La cara oculta del cerro del Santo

Al otro lado de la muralla de San Cristóbal aparece un escenario que no existe para la ciudad

Una de las vistas que se pueden contemplar desde el ‘pos-cerro’. Al fondo, restos de murallas sobre la Fuentecica.
Una de las vistas que se pueden contemplar desde el ‘pos-cerro’. Al fondo, restos de murallas sobre la Fuentecica. La Voz
Eduardo de Vicente
20:59 • 29 ene. 2022

El cerro de San Cristóbal goza de un abandono reconocido, de un desprestigio asumido por la ciudad que han aceptado los políticos y lo han incorporado a sus discursos cuando hablan de futuros proyectos. Esta aceptación de la miseria lo mantiene vivo, al contrario de lo que ocurre con el otro lado del cerro, el territorio que empieza detrás de las murallas,  que no cuenta para nadie como si se tratara de un escenario invisible.



El pos-cerro no está en los mapas del Ayuntamiento ni en la ruta de los senderistas de fin de semana. Es un espejismo, un hermoso espejismo que ofrece unas enormes posibilidades porque cuenta con terreno suficiente para andar y perderse sin irse demasiado lejos y porque disfruta de unas vistas que muestran una panorámica distinta de la ciudad.



El pos-cerro empieza donde acaba el cerro del ‘Santo’. Se accede a través de la puerta de piedra de la muralla, un hueco por el que da miedo penetrar ya que uno tiene la sensación de que una de las piedras que se sujetan del vacío te va a caer sobre la cabeza. La muralla en sí es una muestra inmejorable de lo poco que ha importado la historia en esta ciudad y el poco respeto que se le sigue teniendo. Es un muro milenario que se está cayendo a pedazos desde que hace más de medio siglo le dieron la última mano de mortero. 



Cruzar aquella puerta, o mejor dicho, aquel agujero, te conduce a otra dimensión, como si en dos segundos hubieras cambiado completamente de escenario. Por aquellos parajes no ha pasado el barrendero desde hace décadas, aunque la mano del hombre se palpa a cada instante: está en las pintadas que aparecen en la muralla y en los escombros del cerro.



A pesar del abandono la belleza siempre acaba imponiéndose y merece la pena adentrarse entre las rocas y encontrarse de frente con esa otra ciudad tan desconocida como hermosa.



El pos-cerro tiene metros suficientes para convertirlo en un parque temático o para abrir rutas hacia el norte de la ciudad. Desde allí se descubren rincones que han ido quedando relegados a la más pura miseria, como los restos de un antiguo torreón y trozos de la muralla que a duras penas se mantienen en pie sobre el cerro que parte en dos el antiguo barrio de la Fuentecica. Hay montones de basura acumulados cerca del muro, que ponen de manifiesto la permisividad de la que gozan los vecinos en algunos arrabales por lo que nunca pasa la autoridad ni se impone el peso de las ordenanzas municipales.



El pos-cerro es un balcón privilegiado que mira a la parte más escondida de Almería. Aquellos caminos llevan hacia el lado de Poniente hasta el barrio de la Joya y el barranco del Caballar y hacia el norte a la Fuentecica, el Quemadero y el cerro de las Cruces. Desde allí se ven los perfiles de la Molineta y al fondo, entre las nubes, las estribaciones de Sierra Alhamilla y el Cabo de Gata, perdidas en el horizonte.



Mientras la ciudad se pregunta de qué forma se puede poner en valor el cerro de San Cristóbal y desde el Ayuntamiento se toman las primeras medidas para acercarlo al casco histórico, la cara oculta del cerro, el pos-cerro, sigue  perdido en tierra de nadie, convertido en un territorio invisible, en un páramo tan estéril como las viejas murallas que lo coronan.



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