En casa - Día 9

La compra masiva de papel higiénico se produjo antes del estado de alarma.
La compra masiva de papel higiénico se produjo antes del estado de alarma. Europa Press

Creo que fue ayer que les comentaba la compra, a mi juicio excesiva, de rollos de papel higiénico. Tengo a tiro de refilón de ventana un Mercadona. Los carros, las cestas, incluyen entre otros productos los paquetes de papel higiénico. Oigo que ahora se vende más cerveza que papel de váter. No sé, no sé.


A este asunto se le ha dedicado y dedicará mucha literatura, sesudos estudios científicos, análisis psicológicos, o disertaciones acerca del comportamiento económico de las industrias dedicadas al manufacturado de la celulosa. Picado por la curiosidad he contado los rollos de papel de baño que tengo almacenados. Suficientes si lo comparo con Suecia, país de Europa con el mayor consumo, quince kilos de papel por persona y año, o con los Estados Unidos cuya utilización también por persona y año es de veintidós kilos.


Mientras hacía recuento de las reservas caí en la cuenta, tal vez sea un efecto óptico lo admito, de que los rollos de papel higiénico han adelgazado. Imposible asegurarlo, ya digo, porque jamás me dio por medir la longitud de papel enrollado en cada rulo. Pudiera ser, con todas las cautelas, que, efectivamente, hayan reducido la cantidad de papel. Quitas un metro de un rollo, un metro de otro, y así de seguido, dan para muchos más rollos. Esta deducción será, seguramente y como tantas otras, una tontería. Pero no lo iba a dejar en el tintero con la cantidad de días que tenemos de confinamiento. 


Metido en el berenjenal de este elemento indispensable en nuestras casas he descubierto un mundo fascinante. Un rollo higiénico requiere de un portarrollos en la mayoría de los casos, que me sé yo de algunos…, mejor dejarlo aquí. El portarrollos, como el rollo, dice mucho de cada uno de nosotros. ¿Cómo serán los de la Preysler, o los de la Zarzuela, o los de la Moncloa? ¿Cómo son los nuestros, gente normal? La variedad es enorme. Metálicos o de plástico; de pared, de barra vertical, o adhesivos; con repisa para depositar el móvil o barra simple; de gancho o de tela; de diseño o de andar por casa; tipos y estilos de abundancia inacabable. Ya, si ahondamos en escobilleros la diversidad es inagotable.



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Retornemos a nuestro sujeto principal: el papel higiénico. Más arriba dejaba el apunte de lo mucho que este papel dice de nosotros. Como hay gente para todo, hay rollos de papel higiénico para todos los gustos, texturas, olores, suave, menos suave, doble capa, de celulosa pura, laminado, grosor, estampados, blancos, combinados con los azulejos o las cenefas del baño, ecológicos, gofrados con recorte. Hay dónde elegir. Así pues, por medio de un rollo de papel podemos mostrar nuestra personalidad, carácter, manías, o estilo de vida.


El confinamiento me ha llevado a interesarme por un asunto que, de otro modo, nunca, pero, vamos, nunca, se me hubiera ocurrido. No me extrañaría que según transcurran los días el punto de mira de mi curiosidad se detenga en otras cuestiones totalmente desapercibidas por ahora, porque, yo, sin dudarlo, me quedo en casa.


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