Qué formales parecían los ‘flechas’

Eran los ‘Flechas Navales’, los niños que se formaban en la escuela de los pescadores

Banda de cornetas y tambores de los Flechas Navales desfilando con la hermandad de Estudiantes en 1967.
Banda de cornetas y tambores de los Flechas Navales desfilando con la hermandad de Estudiantes en 1967.

Qué formales eran los niños de los ‘Flechas Navales’ cuando se enfundaban el uniforme de gala y desfilaban por las calles de Almería con su banda de cornetas y tambores. Parecían ángeles recién llegados del cielo, niños modélicos que marcaban el paso con la marcialidad de un militar, siempre  derrochando disciplina. 


Qué capacidad tenían para convertirse en auténticos actores cuando tocaba desfilar. Los que conocimos de cerca a muchos de aquellos ‘flechillas’ sabemos a ciencia cierta que cada uno de ellos manejaba dos personajes: el formal que salía en las procesiones  vestido de blanco y el granuja que cuando se alejaba del entorno del colegio y de la vigilancia de los maestros y se vestía con su ropa de diario, se convertía en  el paradigma del callejero, catedrático en travesuras y pillerías.


Mi calle era también la calle de los ‘Flechas Navales’ y la tienda de mi padre el escenario preferido donde algunos cometían sus diabluras. Por las tardes, la música del barrio eran las cornetas y los tambores de los ‘flechas’, que se iban a ensayar a la antigua terraza del cine Moderno, a la espaldas de la casa de la calle Arráez donde estuvo la escuela desde 1964. 


Aquella banda tenía la fuerza de la adolescencia, mezclada con una buena dosis de disciplina militar y ese espíritu arrabalero, de niños pobres de barrio, que siempre conservaron aquellos hijos de pescadores. Cuando se ponían el uniforme blanco, que era su traje de gala, y salían a tocar, sacaban a relucir la solemnidad de las mejores orquestas, pero cuando terminaba la jornada y se echaban a la calle sin artificios ni normas, podían llegar a ser los más alborotadores del barrio y a la vez los más hábiles para jugar al fútbol y hacer bailar los trompos sobre la tierra.



La historia de la Escuela de Flechas Navales se gestó en el verano de 1955, cuando la Delegación Nacional del Frente de Juventudes puso en marcha este nuevo proyecto educativo para formar a los hijos de los pescadores. Para entrar en la escuela había que tener entre once y diecisiete años de edad y pertenecer a una familia donde el padre se dedicara a actividades marineras. 


La escuela fue inaugurada en diciembre de ese mismo año, en el edificio donde estaba la Cofradía de Pescadores, en la calle Cordoneros, frente a la popular peluquería de los marineros que regentaba Pepillo ‘el barbero’. 


Disponía de tres amplias clases de Enseñanza Primaria y talleres donde los ochenta niños matriculados aprendían el funcionamiento de los motores marinos, de la radio y eran instruidos en las habilidades de la carpintería y la electricidad relacionadas con las labores del mar. Al frente estaban cuatro profesores de enseñanza general, uno de prácticas marineras, otro de teoría y un técnico de radio. 


Había clases de religión y de comportamiento, en la que se hacía hincapié en convertir a los zurdos en diestros en unos tiempos en los que escribir con la mano izquierda estaba mal visto.


Fueron muchos los maestros que pasaron por la escuela en los más de veinte años de existencia del centro. Uno de los más recordados, porque llegó a alcanzar el puesto de director, fue don Rafael Navajas Pelayo, que además de impartir clases, entretenía a los niños en los ratos libres haciendo juegos de ilusionismo, disciplina en la que también era un gran maestro.


Otro profesor que dejó huella en la Escuela de Flechas Navales fue don Pedro Martínez Simón, que llegó a ser muy conocido por el énfasis que ponía cuando recitaba un poema humorístico en el que explicaba por qué la patata no tenía hueso. 


En los primeros años de existencia, cuando la escuela estaba en el barrio de Pescadería, los niños salían todas las tardes a la explanada del Muelle, que era el lugar donde ensayaba la banda de cornetas y tambores y donde les enseñaban a desfilar como pequeños soldados. Eran dos horas largas de instrucción que después daban sus frutos. Los ‘Flechas Navales’ llegaron a ser una de las bandas más conjuntadas de la ciudad y llegaron a tener tanto reconocimiento que los llamaban hasta de los pueblos para participar en desfiles y procesiones. Eran habituales todos los años en la popular romería a Torregarcía, abriendo el camino de la Virgen del Mar, y en todas las fiestas que se celebraban en los barrios.


Los ‘flechas’ se pasaban el día en la escuela, donde además de instruirlos les daban el desayuno y el almuerzo. El colegio tenía vocación de cuartel y en la puerta siempre había un flecha de guardia, provisto de un silbato que hacía sonar cuando aparecía el director o algún personaje importante. Cuando llegaba la festividad de los Reyes Magos recibían la visita de las autoridades y en los primeros años de existencia del centro, les hacían regalos. En enero de 1956, el Gobernador Civil, Ramón Castilla Pérez, le hizo entrega a cada alumno de una cartilla de ahorro con una imposición inicial de cinco duros, todo un capital.


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