de los asentamientos chabolistas. 


¿La invasión rusa de Ucrania significa que organizaciones internacionales como la ONU no son eficaces para evitar guerras? 

Esa es una pregunta que se hace todo el mundo, y no sin razón. Naciones Unidas nace para garantizar la resolución pacífica de los conflictos. Ese es el ADN de la Carta de las Naciones Unidas, pero la guerra sigue siendo un instrumento utilizado por determinados estados u organizaciones para conseguir ilegítimamente sus objetivos. Porque la guerra como instrumento político es ilegítima. A lo largo de estos 75 años ha habido muchas guerras y no siempre se han podido ni prevenir ni evitar, aunque sí paliar sus efectos. Pero no se puede olvidar la realidad: hay cinco países miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU que disponen de derecho de veto, entre ellos Rusia, por lo que cualquier iniciativa para parar la guerra que no cuente con su aprobación, no se aprueba. Eso es todo. 



Entonces, no hay un mecanismo que pueda evitarlo.

No hay un mecanismo para parar al agresor si el agresor es uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Desgraciadamente, lo único que queda son las sanciones impuestas desde fuera de la ONU, además de la ayuda militar ofrecida por los estados.



¿Y eso resulta eficaz?

Son medidas que se tenían que tomar y se han tomado. La UE ha mostrado un músculo político que no había exhibido hasta ahora, algo que por cierto y en muy buena medida tenemos que agradecer a Josep Borrell. Es verdad que en el mundo globalizado cualquier fractura en unos lazos económicos como los que nos unían a Rusia acaba teniendo efectos negativos importantes, como la inflación y la escasez de alimentos, pero sin sanciones sería peor. Se trata de elegir el mal menor y luego estar dispuesto a pagar el precio. 



Y como paradoja, ¿Europa está siendo más Europa? 

Yo creo que sí. Y, por desgracia, la percepción que se tenía hasta hace poco de que la Guerra Fría había terminado y de que la OTAN ya no hacía falta porque no había enemigo, se ha acabado demostrando que era solo un espejismo. La reacción de Europa y de la OTAN yo creo que está siendo proporcionada y adecuada, considerando los enormes riesgos que una situación así plantea.


¿Esta guerra por producirse a las puertas de Europa nos parece más guerra?

La percepción de riesgo es un factor muy importante para que se adquiera conciencia de la gravedad de los conflictos, y en las primeras semanas de la invasión esa percepción ha sido muy elevada en Europa, aunque con el paso del tiempo, como ocurre siempre, esa percepción se va deteriorando. Por eso es necesario hacer un llamamiento constante para que no nos olvidemos de lo que está ocurriendo ni del enorme sufrimiento del pueblo ucraniano.


¿Como consecuencia pueden crecer los populismos en la política española? 

La inflación se está notando ya significativamente en el nivel de vida de los ciudadanos y se notará más en la medida en que no se estabilicen los mercados globales de materias primas energéticas y alimentarias, lo que en buena medida depende de la resolución de la guerra, y no de la bajada de la imposición indirecta, por cierto. Pero la inflación y la inestabilidad de suministros, si persisten, pueden también estimular un nuevo ciclo de políticas populistas, lo que solo serviría para empeorar las cosas, pues esas propuestas siempre acaban produciendo frustración y más daño. 


Tras las elecciones andaluzas, ¿cómo ve ese debate?

Está claro que España necesita más sosiego, menos populismos y demagogia, y más solvencia, seriedad y realismo político, pero no ahora, tras las elecciones andaluzas, sino en todo momento y lugar. Quiero creer que hay una mayoría de la población que reclama un debate basado en hechos e ideas y no en invenciones aderezadas de insultos y eslóganes. Los problemas de verdad no desaparecen por muy ingeniosos que sean esos eslóganes y por muchos señuelos que saquen algunos. La gasolina cuesta lo que cuesta, la educación y la sanidad están como están, con independencia de que algunos desvíen la atención hacia problemas inexistentes o menores. España tiene mucho que aprender de países europeos que practican, con éxito, una democracia fría, en la que el debate serio no deja mucho juego a la explotación ventajista de las emociones colectivas. 


¿Los partidos privilegian los perfiles crispados y de eslóganes?

El proceso de selección interna en los partidos, y las condiciones de ejercicio de la actividad política profesional no favorecen el acceso de los mejores, más bien lo contrario, porque, como decimos los economistas, los incentivos están invertidos. Hemos pasado de un clientelismo caciquil a otro basado en la pertenencia a clanes donde la lealtad es obligatoria y la disidencia es anatema. Y nos hemos acostumbrado a ver a personas con limitadísimas cualificaciones en puestos de la máxima relevancia, como si eso fuera natural y hasta deseable. Me espantan las llamadas a cerrar filas, porque ahí perece la libertad y, con ella, el debate. Sí: a los progresistas de vocación y formación nos gusta debatir con razones y sin gritos, como nos gusta escuchar al que piensa distinto. Por eso se me frunce el ceño cada vez que oigo que, ante un fracaso electoral o cualquier otro revés, como una condena judicial, lo que hay que hacer es cerrar filas y más “pedagogía”, en lugar de reconocer los errores, asumir las responsabilidades y corregir el rumbo.


¿Y qué papel cumplen los políticos locales en el ámbito nacional? 

Los políticos locales tienen muy poca relevancia en el ámbito nacional. No es su culpa, no. Hay países donde el representante parlamentario responde ante sus electores. El modelo español está pensado para garantizar la lealtad jerárquica, y eso explica que poca gente conozca el nombre de sus representantes, algo que debería alarmarnos. Se ha hecho un intento de mayor participación mediante las primarias. Yo, vista la experiencia, no soy partidario. 


A Almería, alejada de los centros de decisión, ¿cuánto le perjudica este modelo? ¿son los políticos locales dependientes, en contra de sus territorios? 

Aprecio la labor de los políticos locales, pero su poder es muy limitado. De un diputado o un senador lo que se espera es votar con la disciplina del partido, no que ejerza una influencia propia. Es una cuestión de diseño institucional, no de capacidad individual, pues en Almería ha habido y hay grandes políticos. 



El economista almeriense e inspector de la ONU posa para el fotógrafo Juan Sánchez
El economista almeriense e inspector de la ONU posa para el fotógrafo Juan SánchezJuan Sánchez


Vengamos a una cuestión concreta, el AVE Almería-Murcia. ¿Qué capacidad hay para presionar? 

Yo presumo que todos, excepto los políticos del PP, durante los años que gobernó, que no me consta que hicieran ningún esfuerzo para traer el AVE, sino por pararlo…


¿Por pararlo?

Yo creo que sí. Cuando yo me fui del Ministerio de Fomento dejamos los contratos de redacción de los proyectos de todos los tramos firmados y financiados. Y después de la primera decisión que tomó el PP, que fue tapiar los túneles, la segunda fue rescindir esos contratos y volver a licitar, ahora ya con una sola vía. Eso es voluntad de pararlo. No digo que fuera por mala fe, pero sí por impotencia o insignificancia. Una manera de demostrar esa impotencia es obedecer ciegamente una orden indeseada y asumir además el penoso rol de ejecutarla. Si a mí me hubiera tocado ese papel, a lo mejor hubiera dimitido. Puedo explicarle a la gente que no hay dinero. Pero decir que una sola vía es mejor que dos es demasiado.


¿Si tuviera que firmar que el horizonte de 2026 puede cumplirse, lo firmaba? 

Yo puedo firmar sobre las cosas de las que tengo responsabilidad, pero como no tengo responsabilidad en eso, no puedo hacerlo. Pero sí confío en que así sea. Almería necesita esa infraestructura.


¿Por qué el tema de los vuelos a Madrid parece irresoluble? 

Cuando en política se dice que es imposible, en ocasiones se quiere decir sencillamente que falta voluntad para hacerlo. Por mi experiencia, se puede hacer prácticamente todo si se tiene la determinación de hacerlo.


Pero hay límites presupuestarios o de otra índole. 

El único problema, además de las restricciones técnicas o por la naturaleza, es que no haya dinero. E incluso la falta de dinero se arregla con dinero prestado. El no absoluto no existe en materia de financiación del Estado. Todo es cuestión de que lo que aquí consideramos una prioridad alcance la relevancia política para que se le haga hueco en el presupuesto. 


El caso de los vuelos a Madrid, entonces, no es irresoluble.

No. Estando en Fomento pusimos el avión de Almería a Sevilla. El proyecto llevaba allí tiempo. ¿Cuál era el problema? Subvencionar la línea para que se pudiera volar a precio razonable. El dinero lo puso la Junta de Andalucía. Nosotros pusimos el instrumento jurídico. Esa es la política de verdad, a qué destinamos el dinero, cuando el tiempo de las emociones se ha agotado.


¿Podría subvencionarse la línea de Madrid?

Claro que podría, declarándola de interés general, igual que la de Sevilla.


Y si no hay problema irresoluble, le quiero preguntar por la posibilidad de resolver un problema como los asentamientos.

Sí, es un problema de una gran complejidad. A mí me avergüenza muchísimo. 


¿En Europa se habla de eso?

Los dos grandes vectores que distinguen a un país civilizado son la sostenibilidad social y la sostenibilidad ambiental. Son estos los dos ámbitos en los que hay que trabajar con mayor intensidad en nuestra agricultura. Si en Europa proyectamos una agricultura no solo perfecta y fiable desde el punto de vista del producto, sino también desde el punto de vista ambiental y social, el futuro estará garantizado. De ahí que la eliminación de esa degradación que son los asentamientos chabolistas sea parte de la solución. 


Sin esa fuerza de mano de obra, ¿cómo nos iría?

La agricultura es una de las actividades en las que el peso de los trabajadores inmigrantes ha crecido más, hasta convertirse en imprescindible. Ahora, con la invasión de Ucrania, todo el mundo sabe que garantizar la suficiencia alimentaria es una prioridad máxima. Y lo mismo ha pasado en otros sectores. Desde el punto de vista humano, les debemos respeto y todos los derechos que las leyes establecen. La economía española no puede vivir sin la inmigración, y no solo por lo aporta al PIB, sino a la sostenibilidad del sistema de pensiones. 


¿Está en riesgo?

Si se mantiene la prioridad de mantener unas pensiones dignas garantizadas por el Estado, no hay ningún riesgo. Si hay una prioridad política distinta, sí que lo habría. Pasó en la Chile de Pinochet, que privatizó el sistema. Aquí tenemos un sistema afortunadamente sólido, con problemas de financiación, pero que se arreglan con buenas políticas económicas, y con medidas favorecedoras de la natalidad y la inmigración ordenada. Lo que está claro y no debería ser objeto de debate, es que España necesita inmigrantes para mantener y aumentar la producción. 


¿En qué punto ve a Almería respecto a ese alejamiento que siempre ha tenido?

Tenemos el problema de las comunicaciones, que sigue presente. A Almería ciudad le falta mucha ambición. La provincia es cosa distinta. Pero Almería ciudad, yo veo que está muy apagada y que le falta la ambición que han demostrado ciudades como Málaga, que han sabido transformarse. 


Jesús Miranda es de la capital, la conoce bien.

Sí, hablo con conocimiento desde niño (risas). Nos falta una mayor generosidad, hay gente activa aquí, pero no se les escucha, se les ningunea incluso, porque parece que hacen sombra a los políticos locales mediocres. Es una rivalidad a la baja que solo conduce a la parálisis.


¿Aquí al que despunta se le intenta meter en el hoyo?

Es un poco lo que quería decirte. En cuanto levantas la cabeza de buena fe, y hay gente que lo hace de buena fe, que tiene ideas y las quiere compartir, hay alguien que es capaz de destruirlo con meticulosa precisión. Primero hay que eliminar esas fuerzas negativas, y segundo, hace falta ver Almería a largo plazo. 


¿Ve en el horizonte a alguien que pudiera romper con esa etiqueta? 

Yo conozco gente en Almería que tiene esos valores y esa visión mucho más amplia. El problema es cómo hacer que esas personas lleguen al liderazgo. Es muy complicado porque pasa por someterse a las estructuras partidarias que son, en buena medida, máquinas de producción de mediocridad.


¿A Jesús Miranda, cuando lo esperamos de vuelta?

Esa es la pregunta que querías hacerme (risas). Estoy comprometido con Naciones Unidas hasta diciembre de 2025. Existe la posibilidad, además, de ser reelegido. Que esté en este proyecto no significa que no mantenga siempre un ojo en Almería. Después de recorrer la vida y el mundo, a uno lo que le queda es su tierra y su gente, sus recuerdos y proyectos. A la esencia siempre se vuelve.


Vamos, que no toca contestar todavía. 

No, ya es la segunda vez que me lo preguntas, yo creo (risas). A ver si a la tercera va la vencida.



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