Confecciones Helen: un ‘hasta luego’ cargado de recuerdos de casi 50 años

Traspaso de la histórica tienda tras la jubilación de la propietaria y dos dependientas

Tania Fernández, Antonia Espinosa y Mª Ángeles Alonso en la tienda
Tania Fernández, Antonia Espinosa y Mª Ángeles Alonso en la tienda La Voz

Haciendo inventario. Recogiendo toda la ropa de la última etapa y ayudando a que llegue la nueva. Así me encontré a Mª Ángeles Alonso y a Antonia Espinosa al cruzar la reja entreabierta de la clásica tienda de ropa infantil Confecciones Helen. Y es que este comercio tradicional está ‘en fase de mudanza’ a pesar de estos tiempos de cambio. Una joven valiente, Tania Fernández, que lleva ya quince años trabajando entre las sedas y tules de los trajes de comunión, coge ahora el testigo de Helena Delgado, la propietaria de este comercio familiar cuyas puertas llevan abiertas en el entorno de San Pedro toda una vida. Y ellas, las dependientas de toda la vida, abandonan el mostrador y se jubilan.


“Llevo ya 48 años trabajando con Helena, que ha sido casi como una segunda madre. Llegué con apenas 15 años, era mi primer trabajo, y aquí me quedé”, explica Mª Ángeles Alonso.  En el caso de Antonia Espinosa son 41 los años los lleva ligada a la tienda. Tenía poco más de 20 años cuando se incorporó a la plantilla y si hay algo que tiene claro es que, a pesar de que no lo han sido de sangre, sí que ese ha sido un negocio familiar.


Colaboración
Tanto es así, que ambas reconocen con mucho cariño como Helena Delgado “ha seguido viniendo cada día, a pesar de sus más de 90 años, todos los días hasta que llegó la pandemia” y que a pesar de su edad “ha mantenido el negocio hasta que pudiéramos jubilarnos”.


Este será el final de la historia contractual de Mª Ángeles y Toñi con Confecciones Helen, pero no de la emocional. Allí han vivido de todo. Cuando llegaron, apenas eran los años 70, la propietaria que tenía un taller de confección de moda infantil en su casa apenas acababa de dar el paso de quedarse con el negocio familiar. Estaba entonces en el edificio que une la calle Ricardos y la Plaza Urrutia.


“Entonces hacía cosas en el taller y se vendían después en la tienda. Esto lo mantuvo hasta que atender las dos cosas se hizo complicado y comprobó que era más rentable apostar por los talleres más grandes que trabajaban fuera”, explica Alonso. 



Los cambios
En este edificio estuvieron hasta el año 2000, en el que ya estaba demasiado antiguo para seguir atendiendo a los muchos clientes. En ese tiempo han visto cambiar la ciudad: “se remodeló la Plaza de San Pedro, se hizo el parking subterráneo, los negocios han ido cambiando, de hecho muchos se están jubilando ahora, y es que el centro está cambiando mucho, cada vez van quedando menos tiendas”, explica Alonso.


Pero también fueron cambiando sus vidas. Llegaron siendo casi unas niñas y allí crearon sus familias en unos tiempos en los que la palabra conciliación no estaba en el vocabulario social, más allá de que los abuelos siempre estuvieran ahí, y en el que los sábados por la tarde tocaba limpiar la casa.


“Helen siempre ha sido un negocio  de mujeres fuertes y emprendedoras” y es que defienden ambas que lo ha sido desde su propietaria “una mujer pionera en los negocios y emprendedora” hasta las trabajadoras.


Ha cambiado la ciudad, la sociedad pero también la moda que es en realidad la base de este negocio, pero eso sí, sin cambiar la esencia. Con la llegada de las grandes cadenas de ropa desaparecieron de los escaparates los modelos de la ropa del día a día y se centraron en la “ropa lencera”, esa que compras cuando quieres hacer un regalo o cuando tienes una celebración: “la ropa buena”. 


Esa seguirá colgada en las perchas de Confecciones Helen de la mano de la nueva propietaria. Tania Fernández pondrá sus 15 años de experiencia y su ilusión en esta nueva etapa. Pero “la gente seguirá viniendo y reconocerá Helen”. 


Del escondite al vestido de seda: algunas anécdotas

En los más de 40 años de trabajo son miles las anécdotas. Desde los niños que se escondían en los escaparates, los que tenían algún tropiezo o incluso algún intento de robo frustrado por los vecinos. Pero llama la atención aquellas ceremonias suspendidas o la de aquellos que compraron un vestido de seda para la comunión de la hija. Pasado el día, lo llevaron en una bolsa hecho un ovillo, decían que se había estropeado...después de usarlo.


 

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