Halloween se queda en los escaparates aunque no se celebre la Noche en Negro

El Ayuntamiento de Almería no va a organizar este año programación especial

En la histórica tienda de Río Preto su propietario ha vuelto a buscar en Halloween el negocio que ha tenido en otros años.
En la histórica tienda de Río Preto su propietario ha vuelto a buscar en Halloween el negocio que ha tenido en otros años.
Eduardo de Vicente
07:00 • 24 oct. 2021

La fiesta del miedo que no asusta, la fiesta sin alma que no va más allá de un sucedáneo barato del carnaval, pero sin la gracia y sin la picardía de las coplillas, no va a tener este año el respaldo institucional que necesita para convertirse en un acontecimiento multitudinario como lo fue antes de la pandemia.



Halloween, sin el aparato del Ayuntamiento, se queda en lo que realmente es: en nada, en un paseo de disfraces de fantasmas y de muertos vivientes con caras de aburridos y en una exaltación masiva del tapeo colectivo, un buen pretexto para terminar en los bares con los amigos o con la familia, como ocurre cada fin de semana sin que se tenga que celebrarse nada extraordinario. La noche en negro no lo tiene claro. Al margen de la realidad sanitaria en la que todavía nos movemos, su organización para fechas futuras ofrece bastantes dudas. Nadie puede negar que ha tenido una gran aceptación en la ciudad, que la respuesta ha sido masiva, que algunos comercios han hecho un buen negocio y que los bares han doblado el trabajo, pero detrás del éxito aparece un gran fracaso, el de no haber podido frenar los actos vandálicos que han surgido por todos los puntos cardinales de la ciudad llegando incluso a parar las líneas de autobuses. 



En el año 2018 se tuvo que suspender el servicio de transporte público para salvaguardar la integridad de los viajeros y de los conductores. Los autobuses fueron atacados con lanzamientos de huevos y en algunos casos hasta con piedras. En 2019, el último año que se organizó, las autoridades intentaron tímidamente frenar a los bárbaros, reforzando la vigilancia, pero las medidas resultaron estériles y de nuevo, la noche del miedo se tornó terrorífica para los siete autobuses que tuvieron que dejar de hacer su ruta. Además, hubo destrozos en vehículos, quema de contenedores y guerrillas de huevos que dejaron su huella en muchas calles de la ciudad y en un buen número de fachadas.



Las llamadas de los vecinos  pidiendo la intervención de la policía no sirvieron para nada porque no había suficientes efectivos para contener la avalancha, porque era imposible identificar a los vándalos que no tardaban en huir cuando cometían las fechorías y porque cuando detenían a un lanzador de huevos nadie sabía qué ley aplicarle. Los ataques con huevos fueron masivos, especialmente en algunas zonas del casco histórico próximas a la Alcazaba, donde varias pandillas de niños se dedicaron a lanzar huevos contra todo lo que se moviera.






El dilema que se le plantea ahora a las autoridades, de cara al futuro, es qué hacer con este invento que por un lado llena de vida por una noche el centro de la ciudad y favorece a los negocios, pero que por otro facilita la actuación de los gamberros y supone una  buena coartada para los actos delictivos. Este año, sin noche negra, Halloween se vive más en los colegios y en los escaparates, aunque sin la fuerza de otros años. Sin el empuje institucional, la fiesta se puede quedar en una anécdota. Los comercios están intentando sacar tajada de esta fecha, pero sin el movimiento de años pasados. Se pueden ver las historias de miedo en las vidrieras de las librerías esperando que se acerquen los lectores,  y los disfraces terroríficos que todos los otoños aparecen en los escaparates de Río Preto, pero no se respira ambiente de fiesta. En Almería, Halloween no es nada sin el Ayuntamiento empujando detrás.





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