Almería en los tiempos del covid (LIV): Los pecados de los almerienses

Horarios de cultos y confesiones en la Iglesia de San Pedro.
Horarios de cultos y confesiones en la Iglesia de San Pedro.

Los almerienses ya pueden volver a confesarse. Ya hay servicio de guardia en San Pedro y parece que Santiago también ha subido la persiana. Cómo vamos a volver a las calles con tantos deslices cometidos en este tiempo de encerramiento y con ese sentimiento de culpa del que solo nos puede librar una sincera confesión y la penitencia. Quién, durante estos más de dos meses, ha estado libre de la gula, de la pereza o de la ira. La lujuria quizá ha estado más controlada.


Los almerienses también pueden volver a casarse, que, para algunos, es otra forma de pecar contra uno mismo por anticipado. Y ya hay cola en las iglesias y en los juzgados. También hay cola para los divorcios. Bueno, ahora hay cola para todo, hasta para hacer cola. Uno va esquivando colas por el Paseo y si te descuidas, te esquivas a ti mismo. A las misas, por ahora, no están acudiendo muchos fieles. El sacerdote tiene que ir embozado, aunque se deja resbalar la máscara a la hora de los salmos. La paz no existe, es decir, hay paz, pero nadie se da la mano, solo se miran unos a otros, los feligreses, encogiéndose de hombros. Se comulga también con discreción ante el altar y se recibe la sagrada Forma como el niño que recibe una peladilla de su abuelo en la palma de la mano y después se la lleva a la boca.


En las bodas lo tendrán más difícil los desposados, que, por obligación legal, tienen que presentarse con mascarillas. Cómo encajará el novio que al final de la ceremonia el sacerdote le diga “levántele usted la máscara a la novia y bésela”. 


Quién ya no peca porque ya pecó todo lo que tenía que pecar, ni se casa porque ya se casó, ni esquivas colas porque no sale de casa, es un almeriense de Santa Fe de Mondújar que vive en Tarrasa. Se llama Ángel Cazorla y acaba de cumplir 90 años. Su nombre es desconocido, pero su pseudónimo evoca un pasado legendario como autor de novelas del oeste al peso. Este Marcial Lafuente del Andarax tiene más de 80 obras publicadas de western, policiacas, de ciencia ficción, de hazañas bélicas, casi todas con la Editorial Bruguera. Ángel o Kent Wilson fue un niño de la guerra en una familia de labradores que marchó a Cataluña con quince años a trabajar como aprendiz de comercio. Los ratos libres los pasaba en la biblioteca municipal: horas y horas leyendo literatura popular bajo el flexo que le dieron el andamiaje suficiente para después urdir todos esos relatos que se editaban en libritos de bolsillo manoseados y que se leían en el metro o en los tranvías en aquella España tan hambrienta de todo, hasta de letras.



Kent o Ángel, a pesar de ser casi un desconocido en Almería, tiene obras como El pan y la tierra que fue interpretado como serial en Radio Nacional. Es el autor almeriense que más páginas ha escrito después de Carmen de Burgos. Ayer, al teléfono, su voz se escuchaba aún fogosa desde el salón de su casa, describiéndose a sí mismo: “Ahora soy un viejo cascarrabias con bata y gorro de lana que escribe sonetos”. “¿Que cómo hubiera titulado yo una novela como la de este virus? Yo creo que El bichito indiscreto”, exclamaba Ángel, mientras se reía a carcajadas de su propia ocurrencia. 


 

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