Lo peor de la feria era el día después

Al día siguiente de acabar la feria el Parque y el puerto parecían un campo de batalla

Teníamos la feria tan cerca, la vivíamos con tanta fuerza que nos acababa dejando una herida cuando se marchaba. En la foto, un feriante afeitándose
Teníamos la feria tan cerca, la vivíamos con tanta fuerza que nos acababa dejando una herida cuando se marchaba. En la foto, un feriante afeitándose

Lo peor de la feria era que terminara en el último día de agosto y que tuviéramos que pasar, sin tregua, de la fiesta a la obligación con el tiempo justo para recuperar la cartera que habíamos escondido en el último rincón del armario. La teníamos tan olvidada después del largo verano que cuando nos reencontrábamos con ella no nos acordábamos ya ni del color. Tocar la cartera después del verano te dejaba una sensación parecida a la que sentimos años después el día que nos dieron el petate en el cuartel. La cartera vacía tenía el olor de los recuerdos más tristes del colegio y nos asomábamos a ella con el mismo temor que mirábamos hacia el fondo oscuro de un pozo. 



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