Emilio Molina, toda una vida dedicada a la investigación (parte 2)

El profesor e investigador de la UAL es una referencia en la Biotecnología de microalgas

Emilio Molina Grima, doctor en Química, y profesor e investigador en la Universidad de Almería, en un parque del campus.
Emilio Molina Grima, doctor en Química, y profesor e investigador en la Universidad de Almería, en un parque del campus. Remedios Fernández

“Al mundo de la biotecnología de microalgas llegué en 1988, once años después de haber terminado mi tesis doctoral”, dice Emilio Molina Grima. “Y ahora puedo decir que, en los cuatro grandes mercados en los que las microalgas podrían tener un papel relevante (Energía y Medio Ambiente, Agricultura, Alimentación Animal y Acuicultura, y Consumo Humano), hemos logrado ejecutar, y siguen en desarrollo, varios proyectos...”.


Licenciado en Ciencias Químicas, y doctor en Químicas por la Universidad de Granada, Emilio es profesor e investigador en la Universidad de Almería, donde es responsable del grupo de investigación de Biotecnología de Microalgas Marinas. A punto de jubilarse, repasa su trayectoria, y puedo ver la pasión que le despierta su campo de trabajo.


“En 1988 realizamos nuestro primer proyecto, y dos años más tarde nos concedieron otro proyecto nacional para la construcción de fotobiorreactores tubulares para producir biomasa de microalgas para la acuicultura”, explica. “En ese proyecto nos dimos cuenta de la importancia que tenía la fluidodinámica dentro del reactor, para aumentar la cantidad de luz recibida por las células, la transferencia de materia para aumentar la transferencia de CO2 y la eliminación del O2 fotosintético generado, y la transmisión de calor para controlar la temperatura dentro del reactor”.



“Ese enfoque ingenieril constituyó una seña de identidad de nuestro incipiente grupo de biotecnología de las microalgas, que sigue manteniéndose en la actualidad, pues entonces toda la investigación sobre microalgas procedía de grupos de ciencias de la vida...”.


Colaboración



En 1990 acudieron a su primer Congreso relacionado con la Biotecnología, “y allí asistimos a una ponencia del Dr. Gudin, responsable del departamento de Biología del Centro de Estudios Atómicos de Cadarache (Francia). Dentro de la Central Nuclear existían fotobiorreactores similares a los que queríamos construir nosotros en un proyecto nacional ese mismo año. Nos invitaron a formar parte de un proyecto de investigación europeo que preparaban. “Le dije que éramos unos principiantes, y solo teníamos un trabajo científico publicado, pero...”.


Era un proyecto para producir microalgas marinas ricas en ácidos grasos poliinsaturados para acuicultura. Fue aprobado, “y a raíz de ahí, la progresión científica del grupo fue exponencial”, dice Emilio. “Más proyectos nacionales, más personal que entraba en el grupo, más tesis doctorales... La aprobación de la Universidad de Almería en 1993 también potenció la fortaleza del grupo de investigación. La primera planta piloto que instalamos, con la ayuda de nuestros colegas franceses, también fue muy importante para impulsar la investigación en biotecnología de microalgas...”.



Proyectos

Emilio desgrana toda una vida dedicada a la investigación. “En 1997 presentamos el proyecto europeo EPALMAR como coordinadores, cuyo objetivo era la producción y purificación de ácidos grasos poliinsaturados”, destaca. “Y tuvimos ocasión de compartir nuestro conocimiento con empresas del sector farmacéutico de Inglaterra e Italia, y con grupos de universidades de Reino Unido, Italia e Israel. Ese fue un definitivo espaldarazo internacional a nuestra investigación, y para la Universidad, que apenas tenía cuatro años”.


Y destaca también el año 2002, cuando celebraron en Aguadulce el 1o Congreso Internacional de la Sociedad Internacional de Ficología Aplicada, y la 9a Conferencia Internacional de Algología. “Los congresistas pudieron visitar nuestras instalaciones en la UAL, y la Fundación Ramón Areces financió un simposio paralelo sobre Microalgas y Salud, al que asistieron especialistas de varios países, y empresas del sector de nutrición”.


El grupo de investigación ya era un referente internacional, con proyectos muy definidos en el ámbito de la purificación de los ácidos grasos poliinsaturados, de tecnología enzimática para la producción de lípidos estructurados a partir de microalgas. “Y nos arriesgamos a cultivar dinoflagelados marinos para producir estándares de referencia de toxinas alimentarias y de moléculas con actividad antitumoral”. En 2004 iniciaron una colaboración estratégica con la Fundación Cajamar, en las instalaciones de Las Palmerillas, que les permitió dar un paso de gigante en el escalado de los cultivos que tenían en la UAL. “Instalamos y evaluamos diferentes tipos de fotobiorreactores, que luego utilizamos en proyectos con Endesa, Acciona, Algaenergy e Iberdrola”, añade.


Aportaciones

“Esta colaboración potenció también el contacto con empresas en Almería, que nos suministraban equipos y material auxiliar para la construcción y operación de nuestros fotobiorreactores de producción de biomasa y de equipos para el cosechado de microalgas...”.


En esta colaboración con Cajamar desarrollaron un proyecto con la Universidad de Southampton, para la depuración de aguas residuales urbanas con reactores tipo carrusel. “Estas instalaciones fueron un escaparate para visitas de investigadores y compañías de todo el planeta, y se inició una colaboración con AQUALIA, que hoy sigue viva, para la posible depuración de aguas residuales con microalgas”.


La Biotecnología de microalgas es un campo amplio, y muy importante en nuestro días, recalca Emilio. “Podemos aportar soluciones que potencien la singularidad de nuestras empresas en el sector de la agricultura y el medio ambiente, mejorando lo que hemos desarrollado con microalgas en el sector de los bioestimulantes y biopesticidas para la agricultura”.


“Y en la acuicultura”, añade, “aportando biomasa de calidad y/o fracciones lipídicas de la misma, que puedan mejorar la salud de los peces y su sistema inmunitario. Debemos potenciar la investigación sobre la producción de sustancias bioactivas de dinoflagelados marinos; y, a la vez, la producción de estándares de referencia para el diagnóstico rápido de las mareas rojas, y el control de la toxicidad de las capturas en esa área...”.


EL CAMINO: POTENCIAR LA INVESTIGACIÓN

“Debemos seguir profundizando en el desarrollo de fotobiorreactores más eficientes”, reflexiona Emilio Molina cuando le pregunto por los retos futuros de su campo de investigación. “En general, los mejores reactores que hemos desarrollado han llegado a tener eficiencias fotosintéticas temporales del 1,5 - 3% con respecto a la radiación total que incide sobre el cultivo. Y, de acuerdo con la fotosíntesis, el rendimiento máximo es del 5%. Hay que mejorar en la ingeniería de fotobiorreactores para aumentar el rendimiento y que sea más prolongado en el tiempo”.


“Además, hay que potenciar la investigación fundamental y el desarrollo de conocimientos sobre fotosíntesis, modelos de crecimiento, fluidodinámica, transferencia de materia y energía dentro del fotobiorreactor, el control y la simulación del cultivo... Estos conocimientos incidirán en la mejora del rendimiento fotosintético de los cultivos, y el aumento de la productividad de las instalaciones”.


 

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