“Cuando le negaron el acceso, pensé que no iba a poder salir”

La mediación de la UAL, clave para sacar de Afganistán a uno de sus estudiantes

El vicerrector, Julián Cuevas rastreó las informaciones en los medios de comunicación hasta encontrar un mapa del aeropuerto de Kabul.
El vicerrector, Julián Cuevas rastreó las informaciones en los medios de comunicación hasta encontrar un mapa del aeropuerto de Kabul. La Voz

Una día corriente, como todos los demás. De esos en los que el intenso calor solo invita a buscar cobijo en un lugar frío para combatir las temperaturas. Los comercios abren a la espera de clientela, algunos van a la playa para aprovechar los estertores de agosto y los centros educativos están cerrados a cal y canto.


Un final de agosto estándar que no auguraba que nada ni nadie interrumpiese su relajado trasiego más allá de la cotidianidad que rige la ciudad, pero a 8.214 Km., un e-mail de urgencia iba trastocar por entero la tranquilidad de toda una universidad. Emran, estudiante afgano de la UAL pedía ayuda desde Kabul, a la institución académica para poder volver a Almería, después de que los talibanes tomasen su país.


Al teléfono particular del vicerrector de Internacionalización de la Universidad de Almería, Julián Cuevas, llegaría esa llamada de socorro, después de varios intentos e intermediarios. “El profesor Nabil Perdú, al caer Kabul, se puso en contacto conmigo para informarme de la situación de Emran”, manifestó Julián Cuevas, explicando que, acto seguido a la comunicación del profesor Perdú, intentó localizar por todos los medios al muchacho hasta conseguirlo.



Mediación en cadena

La cadena de correos electrónicos y llamadas se inició en Afganistán y llegó a Almería a través de la estudiante de nepalí Era Poudel, persona muy allegada a Emran y compañera de estudios en la UAL. Poudel al comprobar que sus esfuerzos por contactar con la universidad eran infructíferos, tomó la decisión de avisar directamente a un profesor que ambos estudiantes tienen en común, Nabil Perdú , quien se convertiría en la llave de acceso al vicerrector.



“Cuando fui informado de la situación y Emran me contó que un amigo pudo salir a través de la mediación de su universidad de acogida, no lo pensé dos veces. Redacté una carta donde identificaba a Emran como alumno de la UAL y residente en Almería” relató Cuevas. El responsable de Internacionalización de la UAL, explicó que tenía confianza de que la misiva sirviese como aval ante las autoridades españolas.


En el plazo de dos horas, todos los lazos de comunicación Kabul-Almería estuvieron fijados y estables, y el equipo de gobierno de la Universidad de Almería, encabezado por el rector Carmelo Rodríguez, informado y preparado por si fuera necesario mediar con el Ministerio de Asuntos Exteriores o el de Defensa.


El Mapa de salida

 “Me comunicaba constantemente con Emran, pero hubo una llamada que para mí fue devastadora” confesó Julián Cuevas, ese momento fue la primera vez que el estudiante no pudo acceder al aeropuerto. “Pensé que ya no iba a poder salir”, remarcó el vicerrector.


Lejos de amilanarse, y ya con la certeza de que el documento universitario fue válido, Julián Cuevas hizo acopio de toda la información existente hasta la fecha en los medios de comunicación sobre la toma de Afganistán por los talibanes, hasta encontrar un mapa explicativo del aeropuerto de Kabul, “le envié el mapa y le garanticé que había preparado un segundo vuelo”.


Aquella decisión tuvo una reacción en la psique del vicerrector que le forzó a autocensurarse en sus comunicaciones con Emran. “Sólo pensaba que los talibán pudieran acceder a su correo electrónico y tomaran represalias contra él. Fue un momento de psicosis”, confesaba el profesor Cuevas.


Acto humanitario

 Las comunicaciones estuvieron cortadas hasta que el avión hizo escala en Grecia “fueron unas horas de espera bastante angustiosas” remarcaba Cuevas. 


Los ánimos se calmaron cuando definitivamente el vuelo de Emran tocó tierra en Torrejón de Ardoz. Para el vicerrector, esta mediación de la UAL y la respuesta de Era Poulder y Nabil Perdú, así como la del Rector, supone un “acto de humanidad que hace que te enorgullezcas del trabajo que desempeñas a diario”.

 

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