El sueño del turismo en la autarquía

el solar de la terraza Apolo, donde hoy se levanta el Gran Hotel, fue escenario deportivo y de atracciones de feria en los años de la posguerra.
el solar de la terraza Apolo, donde hoy se levanta el Gran Hotel, fue escenario deportivo y de atracciones de feria en los años de la posguerra.

Cuando todavía nos lamíamos las profundas heridas que había dejado la guerra, cuando el azúcar y el pan se adquirían con la desgastada cartilla de racionamiento, cuando se formaban colas para comprar el petróleo que alimentaba las cocinas, cuando las carreteras eran caminos y el tren se hacía eterno, Almería soñaba con convertirse en una ciudad turística que atrajera a los visitantes nacionales y extranjeros y pudiera dejar atrás la maldita pobreza  que nos acompañaba a pesar de que el Caudillo nos había acogido en su regazo.


Ese primer intento de ser un destino turístico, pasaba por levantar un hotel municipal que sirviera de gancho para los turistas. Almería, con su viejo hotel Simón presidiendo el Paseo, quería dar un salto hacia la modernidad, hacia lo que exigían los nuevos tiempos, con un hotel de lujo como los que había en otras villas turísticas del Mediterráneo.


A finales del año 1949, el entonces alcalde de la ciudad, don Emilio Pérez Manzuco, empezó a gestar la idea de levantar en Almería ese moderno hotel de lujo que pudiera convertirse en un reclamo para atraer el turismo extranjero hacia nuestras costas. 


En aquel momento, la ciudad no tenía ningún hotel moderno, ya que los principales establecimientos como eran el  Simón y la Perla, mantenían estructuras de otra época y no habían tenido todavía la posibilidad de adaptarse a los nuevos tiempos, mermados por los quebrantos de los tres años que había durado la guerra civil. 


En el primer Pleno que se celebró en enero de 1950, la corporación calificó como proyecto de inmediata ejecución la edificación de un gran hotel municipal y un balneario de lujo. El proyecto del balneario iba unido al del hotel para formar un complejo turístico moderno a la altura de las principales capitales de la costa mediterránea. Los viejos balnearios que entonces sobrevivían en la capital, el Diana y el San Miguel, se habían quedado obsoletos y sin capacidad empresarial para afrontar una profunda renovación. “Si se quiere incorporar definitivamente a Almería a las rutas turísticas, han de ofrecerse las máximas facilidades de alojamiento y comodidad al visitante extranjero”, fue la consigna que salió de aquel Pleno. 



Para la construcción del hotel se eligió el amplio solar que existía entre la calle Reina Regente y el Parque, donde hasta ese momento venía funcionando la terraza Apolo. Para la instalación del balneario marítimo se pensó en la franja costera existente entre la Avenida de Vivar Tellez (hoy Cabo de Gata) y la playa, ocupando los terrenos que habían quedado libres después de la desaparición de la Fábrica de Gas. El presupuesto destinado en un principio para el balneario superaba el millón doscientas mil pesetas, cantidad a la que se tendría que añadir el coste de las expropiaciones que fueran necesarias. Se llegó a elaborar una vistosa maqueta en dibujo, pero la aspiración de los baños de lujo se quedó sólo en un sueño. 


Las autoridades municipales centraron todos sus esfuerzos en el hotel, partiendo de un presupuesto inicial que superaba los cinco millones de pesetas. El lugar elegido reunía todas las condiciones al estar situado en el centro de Almería y mirando cara a cara al mar. Hasta entonces el solar había sido utilizado como recinto deportivo para la juventud y como escenario para los bailes en las noches de feria.

En julio de 1954, cinco años después de que el proyecto se aprobara en el Pleno, se elaboró el expediente de expropiación de los terrenos de la calle Reina Regente para la construcción del gran edificio y la apertura de una nueva calle lateral. Dos meses después, en el Pleno de septiembre, se acordó “declarar de urgencia la construcción de un Hotel Municipal y la expropiación de los terrenos en que ha de levantarse, de casi mil trescientos metros cuadrados”.


En ese mismo Pleno se aprobó, como complemento para las obras de urbanización de la zona, el expediente de expropiación forzosa de otro solar de cerca de quinientos metros cuadrados, que lindaba con las calles López Falcón, Reina Regente y Arapiles. Pronto comenzaron a llegar los problemas. En noviembre de 1954 el señor Góngora Galera presentó un recurso en el ayuntamiento contra el acuerdo de ocupar un solar en la calle Aguilar de Martell, con fachada a Reina Regente, en cuya propiedad era partícipe. Pero los obstáculos más importantes fueron los económicos, el no disponer del dinero suficiente para ejecutar las expropiaciones y poder empezar las obras. El proyecto del hotel siguió latente, pero se fue enfriando, atrasando año tras año, por lo que la ciudad fue perdiendo el paso en esa carrera por ser zona turística que si ganaron otros lugares como Málaga y Alicante. 


El viejo proyecto de un gran hotel moderno al final de la calle Reina Regente no vio la luz hasta casi veinte años después de su gestación. En diciembre de 1967, abrió sus puertas el Gran Hotel Almería. Lo hizó con prisas, antes de ser inaugurado, presionado por la continua demanda de plazas que pedían las productoras de los rodajes de películas.



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