“Ninguna transición es fácil”: primeras palabras de Gómez Cantero como obispo

Primera carta de Antonio Gómez Cantero como obispo de Almería

Antonio Gómez Cantero, en una instantánea de Juan Sánchez.
Antonio Gómez Cantero, en una instantánea de Juan Sánchez.

El comunicado de la Diócesis de Almería anunciando que el papa Francisco ha aceptado la renuncia de Adolfo González Montes 16 días después de cumplir los 75 años iba acompañado de las primeras palabras de Antonio Gómez Cantero como obispo diocesano de Almería. Una carta en la que el prelado reconoce "que ninguna transición es fácil, pues todo cambio genera cierta incertidumbre y provoca nuevas expectativas, confiemos y construyamos comunidad".


En la carta, Gómez Cantero recuerda los primeros pasos de este 'embarazo' episcopal: "Mañana hace nueve meses que estoy entre vosotros y trece días después tomé posesión como vuestro obispo coadjutor en nuestra Catedral de la Encarnación. Nueve meses es toda una gestación, a veces dolorosa, y un tiempo significativo para pisar tierra, para un primer discernimiento, no demasiado profundo, y para sentir los latidos de algunas de nuestras comunidades cristianas, de los presbíteros, los diáconos, y de muchas personas laicas y de la vida consagrada, tanto contemplativa como apostólica".


A continuación, reproducimos de forma íntegra el contenido de la primera carta de Antonio Gómez Cantero como obispo de Almería:



"Mis queridas comunidades de esta bendita Iglesia que peregrina por la historia y las tierras de Almería. Mañana hace nueve meses que estoy entre vosotros y trece días después tomé posesión como vuestro obispo coadjutor en nuestra Catedral de la Encarnación. Nueve meses es toda una gestación, a veces dolorosa, y un tiempo significativo para pisar tierra, para un primer discernimiento, no demasiado profundo, y para sentir los latidos de algunas de nuestras comunidades cristianas, de los presbíteros, los diáconos, y de muchas personas laicas y de la vida consagrada, tanto contemplativa como apostólica. Esto me ha impulsado a cambiar el corazón y a comenzar a amar esta comunidad diocesana. Doy las gracias por ello a mi Consejo Episcopal de Gobierno, y a todos aquellos que, con gozo y mirando siempre al futuro, de una manera fraterna y evangélica, habéis estado rezando por mí, y me habéis impulsado a mantener esta esperanza que ya anida en mi corazón. El Espíritu me trae en un momento de ilusionante en el que la iglesia busca la sinodalidad y nos invita a caminar siempre juntos.


Las comunidades me sostenéis, y yo camino en medio de vosotras. El aliento es el del Espíritu, cada persona debemos dejarnos empujar por él, cada una desde la vocación que hemos recibido. Solo juntos y unidos podemos avanzar. La historia de la iglesia es una peregrinación hacia la patria prometida, y desde San Indalecio, todos vamos pasando y construyendo iglesia: la gente sencilla que mantienen su fe por encima de toda adversidad; las comunidades de vida apostólica y consagrada que acompañan cualquier tipo de pobreza o necesidad mostrando la ternura de Dios; las de vida contemplativa que mantienen encendida la lámpara del templo con su oración vicaria; la Acción Católica que como la mostaza enraíza y da vida; las hermandades y cofradías que renováis vuestra fe en la devoción, la liturgia y la caridad; aquellas personas que trabajan en la Iglesia por la justicia; las que recomponen las vidas rotas; los sacerdotes y diáconos que construyen comunidad con su presencia apostólica y su servicio, y al final el obispo, pastor y guía, consuelo y alimento, ternura y caricia de Dios, padre y hermano mayor, y todo en Cristo.



Los caminos de vuelta, como el de Emaús, siempre generan gozo interior, hace que perdamos los miedos y, sobre todo, nos hacen volver a la Iglesia reunida, hombres y mujeres en oración, en torno a María, para abrirse a los cuatro puntos cardinales en una efusiva misión. Sólo el Espíritu, y no nuestras fuerzas, hace posible que la Buena Noticia llegue al corazón de la humanidad y se grabe como un tatuaje para siempre. Esto es lo único que permanece hasta y durante la vida eterna, todo lo demás es banalidad y apariencia.


Damos gracias a Dios por estos diecinueve años en que D. Adolfo ha presidido nuestra iglesia, tomando el relevo de D. Rosendo, como yo ahora lo tomo de él, en esta sucesión apostólica desde los inicios de la primera evangelización. Vivo con gozo e ilusionado en medio de esta Iglesia de Almería, estoy aprendiendo mucho con vosotros, los jóvenes también me enseñáis. Sé que ninguna transición es fácil, pues todo cambio genera cierta incertidumbre y provoca nuevas expectativas, confiemos y construyamos comunidad. Que nuestra vida sea testimonio del Amor de Dios, que las dificultades nos unan cada vez más aún, y el gozo de ser creyentes ilumine y de paz a todos los que nos rodean, para que en nosotros descubran que vale la pena seguir creyendo. Cristo siempre abre nuevos caminos. ¡Ánimo y adelante!


Vuestro obispo, porque os pertenezco,


+ Antonio Gómez Cantero

Obispo de Almería".

 

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