Dos hermanos y un ‘Niño de Oro’

Los cosecheros José y Antonio Benítez Blanes protagonizaron el tiempo de la Almería uvera

Antonio y José Benítez Blanes fueron concejal y presidente de la Diputación con casa comercial en Londres.
Antonio y José Benítez Blanes fueron concejal y presidente de la Diputación con casa comercial en Londres.

Si hubo un lapso contradictorio en la historia de Almería fue el de los felices años veinte del siglo XX, en el que flirtearon el continuismo con la modernización de la provincia, la opulencia con la lucha de clases, el más ferviente catolicismo con la impronta laica de la razón sobre la fe. Y Este galimatías de corrientes ideológicas, de lucha de clases y de rampante caciquismo, tuvo como eje la dictadura primoriverista y los albores republicanos, en un tira y afloja continuo entre patronos y obreros, entre las clases dominantes y una nueva fuerza proletaria que trataba de organizarse a través de los sindicatos en todos los pueblos. Y en el centro de la diana, la dorada uva parralera, como demiurgo sobre el que pivotaba toda esa vida económica y social tan alborotada de nuestros abuelos.


En ese paisaje tan almeriense, causante en parte para lo óptimo y lo menos óptimo de que Almería sea ahora como es, vivieron dos ricos hermanos, cosecheros, exportadores, dirigentes políticos, y también bienhechores, en un tiempo de carencias, en el que la filantropía tenía un valor multiplicador. 


José y Antonio Benítez Blanes, los protagonista de esta historia, nacidos en 1873 y 1872 respectivamente, eran oriundos de la vega de Almería, hijos de Antonio Benítez Alonso y de Josefa Blanes terratenientes de la época, como su tío Federico Benítez, que fue concejal durante varios años en la época anterior del turno de partidos.


Los dos hermanos Benítez fueron forjando una de las principales casas exportadoras de uva de la época con oficinas en Londres y al tiempo participando, desde su ideología conservadora en los principales movimientos políticos y de poder. José fue un hombre vinculado al adinerado banquero González Egea y al origen del partido de la Unión Patriótica que tuvo un gran protagonismo en la Almería de Primo de Rivera. Fue seguidor de Maura,  presidente de la Diputación en 1925 y administrador de la delegación del Banco de España.  En 1930 fue elegido concejal por ser uno de los mayores contribuyentes de la ciudad.


Perteneció también José en 1931 a la Unión Monárquica, una fuerza política que tuvo escaso vuelo y que pretendían la vuelta a la dictadura, pero sin lograrlo. Un año después fue acusado por el concejal López Pintor de haber contribuido con dinero desde Andalucía a una supuesta intentona golpista en el verano de 1932. Fue detenido, pero fue pronto puesto en libertad  sin cargos.



Durante una década, fue director del Sindicato de Riegos de Almería y Siete pueblos de su río, con oficina en la calle Lope de Vega y era el mayor contribuyente en rústica de Tabernas con propiedades en el pago Aguilar, Cortijo Sorruedo, pago Escalera, pago Chaparro y olivos en la hacienda de la Rambla. También acumulaba posesiones en Caniles (Granada), Pechina, Santa Cruz de Marchena, Níjar y Turrillas.


A tenor de sus obras, a José Benítez no le interesó solo el dinero: fue el impulsor de la Tienda Asilo -el antecedente de Cáritas- que tenía un comedor social en el mismo lugar donde está ahora el de La Milagrosa, en la calle Alcalde Muñoz.


Año tras año costeaba mil raciones de comida a los  niños pobres el Día de los Reyes Magos y el de su onomástica el 19 de marzo. En abril de 1936, poco antes de la Guerra, con una recesión de caballo en la economía provincial, hizo entrega al gobernador de un cheque de 50.000 pesetas en el Bar Cipriano para adquirir una finca que fuese sorteada  entre las familias más necesitadas de la ciudad. Y encabezó con 5.000 pesetas la suscripción para remediar el paro obrero de Almería. El siguiente en la lista era Francisco Oliveros con 100 pesetas. 


José Benítez se casó con Carmen Torres, hija del médico Serafín Torres Bocanegra, que fue la primera alumna inscrita en el Colegio de la Compañía de María cuando abrió en la ciudad en 1885 con la reverenda Zea Moreno como la primera priora llegada de Tudela. Con ella tuvo dos hijas -Carmen y María- y ambas fallecieron dejándolo sin descendencia y sumiéndolo en una honda depresión.


José Benítez habitó una de las casas más señoriales del Paseo, lo que hoy es la Galería Gran Avenida, con salida a la calle Reyes Católicos. Era una enorme mansión con patio de mármol, salida de carruajes y jardín trasero y caballerizas. Contaba también con casa para el cochero y con pinturas en el techo y estucos en las paredes. La casa fue habitada, tras su muerte, por la familia de su hermano Antonio.


También era propietario, a través de su esposa de otra casa señorial con oratorio en el Paseo haciendo esquina con la Calle Lachambre, donde había una hornacina con el Cristo de la Misericordia, donde hoy está el Banco Popular. El solar de la antigua cárcel del distrito en la calle Real también fue suyo, en el mismo lugar donde luego se abrió la Bodega El Patio de los Nache.


Vivió una vida de opulencia, vinculado a los González Egea, Madariaga, Callejón, Lagasca, pero José, a través del recuerdo que han dejado sus  obras, demostró siempre tener una sensibilidad especial con los menesterosos. Falleció en 1939 y en su testamento dejó una donación de 100.000 pesetas de la época para la reconstrucción del santuario de la Patrona y para comprar las camas del sanatorio antituberculoso.


Su hermano y socio, Antonio Benítez Blanes, fue concejal del ayuntamiento y alcalde accidental en varios periodos a partir de 1923. Era cuñado del notario Joaquín Monterreal y dueño  de Chirimías, una de las fincas más extensas de la provincia y de Los Albardinales. Tuvo una particular labor en la formación del Somatén, en el ferrocarril y en la constitución de la Unión Patriótica. Enviudó dos veces -de Concepción Alonso de Villasante y Mercedes Barros Pastor- y se casó una vez más con su cuñada Ángeles Barros Pastor y tuvo vivienda en la calle Martínez Campos.  Falleció en 1947 y uno de sus hijos, José Antonio Benítez Barros, continuó su labor benéfica y heredó tantas posesiones familiares que fue conocido como ‘El niño de oro’.


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