Adiós a La Kika, la cocinera más famosa de El Alquián

Araceli Nieto recibió el Escudo de Oro de la Ciudad de Almería en 2018

La Kika recibe el Escudo de Oro de la Ciudad.
La Kika recibe el Escudo de Oro de la Ciudad. La Voz

'La Kika', en El Alquián, se queda sin su alma máter después de que Araceli Nieto, la longeva y reconocida propietaria del restaurante almeriense, haya dicho adiós esta misma mañana, tal y como ha informado el alcalde de Almería, Ramón Fernández-Pacheco, en sus redes sociales.


Araceli Nieto, más conocida como 'La Kika' y considerada una de las mejores cocineras tradicionales de la provincia, deja huérfano el bar que lleva su nombre y en el que había trabajado durante los últimos 45 años, un negocio ubicado en el barrio capitalino y que es una referencia en su cocina de pescado tanto dentro como fuera de las fronteras almerienses. Algo que quedo patente en 2018, cuando el Fernández-Pacheco le hizo entrega del Escudo de Oro de la Ciudad, que también recibió entonces otra mítica hostelera del mismo barrio, la churrera Isabel Simón.


Así, el alcalde ha querido dar su último adiós a La Kika a través de Facebook: "Kika no solo era una forma de entender la cocina tradicional almeriense: era sobre todo un ejemplo de cariño a la familia, a los amigos, al barrio de El Alquián y a toda Almería. Y además de eso era mi amiga. La vamos a echar de menos. DEP.", ha escrito el egidor, quien ya se refirió a ella con cariño cuando le entregó el escudo. "Encarna perfectamente ese espíritu de trabajo callado. Lleva casi medio siglo en el barrio al frente de su negocio, el restaurante 'La Kika', que sigue todavía hoy atendiendo a todo el mundo con una sonrisa en la boca”.


Y es que La Kika no pasaba desapercibida para nadie, tal y como recogía el periodista de LA VOZ Manuel León en un artículo dedicado a la hostelera: "Allí sigue reinando como en un duermevela la misma  Kika de siempre, sintiendo las noticias en la radio, con su habla antigua y con sus pies hinchados, como una faraona en su trono de anea, entre retratos del Caudillo -a quien le tiene hecho un altar- y regalos de clientes, vigilando los fuegos del bufé que ahora regenta su Gabrielín, recordando a su amigo Manolo que le silbaba Si vas p’a la mar. . .  sentando en la baldosa de la puerta como un chiquillo; allí conserva en su memoria la Kika, que ya casi no sale a la calle, las proporciones exactas de la sal y el aceite del atún encebollado o la canela y el azúcar de sus célebres natillas, como si siguiera cocinando para su propia familia, soñando, a sus 85 años, con que su pequeña nieta Nuria, su ojico derecho, la enseñe por fin a leer y a escribir".



 

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