Con la primera arrancada cayó al suelo, se levantó y dijo “otra vez”

Música y halterofilia sirven como la mejor terapia para un joven con Charcot-Marie-Tooth

Mario sorprendió a todos realizando cargadas y arrancadas de 30 kilos de peso. Foto de V.N
Mario sorprendió a todos realizando cargadas y arrancadas de 30 kilos de peso. Foto de V.N

Con las manos polvorientas del magnesio el halterófilo se coloca frente al instrumento que durante la sesión de entrenamiento será todo su mundo. Una barra de metal, flanqueada por dos discos de peso esperan pacientemente a que el atleta coloque sus manos sobre ellas y respire hondo.


En ese momento sólo existe el silencio, la concentración y la decisión de hacer algo extraordinario. El deseo de llevar las capacidades físicas a otro nivel y una energética y breve explosión corporal, elevan esa barra al Olimpo.




Repetición, dedicación y luego más repetición, no cabe otra y Mario lo sabe bien, a tal punto que gracias a la práctica de la halterofilia, su salud y calidad de vida han mejorado tanto, que éste adolescente de Viator ha convertido esta disciplina olímpica en la mejor de sus terapias.


Un cerebro ágil de movimientos imprecisos



Desde muy niño, el joven empezó a dar signos que lo diferenciaban del resto de los chicos y chicas de edad. Por aquel entones, Mario recibiría la noticia de ser una persona con altas capacidades intelectuales, no obstante, la alta velocidad a la que funcionaba su cerebro no se correspondía con la capacidad de reacción de sus movimientos, siendo estos más lentos y poco precisos.


Bien es sabido que las personas con altas capacidades pueden sufrir del síndrome de ‘Disincronía Psicomotora’, con dificultades para coordinar una gran agilidad mental con sus movimientos. Y esa fue la rutina de Mario durante su vida escolar.


Sus movimientos torpes y su carácter tímido lo mantuvieron alejado de los deportes de equipo, pero su intelecto feroz no daba tregua a que el aprendizaje se relajara, tal era su voracidad que entró en el instituto un año antes.


El muchacho acusó la diferencia de edad respecto al resto de sus compañeros, y a medida que su cuerpo se desarrollaba sus movimientos comenzaron ha experimentar nuevos síntomas.


Una dura carga para levantar

Fue en una clase de Educación Física cuando el profesor advirtió algún detalle fuera de lo común en el comportamiento de Mario. Lo que todos pensaban que era la inherente Disincronía resultó ser un fatal diagnóstico de Síndrome de Charcot-Marie-Tooth, una neuropatía degenerativa que afecta al sistema nervioso periférico.


La noticia golpeó como un martillo la psique de sus padres y Mario, sin embargo, encontraba las respuestas que su corta vida necesitaba. Sus complejos desaparecerían como motas de polvo de magnesio en el viento al ponerle nombre, apellidos y contexto a sus problemas motores.


Música para sus músculos

La evidente preocupación de sus padres al ser conscientes que tarde o temprano la actividad nerviosa de los miembros externos de su hijo se iría desconectando progresivamente, les hizo pensar que una actividad deportiva ayudaría a ralentizar los efectos de la enfermedad.


Cualquier idea por mantener los débiles músculos de Mario activos era más que bienvenida. Natación, el llamado deporte ‘más completo’, fue el camino que sus padres pensaron que debía seguir, aunque la piscina no pareció agradar mucho al chico


Lo que sí lo hacía en cambio, estaba lejos del deporte, una actividad que estimulaba su coordinación mental y corpórea a partes iguales, la música. Iniciándose en el piano, Mario accedió por libre al Real Conservatorio Profesional de Música de Almería, comenzando así su andadura por la disciplina de la musa Thalia sentado a un piano. No obstante, encontrar el instrumento adecuado al gusto y personalidad no siempre es fácil, y el de Mario estaba en la sección de viento.


Empezar a estudiar trombón le ha valido a este joven dos premios, el primero, la mejora de sus revisiones médicas y el segundo, la pasión por algo de lo que desea hacer su profesión. “Soy consciente que no podré ser intérprete el día que la enfermedad afecte a mis brazos, pero ser compositor y productor no me lo podrá arrebatar”. explicaba Mario.


Su entrenador vio en él algo más que un niño enfermo y  el joven lo recibió como su mentor

Aconsejado por un preparador físico en el gimnasio donde entrenaba su padre, Mario entra en contacto con el deporte de la halterofilia, y con una persona que ha cambiado su vida.


Cuando en junio de 2019 el joven asistió a su primer entrenamiento, su situación física había empeorado considerablemente “su espalda estaba afectada por la escoliosis y andar sin caer al suelo era imposible” explicaba su madre.


Pero poco parecía importar a Mario esta situación. Determinado a entrenar como cualquier otro, le bastó poco más de un año de ejercicios de coordinación y propiocepción para empezar a carburar su cuerpo. “Un día se presentó y me dijo, que quería empezar con la halterofilia” comenta su entrenador, “evidentemente -continúa- a la primera arrancada dio de bruces contra el suelo, pero se levantó y dijo, otra vez”.


Después de un año de entrenamiento, el chico sorprendía a padres, médicos y entrenador, haciendo cargadas con 20 o 30 Kg. “eso era impensable” confesaba su entrenador. Estos logros no sólo han repercutido en la salud y autoestima de Mario, sino que ha arrastrado con él a su familia. “Nos da una bofetada de realidad” explica su madre. “Esta es su mejor terapia y nos ha dado fuerza a todos. Ha demostrado que por pesada que sea la carga, se puede levantar, y él también”.


Síndrome Charcot-Marie-Tooth

Neuropatía hereditaria que causa lesiones en los nervios, atacando con mayor devastación a brazos y piernas.

Esta enfermedad provoca que los músculos sean más pequeños y débiles, lo que propicia la perdida de sensibilidad y la dificultad para caminar.


Suele aparecer en la adolescencia y son comunes las deformidades en pies, causando dedos de martillo y arcos plantares.

A medida que la enfermedad progresa, los síntomas ascienden por las extremidades inferiores hasta afectar a los brazos.



 

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