“Yo salchichón, tu ensaimada”: una mañana de votaciones

Día de urnas, altares del Corpus y un recuerdo para el Fary

El interventor Angel, en el Palacio de los Marqueses de Cabra, abriendo su almuerzo.
El interventor Angel, en el Palacio de los Marqueses de Cabra, abriendo su almuerzo.
Manuel León 18:03 • 19 jun. 2022

 Quizá Lorenzo se haya levantado esta mañana de la cama poniéndose a Serrat en el plato de ducha de su casa de Serón: “Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así”; un día en el que Rodrigo Alonso de Antas aspira a campear como Rodrigo Díaz de Vivar; un día en el que la ciudad ha amanecido menos sudorosa, con menos playeo del previsto, con un viento traicionero que le ha hecho una faena al chiringuito del Tío Pepe. 


Puede que estemos ya ante una de las últimas votaciones convencionales. Que igual que se ve ya rancio lo de la pegada de carteles con engrudo y los mítines en la plaza del pueblo, puede que las campañas venideras se hagan en metaverso y que el candidato sucesor de Carmen Crespo, por ejemplo, sea un avatar, y que podamos votar por TPV como pagamos en el Mercadona. “¿Quiere copia?”


A las dos del mediodía se veía ya poca gente por el centro histórico de Almería, en este día de culto a D’hont, de marineritos del Corpus, en este día en el que hace justo quince años murió El Fary, que diría Jose Ángel Pérez en su muro. 



Familias camino del Palacio de los Marqueses de Cabra con el sobre verde Betis en la mano, con la plaza Campoamor sembrada de la flor morada de la buganvilla. Policías y apoderados fumando en la puerta. Al poco llegaba un taxi del que se bajaba una señora mayor con un bastón quien entraba en la sala pidiendo ayuda: - ¿Me puede meter la papeleta en el sobre, joven? - ¿Y a quién quiere usted votar, señora? –“A los míos, claro”.


Al poco llegaban los almuerzos para los apoderados de los partidos en las mesas. Ángel, del PP, abría la cajita de cartón con la precisión de un joyero y veía dentro un bocadillo de salchichón, una manzana y un café cappuccino frío; más suerte parece que tenía su rival del PSOE, quien se encontraba con un bocadillo (de jamón), botellín de agua, un bote de mermelada y una ensaimada de postre. La socialista se quedaba en la mesa, pero el apoderado popular se salió fuera con el pañé y se puso a almorzar en la plaza junto a los candados de San Valentín, como si fuera un albañil dando de mano al mediodía en el tajo.



Al rato se acercaba un desocupado con identificación de apoderado en el cuello en plan ‘yo puedo arreglarte la vida’. “No hay derecho a que a éstos -refiriéndose a presidentes y vocales de mesas- les paguen solo 60 euros por estar aquí desde las 8 de la mañana”.


- “Camilo Andrés, 594, ¡vota!” exclamaba el presidente, destapando la ranura de la urna y volviéndola a tapar con un pasquín de supermercados Covirán. Todo transcurría con normalidad en esas votaciones mañaneras, excepto algún Giménez o Jiménez con G o con J de poeta de Moguer, que confundía a los vocales.



Muchas botellas de agua en las mesas, gel hidroalcohólico, gafas de sol y rollos de papel cocina y en las paredes posters con paisajes de invernaderos de La Cañada. De pronto, entró una señora pidiéndole a su hija -digno de Gila- que le grabase en el momento de votar, que se lo quería enviar a algún familiar en el extranjero. La jornada es larga y por allí pasaba Carrete ofreciendo lotería, con los décimos pillados con pinzas de tender. “Nene, esto está matao, todos los bares cerrados”. Quien no había cerrado esta mañana era la taquería mexicana de Trajano, ni Miguel el de la pollería. “Me han faltado pollos”, ni la frutería del chino de al lado, que vende hasta tomate Raf.


Un altar del Corpus con la imagen de Santa Teresa tomaba, con crespones negros y rojos, el Palacio Episcopal, y otro en Eduardo Pérez, en la puerta de la casa donde nació Perceval, está consagrado a San Ignacio de Loyola, donde se paraba una monjita que se persignaba al lado de unos turistas tocados con sombreros de paja. La catedral, mientras tanto, permanecía abierta por el Día del Corpus y apenas se veían orando ante el Altísimo unos pocos feligreses, quizá pidiendo por algún candidato en concreto.


En la puerta del Colegio El Milagro, sentado en un banco, estaba Paco Moncada con sus tirantes, maestro de la radio almeriense, que acababa de votar, a pesar de sus achaques, de sus muletas, de sus huesos doloridos por tantos años, pero con una sonrisa en la cara.


Dentro del Colegio sonaban portazos por el viento y las papeletas con el nombre de Vicente García Egea y de Diego Crespo esturreadas por el suelo. Hay una leyenda en una cartulina junto a la urna donde se lee: “Venid al pie de este altar”, que sonaba a premonición y encima una imagen de San Vicente de Paúl que parecía controlarlo todo y que, como la Gioconda, te perseguía con la mirada. En el patio, donde los escolares juegan al baloncesto, han colocado más mesas electorales. En una de ellas se veía a Paco Díaz Casimiro de apoderado. A esa hora, el Telediario de Lara Siscar hablaba de incendios por toda España, de los 15 años sin “ese torito bravo que tiene botines y no va descalzo”, en un día en el que Almería se juega 12 escaños en un Parlamento a 400 kilómetros que ¡ay! a veces nos parece que está a más de 1.000. - “Morales Villegas, ¡vota!”.



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