“Del fracaso hay que salir como sea”

El paro transformó a Antonio Cortés de albañil en cantante de boleros por los bares de Almería

Antonio Cortés, perfectamente trajeado y con su guitarra, dispuesto a cantar en las terrazas del Paseo Marítimo de Almería.
Antonio Cortés, perfectamente trajeado y con su guitarra, dispuesto a cantar en las terrazas del Paseo Marítimo de Almería. La Voz

Antonio Cortés Cortés era oficial de albañilería y miembro del grupo "Velar rociero". En 2009 se quedó en paro y se transformó en cantante de boleros. Cada noche sale a la calle con su guitarra y su traje, de corte impecable, a poner música en las terrazas de la capital bulliciosa. Dice que es feliz pero lo más difícil de esta experiencia lo relata más abajo


Usted pertenecía al trío “Velar rociero” y después de 25 años se rompe la formación, ¿qué pasó?

Primero te contaré que yo trabajaba como oficial de albañilería y lo alternaba con la música; era mi medio para ayudar a la economía de mi casa. De pronto en el 2009 me quedé en el paro y tampoco llegaban contratos para el grupo. Acababa de comprarme una casa y el banco me la iba a embargar. Fue tremendo.


Llevaba desde los 14 años haciendo música.

Yo nací en Los Bérchules (Granada) pero me trasladé de pequeño con mi familia a El Ejido. Con catorce años un amigo me aficionó a la música y aprendí a tocar la guitarra y actué en una tuna. Luego trabajé de manera profesional con Velar Rociero. Hacíamos música española, rumbas y pasodobles.



¿Y cómo se las apañó, sin trabajo en la construcción, solo y sin música?

Yo sólo pensaba en que tenía que pagar la hipoteca de la casa que me había comprado en Almería. Así que, pensando y pensando me dije: tengo que salir a la calle y buscar una salida. Me preparé diez canciones y me fui a buscar una terraza en la hostelería.


¿Qué pasó con sus dos compañeros del grupo?

En tiempos de crisis tienes que salir adelante por ti mismo y no lo puedes compartir con nadie. Aunque con mis compañeros yo me llevo bien, me agobié mucho de verme parado. Esto de cantar solo en la calle y pedir dinero a los comensales me da mucho corte. Mis compañeros no quisieron pero yo tenía que intentarlo.


Y se fue a probar suerte a San José.

Sí, me fui al Restaurante Casa Miguel en San José. Me presenté con la guitarra y pregunté: ¿Se puede actuar aquí?, y el propietario me dijo: si no me echas la gente a la calle... Le dije de cantarle una canción y le pedí que si no le gustaba que me hiciera una señal en cruz. Empecé a cantar boleros y la gente aplaudía. ¡Eso me dio una moral...! pero a la hora de cobrar me dio vergüenza. Entonces salió Miguel y me dijo: ¿tú es que no cobras? y sacó un sombrero y le puso 50 euros dentro. Todavía guardo el sombrero.


¿Cómo se sintió a la mañana siguiente?

Le dije a mi mujer, ya tengo trabajo, ella se puso a reir y añadí: y ahora que no me molesten los nietos que estoy montando canciones para el repertorio.


Así lleva 11 años, ¿dónde podemos verle cantar en la capital?

Los fines de semana suelo cantar en el Paseo Marítimo a la hora del almuerzo y por la noche en las terrazas de Puerta de Purchena y en el centro de Almería, entre las 21.30 y las 00.00 horas.


¿Cuándo se le quitaron los miedos a cobrar?

Nunca, sigo con ese respeto. Todavía hay gente que cuando termino de cantar se acerca y me deja 50 céntimos en la funda de la guitarra, luego llega otro, y, gracias a Dios, estoy saliendo. Estaba en una situación crítica.


¿Usted elige los trajes para las actuaciones?

Los elijo yo, depende del momento. Esta tarde he elegido un traje clarito y otros para la noche con la corbata conjuntada. Me gusta la noche para cantar, hay más encanto. La noche es un embrujo que te envuelve para estar en pareja o con amigos.


Bola de Nieve dijo que “la ovación final no es lo importante sino el silencio durante la canción, aunque la gente venga a divertirse”.

Estoy acostumbrado a escuchar a la gente cuando canto mientras ríen y hablan. No me molesta, hay gente que te escucha y hay otras que parece que no, pero sí.


¿Cuál es su bolero favorito?

La hiedra, de Los Panchos. Es un amor con fundamento.


¿Se cree a Olga Guillot cuando canta si ya encontraste un nuevo amor “Te felicito”?

Deberíamos de sentirnos orgullosos de que la otra persona haya encontrado la felicidad después de una ruptura.


Una anécdota de su vida artística.

Fue en Dalías con Manolo Escobar. “Velar rociero” éramos sus teloneros y llevábamos dos pequeños focos. Manolo Escobar se dio cuenta de los pocos medios que teníamos y le dijo a su técnico de luces que nos pusiera todos sus focos durante nuestra actuación.


¿Qué es para usted el fracaso?

Es muy duro, pierdes toda la ilusión pero no hay que perder la esperanza, hay que salir como sea, no hay que quedarse atrás. Hay que buscar formas y métodos para hacer algo. Yo pensé en la música y se abrió una puerta.


Dígame un deseo.

Almería necesita más salas para artistas de música española y boleros. 


¿Algún sueño?

Tenía muchos antes. Ir a la televisión a cantar, pero ahora tengo una edad avanzada, no me da miedo, hay programas a los que me puedo presentar pero no los veo para mí.


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