La avenida de la huerta de Azcona

La Avenida del Mediterráneo fue la gran artería del polígono

La zona del colegio Azcona estaba sin urbanizar a mediados de los años 70 y sus descampados se aprovechaban para las pruebas de motocross.
La zona del colegio Azcona estaba sin urbanizar a mediados de los años 70 y sus descampados se aprovechaban para las pruebas de motocross.
Eduardo de Vicente
07:00 • 01 nov. 2021

En abril de 1969 el ayuntamiento acordó la redacción de un proyecto para la apertura de una nueva avenida que partiendo de la Carretera de Níjar, a la altura de la Prisión Provincial, uniera este punto de la ciudad con el camino que por el Zapillo conducía a Cabo de Gata. Se trataba de un proyecto ambicioso que pretendía abrir nuevos caminos que facilitaran el crecimiento de Almería hacia Levante, conquistando así una zona de vega fundamental para asegurar el futuro urbanístico de la ciudad. 


Aquellos parajes habían sido el corazón de la Vega de Almería. Formaban parte de los barrios conocidos como Carrera de Montserrat, Huerta de Azcona y Carrera del Perú, que en realidad no tenían vocación alguna de barrio, ya que se trataba de un ramillete de cortijos y casas de labor en medio de la vega, unidos por estrechas veredas y senderos entre cañaverales. En las primeras décadas del siglo pasado, aquel distrito llegó a tener censados más de seiscientos vecinos.


Cuando a finales de los años sesenta se abordó la urbanización definitiva de la zona para unirla a la ciudad que venían creciendo hacia el Este desde el Camino de Ronda,   se pensó en la creación de una gran avenida, la que hasta entonces iba a ser la más extensa de la capital, que atravesando los campos desde la altura de la cárcel, desembocara al sur frente al mar. Se proyectó en dos tramos: el primero desde la Carretera de Níjar hasta el Camino de Sierra Alhamilla, y el segundo y más complicado, el  que surcando las huertas del Tagarete y el Zapillo desembocara en la misma Avenida de Cabo de Gata. En octubre de 1972 comenzaron los trabajos de explanación del terreno para acometer las obras del primer tramo. Hubo serios contratiempos como el problema que supuso la gran boquera que recorría aquellos senderos, que se extendía hasta la orilla de la playa. 



A finales de 1972 empezaron a levantarse grandes edificios en la bautizada como Avenida del Mediterráneo. Los primeros que se proyectaron en la nueva artería fueron los de la Jefatura Provincial del Movimiento y el Pabellón Municipal de Deportes.


El Pabellón de Deportes tuvo una larga gestación. Desde mediados de los años sesenta, una de las aspiraciones de la sociedad almeriense era tener un lugar cubierto para practicar deportes de pista. 



El primer plan del ayuntamiento fue construir el Pabellón en la Carrera de Alhadra, en el barrio de Los Molinos, pero los terrenos que se habían previsto para su construcción, se utilizaron después para levantar un Instituto de Bachillerato. El cambio de planes obligó a buscar una nueva ubicación para el Pabellón. En febrero de 1972 se aprobó un nuevo proyecto sobre diez mil metros cuadrados, en la recién estrenada Avenida del Mediterráneo, en los terrenos de la finca Villa Mercedes, que el entonces alcalde, Francisco Gómez Angulo, trataba de adquirir negociando con sus propietarios, la familia del Águila Asensio. 


Las obras del Pabellón de Deportes se iniciaron en 1973 y cuando el esqueleto del edificio ya estaba levantado, anunciando una moderna instalación para la ciudad, se detuvieron los trabajos por falta de dinero. Durante años, aquella estructura desnuda de hierros formó parte del paisaje de los almerienses, que no pudieron ver concluida e inaugurada la gran obra hasta 1981.


La Avenida del Mediterráneo iba creciendo con la llegada de nuevos edificios, la plantación en el andén central de ficus como los del Paseo, y la colocación de un monolito que recordaba al almirante Luis Carrero Blanco, víctima de un atentado de ETA. En su memoria, la avenida fue rebautizada con su nombre en enero de 1974. 


La urbanización del sector no fue fácil porque a la hora de construir y hacer los pilares de los pisos, surgieron dificultades por las características del terreno. En mayo de 1974 hubo que volar con dinamita un gigante de cinco plantas que se tambaleaba al haber sido levantado sobre una base frágil y movediza. 


Durante los primeros años de vida, mientras seguía creciendo de forma imparable, la avenida de la Huerta de Azcona, como también se le conocía, mostraba una estampa de extraños contrastes: los bloques en construcción de los edificios, surgiendo entre los últimos restos de una vega en retirada. 


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