José Caro, un almeriense en el mundo de la seguridad de la navegación aérea

Doctor en Física, dirige una división dedicada a la investigación en la empresa GMV

José Caro Ramón en Terque, el pasado mes de agosto.
José Caro Ramón en Terque, el pasado mes de agosto. Remedios Fernández

Es agosto y estamos en Terque, donde José Caro Ramón y su esposa, Ana María Valverde, han venido a descansar unos días, con todas las medidas de seguridad. Hay calor, pero en la plaza hay sombra, y se puede conversar. José es de Almería. Con 18 años se fue a Granada a estudiar Física. Luego hizo el doctorado en Física Teórica, y se fue con una beca posdoctoral a la Universidad Técnica de Múnich. Un año y medio, después, encontró trabajo en el grupo GMV.


José estaba saliendo con Ana María, a la que había conocido en la universidad. Tras recibir la oferta de trabajo, la llamó desde Alemania y pocas semanas después se casaron en Terque, el pueblo de ella. Hoy tienen dos hijos y viven en Madrid, pues él ha desarrollado su carrera en GMV, donde dirige la división de Sistemas y Servicios de Aumentación de Navegación por Satélite. Hemos venido, precisamente, para que nos hable de su área de investigación.


“Por supuesto”, dice. “A ver, todos tenemos un navegador GPS en el móvil, y lo sabemos usar, mas o menos. Y suelen funcionar bastante bien. Sales a la calle y te posiciona bien. Pues en aviación civil se quiere utilizar también este tipo de sistemas. Pero no es tan sencillo. Porque a ti te parece que funcionan muy bien, pero de vez en cuando no lo hacen”.


“Y cuando algo falla, te da errores de... 200 metros, tal vez”, añade. “Sucede muy rara vez, pero si un avión usase esa posición para navegar, podría tener un accidente. Y eso es inaceptable para la aviación civil. Es una industria en la que la seguridad es algo primordial, lógicamente”.


Por supuesto, no hay seguridad absoluta. “Solo si no vuelas”, dice. “A partir de ahí, siempre habrá riesgo”, abre las manos. “Y hay que encontrar el equilibrio, un nivel de riesgo... ‘aceptable’, digamos. Y en ese nivel, no se puede usar navegación por satélite sin mas, necesitas que haya un complemento a la información que mandan los GPS”.



Satélites

De modo que se ha establecido un sistema adicional, que en Europa se llama EGNOS. “Son sensores colocados por todo el continente, del orden de una treintena”, explica José. “Recopilas la información que te dan, la procesas, y la envías por satélites estacionarios para que la reciban también las aeronaves. Y así, entonces, el avión recibe las dos informaciones: de los satélites GPS, y de los estacionarios, y puede descartar los que funcionan mal”.

“Mejora mucho la precisión. Pero, además, el avión es capaz de construir una burbuja a su alrededor”, añade, “una especie de límite virtual en el que sabe con gran seguridad que la posición real está dentro de esa burbuja. Y con gran seguridad quiere decir riesgos de probabilidades de diez a la menos siete. Muy bajo. Ya no funciona la intuición, tienes que utilizar matemática e ingeniería para llegar a esos riesgos de integridad”.


“En mi empresa somos muy activos en navegación aérea, entre otros campos. Y en la división que yo dirijo estamos especializados en los centros que procesan la información que se obtiene con esos sensores que hay por todo el continente, para generar el mensaje que se va a hacer llegar a las aeronaves, y que complementa la información que manda el GPS. Son sistemas que se consideran críticos para la aviación civil, y tienen que usar procedimientos muy rigurosos. En su diseño, su implementación, su verificación... Hay toda una disciplina de diferentes actividades que tienes que realizar, para asegurarte de que los fallos que pueda tener el sistema no comprometan la seguridad”.  


Crecimiento

El grupo GMV es una empresa española que comenzó como Grupo de Mecánica de Vuelo. La fundó Juan José Martínez García en 1984 “con varias personas, mandando gente a la Agencia Espacial Europea para temas relacionados con la mecánica de vuelo”, explica José. “Imagina que quieres mandar una sonda espacial a Júpiter. Pues hay que atinar, y hacer cálculos de en qué momento tienes que mandarla, qué maniobras hacer, qué impulsos...”.


La empresa fue creciendo, y cuando el fundador murió sus herederos continuaron su legado. Ahora GMV tiene mas de 2.300 trabajadores, “y está diversificada en muchos sectores”, afirma José. “Aeroespacial, aeronáutico, defensa, seguridad en la red, cosas de Sanidad, de banca, transporte inteligente... Gracias a ello, la empresa es muy robusta. Con esta crisis algún sector se ha resentido, pero la empresa ha seguido funcionando bien”.


Ya hacían teletrabajo de una forma no masiva, y tenían los medios adaptados al uso puntual de esa modalidad. Vieron venir la crisis, se prepararon, y cuando se decretó el Estado de Alarma ya estaban teletrabajando desde hacía unos días de forma masiva. “Y ha funcionado muy bien”, dice, “la gente está contenta, la comunicación ha fluido…”.


José sigue explicando su trabajo. “La gente tiene un concepto equivocado de lo que significa que algo es seguro”, reflexiona. “Se piensa que algo es seguro porque no falla. Y no es así. Un sistema es seguro porque, si falla, su fallo no va a provocar un accidente. Intentar hacer algo seguro, evitando que falle, es una aproximación que siempre se ha demostrado que fracasa. Lo que tienes que hacer es ir poniendo barreras frente a los posibles fallos, de forma que, si se producen, el sistema no dé lugar a un accidente”.


Primera línea

“Nosotros estamos especializados en ese tipo de sistemas”, dice. “En mi división tenemos un equipo de aproximadamente unos 50 ingenieros, y seguimos creciendo. Trabajamos en proyectos operacionales, por una parte, y también en proyectos de preparación para el futuro. Dedicamos mucho esfuerzo a la investigación y el desarrollo, para seguir estando en primera línea de este campo”.


Tras implantar esos sistemas en Europa, ahora los quieren desplegar en Australia y Nueva Zelanda. “Llevamos cinco años trabajando allí para generar una oportunidad de negocio, que ya ha prosperado, ha salido a concurso…”. La navegación por satélite, asegura, es un ejemplo de éxito, con sus limitaciones. “Es una tecnología que funciona muy bien en entornos abiertos, incluso con mal tiempo. Al conectar el geolocalizador del móvil, usas mucha información: dónde estabas, la célula de telefonía móvil que da servicio… El teléfono sabe combinarlo todo para darte una posición bastante aproximada, de acuerdo a la escala humana. Pero si estás en un bosque, una floresta, ya empiezas a tener problemas. Y en una casa, aún mas”.


También es una tecnología muy sensible a la contaminación radioeléctrica, muy fácil de interferir, pues es muy débil. “Por eso, pienso que será la combinación de varias tecnologías la que abrirá nuevas posibilidades. En gran medida, tendrá que ver con el desarrollo de los dispositivos que pueden combinarse entre sí”.

¿Y en lo personal, cómo ve su futuro? José sonríe y mira a Ana María. “Te va a parecer una tontería, pero aspiro a ser feliz”, dice. “A llevar una vida en la que me sienta pleno. Y eso pasa porque la gente que quiero esté a mi lado, y también sea feliz. Sencillamente”.

 

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