24 ‘lofts’ le darán vida al viejo granero

La empresa ‘Fomento Meridional’ ha adquirido el edificio para llenarlo de viviendas

Edificio del antiguo granero.
Edificio del antiguo granero. La Voz

Uno de los edificios más antiguos que quedan en pie en el casco histórico, la casa donde estuvo el antiguo granero, volverá a tener vida después de más de veinte años cerrada. Han sido dos décadas de continuo declive desde que los últimos inquilinos que habitaban una de las viviendas tuvieron que marcharse ante el progresivo deterioro de sus muros.


Los intentos por rehabilitar el histórico edificio se han sucedido en todo este tiempo sin que se cerrara ningún acuerdo, hasta que por fin la empresa ‘Fomento Meridional’ ha llegado a un entendimiento con los propietarios, ha adquirido el inmueble y ya ha puesto en marcha un ambicioso proyecto que de la mano del arquitecto José Ángel Ferrer va a mantener con vida las fachadas del edificio y el tramo de piedra de la escalera principal. 


La antigua casa del granero se quedará vacía por dentro para poder recibir una estructura donde se levantarán veinticuatro viviendas de tipo ‘loft’ que servirán para darle vida al casco histórico y para que al menos se puedan conservar las espléndidas fachadas de un edificio que tiene la peculiaridad de tener cuatro fachadas completamente distintas. La casa está tan integrada en la historia de la ciudad que es la única que conserva las cicatrices de los bombardeos de la guerra civil. 




Parte de atrás del edificio.
Parte de atrás del edificio.La Voz


El actual edificio fue construido entre 1876 y 1878 sobre el solar del antiguo granero del Cabildo Catedral, del que solo quedó en pie la fachada lateral de poniente. La vivienda era propiedad de don José Molina Sánchez y su construcción fue dirigida por el arquitecto Trinidad Cuartara.



Yo conocí el alma de aquella casona en sus días de esplendor. A finales de los años sesenta, sus seis viviendas estaban ocupadas y frente a la entrada principal, en el mismo portal, había una pequeña habitación donde vivía la portera, una mujer de avanzada edad que se buscaba la vida vendiendo caramelos sobre un pequeño mostrador de madera. 


La casa no tenía ascensor y para acceder a los pisos de arriba había que subir una grandiosa escalera de mármol que a partir de la primera planta se abría en dos ramales y cambiaba la piedra por escalones de madera. Las viviendas, por dentro, se llenaban de luz a través de los amplios balcones que daban a la Plaza del Granero y a la calle Escusada. 


Cada casa disponía de un patio interior donde aparecía la puerta de acceso a las escaleras de caracol que recorrían el vientre del edificio hasta desembocar en el terrado.  La fachada trasera, la que daba a la plazoleta de las calles del Niño y de Eusebio Arrieta, estaba  llena de grietas, viejas heridas  de  la  guerra  civil, cuando uno de los bombardeos que castigaron la ciudad dejó su huella en el edificio. 


La puesta en valor del viejo edificio supone una gran noticia para toda esa manzana que se extiende desde la Catedral al barrio de la Almedina, tan necesitada de repoblarse. En la vieja Plaza de Castaños, donde está enclavado el caserón, sus tres edificios históricos están vacíos y en claro proceso de deterioro. Ahora que se va a rehabilitar el del granero, sería  el momento idóneo para recuperar también las casa de enfrente, la antigua morada del presbítero Juan Navarro Ojeda, que fue construida en 1882 y que también lleva varias  décadas sin rastro de vida. 


Esta vivienda pertenece a la Iglesia, que también tiene la propiedad del edificio colindante, la casa con jardín que da a la calle de Valente, que está en un estado lamentable.


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