Nos dejó ‘el Jose’, el culé de los Iguales

Ha fallecido José Manuel Segura, el vendedor de cupones más famoso de la Almedina

José Manuel Segura llevaba ya varios años jubilado. Durante tres décadas trabajó vendiendo cupones de la ONCE.
José Manuel Segura llevaba ya varios años jubilado. Durante tres décadas trabajó vendiendo cupones de la ONCE.

Era uno de esos personajes que humanizaban el barrio. Un hombre que no había perdido su condición de niño y compartía su inocencia con la gente haciéndole la vida más agradable. Nunca dejaba de sonreír y aunque la vista no le acompañaba, cada vez que alguien gritaba su nombre los ojos se le abrían como dos puertas y la mirada se le llenaba de felicidad, de una alegría sincera que brillaba en medio de la niebla.


Con él ocurría un hecho extraordinario. Uno podía ir ese día rumiando sus preocupaciones por la calle, pero si te encontrabas con José el de los Iguales de repente todos los problemas se esfumaban durante unos segundos y te colabas de lleno en su universo de bromas infantiles y de discusiones futboleras. Los lunes que perdía el Barça todos los madridistas lo buscaban, no para martirizarlo ni ponerlo de mal humor, sino por el puro placer de escuchar sus reflexiones, que siempre terminaban con un ataque sin maldad al eterno rival y a todo lo que representaba,  porque él, como buen culé, disfrutaba tanto de las victorias de su equipo como de las derrotas merengues.


Cuando jugaba el Barça veía el partido por la radio y lo escuchaba por la televisión, por lo que no se le escapaba ningún detalle y acababa aprendiéndose las jugadas de memoria. Cuánto llegó a disfrutar con Cruyff y en los años dorados de Messi. Era un culé sencillo que no presumía de las victorias ni se deprimía cuando llegaban los malos tiempos. El día que tocaba perder vendía más cupones, porque los hinchas del equipo contrario lo buscaban para darle la paliza y de paso le compraban un Igual para ver si sonaba la flauta.



José Manuel Segura Alcaraz empezó vendiendo Iguales en la Plaza de Pavía. Corría el año 1983 y el mercado vivía días de apogeo, aunque era tanta la batalla de los vendedores por conseguir el lugar más transitado que decidió mudarse de esquina y se marchó a la puerta del viejo Hospital Provincial, donde encontró el escenario que iba buscando. Allí podía trabajar más tranquilo, sin ese tumulto tempranero que generaba el mercadillo y tenía asegurada la compañía y la conversación con los enfermeros y los guardias de la puerta del Hospital. 


Llegaba a su puesto temprano, cuando empezaba la hora de las consultas, y tomaba posiciones en la misma puerta si hacía buen tiempo o se refugiaba en el amplio portal del Hospital donde además de encontrar el cobijo de un techo echaba ese rato de conversación con el vigilante.



Cuando cerraron el Hospital y abrieron el nuevo, el vendedor de la ONCE se cambió de sitio y tomó posesión de la esquina principal de la calle de Pedro Jover y Alborán, lugar de mucho tránsito, propiciado por la abundancia de pequeños negocios y por la existencia de una importante sucursal de Unicaja, que como ha ocurrido con todas las oficinas bancarias del barrio, ha terminado desapareciendo. “Igualeeee”, cantaba para llamar la atención de los clientes, acompañado casi siempre de un lazarillo que le ayudaba a compensar sus limitaciones de vista.  


A veces, si la mañana se atrancaba, se daba una vuelta por el barrio, visitando el estanco de la Almedina y la peluquería de Miguel Bisbal, donde siempre había un parroquiano dispuesto a comprarle un cupón. Vendiendo, José Manuel siempre tenía la sonrisa en la boca; era un hombre feliz repartiendo sus cupones, más feliz aún cuando ganaba el Barça. Si usted lo pillaba en un buen momento, con la mitad de la venta hecha y rodeado de amigos, podía llegar a cantarle un trozo del himno del Barcelona en catalán, que algo se le quedó en los años que estuvo viviendo en Barcelona, la ciudad donde nació aunque él se consideraba un almeriense más.



José el de los Iguales se sentía orgulloso de su doble nacionalidad. En el carnet de identidad de su corazón figuraban dos direcciones: el barrio de la Almedina de Almería y el barrio de Sants de Barcelona.


Era barcelonés por casualidad, porque allí se fue a trabajar su padre, Manuel Segura González, que con trece años se marchó a Cataluña a una fábrica de pieles y después en el prestigioso laboratorio farmacéutico ‘Almirall’. La muerte prematura del padre fue un duro golpe para toda la familia que precipitó su vuelta.


Cuando regresaron de Barcelona su madre, Dolores Alcaraz Díaz, oriunda de Rodalquilar, montó una pequeña tienda de barrio en la calle de Ulloa, y allí aguantó durante diez años. La tienda estaba enfrente de la casa familiar, en la calle Descanso, donde el vendedor de cupones siguió viviendo en compañía de su madre y de su hermano Carlos. A cualquier hora que uno pasara por la calle Descanso su casa siempre estaba abierta y allí, en el sofá, la presencia de José el de los Iguales se hacía majestuosa. Parecía un rey cuando se colocaba delante de la radio a escuchar las canciones de su época. Si por casualidad sonaba alguna de Manolo Escobar se emocionaba como solo se emocionan los niños y en esos momentos toda su infancia le pasaba por  delante de sus frágiles pupilas.


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