El almeriense que dio un golpe de Estado

José Rico Godoy se convirtió en 1930 en uno de los cabecillas de la Sublevación de Jaca

Homenaje del Ayuntamiento de Almeria a los mártires Galán y García Hernández en el Paseo en 1935, en una imagen coloreada de Fernández Mateos.
Homenaje del Ayuntamiento de Almeria a los mártires Galán y García Hernández en el Paseo en 1935, en una imagen coloreada de Fernández Mateos.
Manuel León
07:00 • 19 abr. 2020

La noche del 7 de diciembre de 1930, un almeriense de la calle Javier Sanz viajaba a bordo de un tren expreso de Madrid a Zaragoza. Había tomado un bocado, había reclinado el asiento tapándose con una manta, pero no podía dormir. Le quitaba el sueño la encomienda que tenía que realizar, que podría cambiar la historia de España. 



José Rico Godoy, que así se llamaba ese muchacho que tenía entonces 27 años, se reunió con sus compinches en la cafetería Ambos Mundos de la ciudad del Ebro para darle los últimos retoques a lo que iba a ser conocida en la historia de este país como la Sublevación de Jaca: un pronunciamiento militar contra la Monarquía de Alfonso XIII y la Dictablanda del General Berenguer, que acabó sofocada y con los cabecillas, los capitanes Fermín Galán y Angel García Hernández, fusilados.



El día elegido para el alzamiento fue el 12 de diciembre. A las 5,30 de la mañana, Rico, junto con otros dos conspiradores, Sediles y Esquinazu, acompañados de una veintena de soldados se dirigieron al cuartel de los Estudios para sublevar al Batallón de Jaca. El almeriense fue mandatado para controlar la puerta, mientras sus compañeros penetraban en el cuartel arengando a la tropa que se había puesto de su lado. Detuvieron al comandante militar y al teniente coronel del Batallón, y  se dirigieron al balcón del Ayuntamiento de Jaca donde proclamaron la República con el almeriense Rico ondeando la bandera tricolor. 



El general Berenguer, sin embargo, reaccionó con prontitud, y desde la V Región Militar de Zaragoza organizó la contraofensiva y consiguió detener el Golpe. El sueño de la sublevación de Jaca se disolvió entonces como un azucarillo y José Rico acabó con sus huesos en la Cárcel Modelo de Madrid, aunque salvó el pellejo. Fue condenado, este Tejero civil y progresista almeriense, a cuatro meses en presidió hasta que fue liberado con la proclamación de la II República. 



José Rico Godoy era entonces un brillante abogado almeriense que, tras finalizar sus estudios en Madrid, se había granjeado unas buenas relaciones en los ambientes intelectuales de la Villa y Corte. Nació en 1903 y era hijo, junto a otro hermano llamado Nicolás, del reputado notario también republicano Francisco Rico y Pérez y de Gádor Godoy. Su casa familiar estaba situada en el ángulo formado por las calles Javier Sanz, Valero Rivera y Rambla Obispo Orberá, donde su progenitor tenía también el despacho. Era una mansión enorme con jardín la de los Rico y allí residió esa próspera familia hasta que fue traspasado el caserón en 1934 al Estado para que se habilitara allí la nueva sede del Gobierno Civil. 



José Rico, que había hecho algunos escarceos políticos en su ciudad natal contra el poder dominante de Madariaga y otros líderes durante los años  de Primo de Rivera, decidió establecerse en Madrid y abrirse camino con su propio bufete.



Frecuentaba  el ambiente del Ateneo enclavado en el viejo Madrid  y allí trabó amistad en 1928 con una joven llegada también de provincias, Josefina Carabias, que estaba llamada a ser una de las grandes mujeres periodistas de la historia de España, con permiso de nuestra Carmen de Burgos.



El afecto inicial se transformó en idilio y en el comienzo de una relación sentimental entre José y Josefina, amparados siempre en la complicidad del Ateneo, donde alternaban entonces con intelectuales como Ramón del Valle Inclán, Gregorio Marañón o Indalecio Prieto. Josefina era una abulense recién llegada a la Residencia de Señoritas de Madrid para estudiar Derecho, aunque el periodismo, como el novio almeriense, se le cruzaron en el camino.


Tras el golpe fallido, José quedó libre el mismo 14 de abril de 1931, aunque había quedado maltrecho de tuberculosis y tuvo que hacer una recuperación en un sanatorio en Miraflores de la Sierra. El Ayuntamiento de Almería reclamó su presencia en abril de 1935, con motivo del homenaje que se les tributó a los mártires Galán y García Hernández, cuando se habilitó una tribuna en el Paseo presidida por los retratos de los dos capitanes malogrados rubricada la jornada con un gran desfile militar hasta el Parque y el andén de Costa. 


Noviaron unos años, José y Josefina, hasta que se casaron en abril de 1936 y tan solo tres meses después, con la sublevación del Ejército de Marruecos, compusieron un baúl con sus pertenencias y desde Alicante salieron rumbo a Francia. Ambos habían estado muy marcados políticamente y temieron por su vida en ese Madrid agitado de checas y paseillos.


Pasaron la Guerra en Paris, acogidos por el doctor Gregorio Marañón y su esposa doña Lola. Y cuando acabó la contienda, José decidió volver a Almería, donde había fallecido su padre, para poner en orden la herencia. No había estado en el Frente y no creía que fuese a tener problemas. Pero, sin él siquiera saberlo, el juez instructor de Responsabilidades Políticas en Almería, Manuel Quereda, le incoó expediente el 28 de julio de 1939. Fue detenido y condenado por el Tribunal de Masonería y Comunismo a doce años. Ingresó en prisión en las mismas fechas en las que vino al mundo en un París que estaba a punto de ser ocupado por Hitler su primera hija, quien con el tiempo se convertiría en la periodista Carmen Rico-Godoy.


En 1942 le conmutaron la pena a José y el matrimonio y su hija se volvieron a reunir en Madrid donde intentaron rehacer su vida como perdedores de la Guerra, con una nueva hija, Mercedes, que con los años fue una de las primeras mujeres con carrera diplomática en EspañaEl almeriense estaba inhabilitado para cualquier actividad profesional oficial y se puso a estudiar Económicas y a hacer traducciones al castellano de libros británicos de derecho. Consiguió con los años un puesto como profesor auxiliar del Catedrático Valentín Andrés.


Cuando llegó la Transición, Rico formó parte del Instituto de Estudios Políticos, junto a buenos amigos como Manuel García Pelayo, Enrique Tierno Galván o Ramón Carande. 


Josefina, su célebre compañera de vida, falleció en 1980, tras toda una vida consagrada al oficio de escribir. Y el almeriense, el hijo socialista del notario de Javier Sanz, el que una madrugada aragonesa soñó con cambiar España, lo hizo en 1995, tras 92 años de vida trepidante trufada de derrotas y de victorias.



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