María del Mar Soriano: ser presa, doble condena

Mª del Mar Soriano es Subdirectora de Tratamiento en El Acebuche

María del Mar Soriano, tras la entrevista con LA VOZ.
María del Mar Soriano, tras la entrevista con LA VOZ. La Voz

María del Mar Soriano Camacho (Almería, 1961). Hija de guardia civil, su infancia transcurre en Madrid. Vuelve a Almería después de estudiar derecho y criminología.  Lleva 35 años como funcionaria vinculada  a  la prisión del Acebuche. Actualmente forma parte del equipo directivo que se compone de tres hombres y tres mujeres. Soriano es la Subdirectora de Tratamiento. “Es reciente la incorporación de la  mujer a los equipos de dirección”. 


Art. 25.2 de la Constitución Española: “Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y la reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzados”.  Antes de traspasar las puertas del Acebuche, nos recibe este texto.


“Y así es—, nos cuenta Soriano—. El Acebuche es como un pueblo donde se intenta que prime cada día un ambiente educativo”. 


Perfil de las presas



¿Hay diferencias entre ser preso o presa? Para argumentarlo la subdirectora nos brinda un elocuente informe: ‘Delincuencia y población penitenciaria femeninas. Situación actual de las mujeres en prisión en España, 2018’ (Carmen Juanatey Dorado, Catedrática de Derecho penal Universidad de Alicante) De él  extraemos los siguientes datos:


Las mujeres suponen el  8% de la población total penitenciaria de España. De los 80 centros carcelarios del país, solo 4 son exclusivamente femeninos, el resto de reclusas viven en módulos de hasta 50 plazas, insertos en cárceles masculinas. (Es el caso del Acebuche) Esto supone la imposibilidad de categorizar a las presas dentro de la mayoría de los centros. Los delitos del 80 % de las presas españolas responden: al patrimonio, el desorden socioeconómico, la seguridad vial y lesiones. Ello implica que el 97 %  de ellas fueron condenadas a una pena no superior a dos años. “Las mujeres españolas son, en general, delincuentes desvinculadas de crímenes graves, de los cometidos con violencia e integridad contra las personas”. Eso significa que las penas dictadas por los jueces y fiscales, a pesar de que el Código penal prevé un uso muy restrictivo, sí podrían computarse por servicios sociales como instrumentos alternativos al ingreso en prisión, en especial para las penadas con hijos a su cargo. “No obstante, esta cuestión es de índole legal, no nos compete a nosotros”, puntualiza Soriano. ¿Se puede afirmar por tanto que ser mujer y presa constituye  una  doble condena? El informe de Juanatey es categórico: sí. La subdirectora de Tratamiento del Acebuche responde a la cuestión con las herramientas de que se disponen.


Herramientas educativas

“El módulo de respeto, en donde  se les da mucha participación  al interno/a. Es un grado más del nivel de exigencia personal y del estatus penitenciario, a través del cual el interno toma parte de las decisiones y tareas de ciertas áreas de la prisión. Talleres productivos, donde se fabrican elementos que se pueden comercializar, en nuestro caso es de mobiliario metálico. Los ocupacionales, de carácter terapéutico tienen que ver con capacidades y valores humanistas, por ejemplo, el taller de violencia de género donde a través del arte se inculca a las mujeres autoestima. Las becas de la Caixa. Cursos de formación orientados a  la inserción laboral.  Además, todos los presos pueden educarse académicamente en los grados que demanden. El deporte, todos los módulos cuentan con un minigimnasio, existe un gimnasio central y disponemos de diferentes canchas. El yoga también ha llegado al Acebuche. En España la cárcel se puede aprovechar para hacerse mejor o peor persona. No existen clases diferentes de reclusos atendiendo a su nivel adquisitivo, eso es un mito peliculero”. 


Violencia de género

“Han subido mucho los delitos relacionados con la violencia de género”. Si consultamos las estadísticas publicadas en febrero de ese año por el Ministerio del Interior, en efecto, encontramos datos alarmantes como que, dos de cada diez detenidos en España lo son por delitos de malos tratos en el ámbito familiar, contra la libertad sexual o relaciones familiares. Además, las víctimas de violencia de género aumentan un 10,9% en las jóvenes de 18 a 19 años. Y el número exacto y tan adulterado sobre las condenas por denuncias falsas y que corresponde a un 0,0069% del total de denuncias por violencia de género entre 2009 y 2018. 


La maternidad
“Si las presas ya tienen hijos se fomenta con el departamento de trabajo social que no se produzca el desarraigo, con un régimen de visitas coordinados con los centros de acogidas. Según la ley vigente el hijo tenido en prisión puede criarse con su madre  hasta los 3 años, pero solo en determinados centros del país acondicionados para ello (Alcalá de Guadaíra). En El Acebuche no hay unidad de madres. Los jueces son sensibles con la familia. Por ejemplo, si se da el caso de una pareja delictiva se dictaminan penas alternas para atender el cuidado de la familia”. 


El voluntariado

Hay diversas maneras de colaborar con la población reclusa, fundamentalmente a través de los talleres de las ONG. “En El Acebuche tenemos de manera muy activa a la Cruz Roja, Médicos del Mundo, talleres de lectura, NOESO, que lidia con temas de drogas, etc. La prisión dispone de una minisala de exposiciones donde se disfrutan del arte producido”. 


Solicitamos una petición a la Subdirectora del Acebuche como despedida: “Al Ministerio del Interior le solicitaría más recursos humanos. En la actualidad se producen muchas jubilaciones que quedan sin cubrir. También algunas obras de acondicionamiento térmico del edificio. Pero en general El Acebuche goza de buena energía.” 


 

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