Vuelven, con dudas, los bares históricos

Casa Puga, la bodega Montenegro, el Quinto Toro son algunos de los establecimientos con solera

El puga tratará de compensar la ausencia de la barra con mesas y taburetes a lo ancho del establecimiento.
El puga tratará de compensar la ausencia de la barra con mesas y taburetes a lo ancho del establecimiento. La Voz

Los bares históricos han ido tejiendo su leyenda sobre las barras de mármol y madera de sus mostradores. Es difícil imaginar la historia de Casa Puga o del Quinto Toro sin sus viejas barras por la que han ido pasando generaciones de clientes y con ellas un trozo de la vida de la ciudad. Las barras guardan la esencia de estos establecimientos, constituyen la arqueología sentimental de los bares antiguos y para muchos empresarios el motor de sus negocios.


Volver sin la barra es una aventura en toda regla a la que van a tener que hacer frente los bares hasta que el horizonte de la epidemia no se quede más despejado. Los históricos han empezado a preparar el regreso, una reapertura extraña que los convierte en debutantes a pesar de tantos años de experiencia. Es como si de pronto, la vida empezara de nuevo entre amenazas y prohibiciones, como si todo aquello que creíamos que estaba sólidamente arraigado, se hubiera desvanecido en  esa atmósfera de miedo y de incertidumbre que nos está dejando la epidemia.


En la última semana de mayo abrirán sus puertas bares de solera como la bodega Montenegro, Casa de Puga, el Quinto Toro o el Bahía de Palma, entre otros. Ya están preparando sus escenarios para representar una obra en la que nadie conoce el guión. “Vamos a abrir y ya veremos”, me dice Pepe Ibarra, el eterno bodeguero de la Plaza del Granero. Los dueños de los bares saben que en sus manos está empezar a caminar de nuevo, pero será el desarrollo del virus el que tenga la última palabra.


“Nosotros tenemos la pequeña ventaja de que nos podemos salvar porque disponemos de espacio suficiente para aumentar el número de mesas”, comenta el propietario del Montenegro. “Vamos a aumentar el número de mesas en la calle como lo permite el Ayuntamiento, pondremos más mesas en el interior de la bodega y disponemos de una sala de reservado que puede tener una capacidad importante”, asegura.




Mucho más complicado para empezar esta nueva etapa lo tienen los propietarios de Casa Puga. Su establecimiento era un lugar de distancias cortas, de roce, de codo con codo, de contacto directo. Una parte del éxito del negocio se basaba en esa cercanía de comedor de casa que te permitía tener la sensación de que habías estado allí muchas veces aunque fuera la primera vez.


El Puga ha tenido que reinventarse para volver, prescindir de la barra que le daba la vida y probar suerte con otro formato. José Ángel Pastor, su mánager general, ha recurrido a la imaginación para paliar la falta de espacio. Una de las medidas que se han tomado es la de colocar tres mesas con taburetes a todo lo ancho que da la barra. Mantendrá una parte de las mesas interiores y las que tenía en una de las esquinas de la sala. “En la puerta de entrada vamos a colocar un dispensador de gel y la próxima semana nuestro personal va a tomar parte en un curso de prevención frente al coronavirus”, comenta José Ángel Pastor.


La familia Leal, propietaria del Quinto Toro, también prepara la vuelta para la última semana de mayo. Lo mismo que el Puga, pierde la esencia del establecimiento, la barra, pero tiene la ventaja, en relación al histórico bar de la calle de Jovellanos, que el Quinto Toro dispone de una calle peatonal, la de Reyes Católicos,  en la que va a poder estirar las mesas hasta lo que permitan las nuevas ordenanzas.


También regresa el Bahía de Palma, que hace ya un par de semanas inició una nueva aventura sirviendo comidas para llevar a los domicilios a través de la ventana del establecimiento. Su futuro pasa casi exclusivamente por las mesas que pueda tener disponibles en la terraza, ya que el interior del local no permite nuevos ensanches.


En esta nueva fase que empezara a partir del día 25 de mayo, con la incorporación a la actividad de tantos negocios, es posible que no puedan estar los bares más pequeños, negocios bien asentados en la sociedad almeriense pero que no disponen de la posibilidad de trabajar con mesas ni con reservados. Este el caso del bar Bonillo de la  calle de Granada, el reino de las patatas a la brava, y del Minibar de la calle Rueda López, que no tienen otra alternativa para trabajar que la barra.


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