“La mayor dificultad en el sector agrario es estar dada en la Seguridad Social”

Muchas mujeres tuvieron que abandonar sus empleos para cuidar de sus hijos durante la pandemia

Inmaculada Idáñez, presidenta de CERES.
Inmaculada Idáñez, presidenta de CERES. La Voz
Nazaret García
22:00 • 12 nov. 2021

La almeriense Inmaculada Idáñez Vargas es presidenta de CERES en Almería. Es una mujer que lucha por los derechos de las mujeres trabajadoras del medio agrícola. Siente una gran responsabilidad por la igualdad de oportunidades y la valía de todas las mujeres que sí pueden y quieren dedicarse a un sector tan masculinizado como es la agricultura. 



¿Cómo está cambiando el concepto de la mujer rural en la actualidad?



La mujer sigue estando como estaba, pero lentamente se están produciendo cambios. Aunque claro, esos cambios vienen de mucho trabajo atrás y de un proceso de concienciación de toda la sociedad en general. La mujer siempre hacía las tareas de la casa, todo lo que tenía que ver con el ámbito privado, y el hombre era el que salía. Afortunadamente, eso está cambiando. Llevamos unos años muy intensos de trabajo. Se están viendo más mujeres en las cooperativas, mujeres que se presentan y salen votadas. En definitiva, más mujeres en todos los órganos donde se decide y ahí ellas empiezan a ser votadas, no por el hecho de ser mujeres, sino por su valía como persona. Se están viendo incluso mujeres en las ejecutivas ya.



¿Huye más la mujer que el hombre del medio rural?



La mujer que huye del medio rural para irse a la ciudad es casi siempre para estudiar. Y la mayoría de veces, al ver otro mundo y otra situación diferente, deciden quedarse. Además, las mujeres estamos muy preparadas para cualquier empleo, igual que los hombres. Antes era el hombre el que más salía, y yo creo que ahora es al revés. En realidad, tenemos que darnos cuenta que tenemos vida en los pueblos y empleo, entendiendo que las mujeres no tendríamos que irnos de los pueblos porque estamos realmente preparadas. Saldríamos a estudiar y volveríamos. Pero claro, hablamos de municipio muy pequeños y dependiendo de lo que nos queramos dedicar, así hacemos las mujeres. Sin embargo, sí es verdad que con el Covid hay muchas familias que quieren volver a su pueblo, pero aún así, las mujeres siempre tienden a buscar territorios relativamente grandes donde haya el mayor número de servicios. 



Entiendo que es un medio más tradicional en valores que la urbe, ¿es el machismo más explícito?



En los pueblos no hay la misma mentalidad, ni la misma libertad, ni independencia. No se pueden casi comparar. Tenemos pueblos de 100, 200, 500 habitantes, donde todos se conocen y al estar tan metidos en el medio rural, prima más la cultura de muchos años atrás, es decir, la del patriarcado. Esto no es nuevo, está asentado en la sociedad y no podemos señalar a nadie. Pero sí, es cierto que en los pueblos hay mucho más machismo que en los pueblos más grandes y en las ciudades. Es verdad que cuanto más pequeño, más machismo.



¿Cómo hacéis política de cambio en los pueblos?

Hay que tener en cuenta que las asociaciones hacemos un papel fundamental porque las mujeres hacen política al juntarse. Hablan de todo. En pueblos tan pequeños, todo llega directamente a los ayuntamientos. En nuestro caso, somos una asociación de agricultoras y ganaderas con el objetivo de la formación de mujeres dentro del sector agrario y todo lo que engloba. Valía la tenemos, preparadas estamos, pero necesitamos un empujón. Por eso, con la asociación llegamos a muchas mujeres, e incluso hombres. Los cambios se producen cuando estos temas se llevan a casa y se conversa. Ahí está el cambio. Esperemos que esto siga hacia delante y que cuando una mujer coja una responsabilidad, entendamos que es por su valía. Tenemos que verlo desde esa perspectiva. Tenemos que estar porque hasta ahora no hemos estado, siempre han sido los hombres los que han estado más visible, sobretodo en el sector agrario. 


¿Hay  respaldo por parte de las administraciones?

Sí, porque todo lo que recoge el papel y todas las propuestas siguen hacia delante. Y de hecho, está recogido ya en papel que la mujer puede y tiene que participar en  igualdad de condiciones que los hombres. Ahora sí consta en el papel. Pero luego todo eso tiene que salir por unas votaciones y eso ya no depende de nosotras mismas. Hay cosas que dependen de la mayoría.


¿Es posible hacer desaparecer el rol tradicional de la mujer en la España vaciada?

Eso también está cambiando, pero es cierto que a pueblos del interior es más difícil. Hay hombres que se quedan en casa, porque también hay hombres que no tienen trabajo, y es la mujer la que sale a trabajar. Es cierto que el trabajo que ha hecho la mujer en casa, siempre ha sido gratuito, es algo a lo que nos brindamos sin nada a cambio.  Y por eso siempre queremos salir fuera porque es remunerado, te da derechos. Incluso a veces ni se valora y cada vez se quiere menos ese trabajo del ámbito privado. Es como ser dependiente del que trae el dinero a casa. También es verdad tenemos unas chicas jóvenes con las ideas muy claras y preparadas, y eso ayuda mucho. Yo creo que para erradicar todo esto lo más necesario es la educación en valores a niños y niñas. Tiene que salir desde la cuna en las familias para terminar con esto.


¿Dónde encuentra la mujer la mayor dificultad en el sector agrario?

La mayor dificultad en el sector agrario para la mujer es estar dada en la Seguridad Social. Hay muchísimas mujeres que van como ayuda familiar o ama de casa y no figuran en ningún lado, y muchas de ellas están trabajando. Esa es una de las trabas más grandes con la que nos hemos encontrado. Una mujer, que lleve toda la vida trabajando, y que no esté dada de alta, no tiene ningún tipo de derecho porque no está recogido en ningún sitio. Es lo que más nos cuesta llegar porque la empresa o la explotación puede tener un titular y el propietario puede ser otra persona, pero en este caso los que están activos son los hombres. Eso es lo que nos cuesta llegar, que una mujer sea cotitular en la explotación. Y luego nos está costando llegar a los órganos de decisión, véase juntas directivas de una cooperativa, como de una organización agraria, como de una comunidad de regantes. Estamos viendo más mujeres, pero nos está costando decidirnos a presentarnos porque ya de por sí llevamos muchas cosas encima como la conciliación, nuestros mayores, y sabemos hasta donde podemos llegar. 


¿Impulsan las madres a que sus hijas salgan de los pueblos?

Yo creo que eso sigue y los padres y madres siguen diciéndoles a las hijas que salgan. Yo, que estoy en el sector agrario, no le inculco a mis hijas que se vayan, porque creo que es un sector que tiene futuro y que tenemos que seguir cultivando y sembrando. Pero sí las animo a que estudien y que si quieren trabajar la tierra en algún momento, pueden venir.


¿Qué problemas se han sumado durante la pandemia?

En el campo, nosotros hemos sido afortunados porque hemos podido salir a trabajar cuando había otros que no podían. Yo me he sentido importante, porque teníamos que seguir llevando comida a las mesas y estar al servicio de la sociedad. Sin embargo, muchas mujeres han tenido que abandonar su trabajo, porque muchas de ellas tenían que quedarse con sus hijos y con sus mayores. Había que hacerlo, pero también valorarlo. A nosotras se nos ha triplicado el trabajo. También te diría que aumentaron los precios de frutas y hortalizas, pero a nosotros no nos llegó. Si sube los precios y el consumo, debería de llegarnos a nosotros. 




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