El Camino de Ronda y su gran manzana

La construcción de la Escuela de Mandos y Sanidad acercó el barrio a la ciudad

La imagen, tomada desde la calle Paco Aquino, muestra las últimas huertas que rodeaban al edificio de la Escuela de Mandos de la Sección Femenina.
La imagen, tomada desde la calle Paco Aquino, muestra las últimas huertas que rodeaban al edificio de la Escuela de Mandos de la Sección Femenina.

Toda aquella manzana entre las calles de Paco Aquino y Gregorio Marañón, que iba a desembocar al Camino de Ronda, empezó a transformarse en los primeros años de la posguerra, cuando se hizo urgente la expansión de la ciudad hacia el otro lado de la Rambla. 


El Camino de Ronda quedaba tan alejado entonces que en enero de 1941 el Ayuntamiento dio su visto bueno para que se instalara en aquella zona una fábrica de celulosa, aprovechando que nuestra tierra seguía siendo una potencia en la producción de esparto, materia prima que se utilizaba para la fabricación del papel en los años más crudos de la autarquía.


El Camino de Ronda, tan solitario, tan apartado del núcleo urbano, podía ser un escenario propicio para la fábrica de celulosa, que ocuparía unos terrenos que lindaban con la huerta de los Picos, que en aquella época estaba en plena descomposición, en ese tránsito caótico de lo rural a lo urbano. La ansiada factoría no se llegó a levantar hasta dos décadas después, junto a la vieja Carretera de Sierra Alhamilla, en el camino que llevaba al Matadero.


En los años 50, cuando se abordó la prolongación del segundo tramo de la calle Paco Aquino y se construyeron  las viviendas sociales que llegaban hasta el Camino de Ronda, toda aquella manzana era un mundo en continua transformación. Desde los terrados de las  viviendas se podía disfrutar de ese momento de cambio continuo: los viejos bancales que representaban el tiempo pasado, el esplendor de la vega, se iban quedando cada vez más pequeños, arrinconados entre las nuevas calles que iban surgiendo y los edificios que iban llegando. 


Desde los terrados de la calle Paco Aquino se podía ver el mar al fondo, la portada del estadio de la Falange, las instalaciones de la estación del tren y a lo lejos, la chimenea de la Térmica del Zapillo. Los huertos y las tapias de los últimos cortijos, componían una estampa de otro siglo entre los modernos edificios de la Sección Femenina, Sanidad y la Escuela de Magisterio, en el corazón del Camino de Ronda, que representaban el cambio imparable que acababa de empezar.



El primer edificio de carácter público que se terminó en la manzana fue el de la Escuela de Mandos de la Sección Femenina, en terrenos cedidos por el ayuntamiento. Los trabajos se iniciaron en 1941 con 300.000 pesetas que envió el Gobierno, pero la falta de recursos económicos tuvo la obra paralizada durante un largo periodo de tiempo. El proyecto empezó bajo el mandato de Rodrigo Vivar Téllez y se culminó casi ocho años después, siendo Gobernador civil Manuel Urbina Carrera.


En su gestación, el objetivo de la escuela no era tener un centro educativo más, sino un lugar donde pudiera brotar con fuerza el germen falangista, que bien arraigado en la población femenina podía constituir una base sólida de cara a las futuras generaciones.


Cerca del edificio de la Sección Femenina se levantó en esos años el Instituto Provincial de Higiene, también conocido como Sanidad, que hasta entonces había venido funcionando en un viejo caserón de la calle de Gerona. Estaba ubicado enfrente de las instalaciones de la Escuela de Magisterio, la tercera gran obra que abordaron las autoridades locales para acercar el Camino de Ronda al centro de la ciudad.


La Escuela de Magisterio nació de un proyecto que empezó a ejecutarse en los últimos años de la República, pero que se quedó truncado por culpa de la guerra civil.


Cuando se empezaban a ver los cimientos y los primeros tabiques del edificio, el estallido de la guerra cortó de raíz los trabajos, quedando la instalación completamente abandonada. Hubo que esperar hasta el mes de noviembre de 1948 para que el Ministerio de Educación Nacional diera el paso definitivo por el que adquiría el edificio a medio hacer para convertirlo en Escuelas del Magisterio y Graduadas


La Sección Femenina, Sanidad y Magisterio dinamizaron un barrio levantado sobre la vega. A comienzos de los años sesenta el cambio ya era imparable. Las calles de Altamira, Hermanos Pinzón y Azorín, no tardaron en llenarse de grandes edificios que nos trajeron la nueva ciudad al otro lado de la Rambla.



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