Ha muerto Juan Gómez, un “temprano” de categoría

Antonio Carrillo Alonso

La noticia de la muerte de Juan Gómez, amigo del alma y cantaor emblemático del mundo del flamenco en Almería, me sorprendió en la tarde del pasado sábado, durante una breve  estancia en nuestra ciudad, horas antes de volver a Sevilla. 


Hace años, nos dejó Pepe Ortega, un jerezano genial en su interpretación del flamenco; después, sería Simeón Aguilera, aquel sencillo juglar de la guitarra, desprendido con todos los aficionados que lo buscaban  en la urgente necesidad de expresión y de liberación a través del cante; hace ahora dos años, fue José Doucet, Pepe el Barbero, un ejemplo de lo que nuestros grandes poetas definieron como “refinamiento aristocrático” que nada tiene que ver con las diferencias de clase social y que suele tener sus mejores ejemplos en personas del pueblo; y ahora, nos ha dejado Juan Gómez Belmonte. Todos ellos, unidos sentimentalmente en torno al grupo humano de Los Tempranos, nacido hace ahora 52 años como peña flamenca, cuyos componentes, desde una visión profunda, libre y desinteresada del cante, hicieron del sentimiento de lo jondo una manera de ser ante la vida, alejada de toda alienación y dentro del concepto anárquico e insobornable que siempre ha caracterizado al flamenco desde los principios de su creación.


Juan fue siempre un amigo de los amigos, un hombre bueno;  un caso excepcional en su concepción del cante flamenco, que ofreció por todos los rincones de Almería a todo aquel con quien coincidió tomando un vino amigablemente en un bar. Juan fue un amigo entrañable, que diez días antes de morir, en una conversación telefónica desde Sevilla, en los últimos destellos de su vida, me cantaba varios tipos de fandangos, rompiendo el corazón, porque ya conocía la gravedad de su estado de salud. Siempre estaba dispuesto a romperse el alma con el cante, que él conocía como nadie.


Como tantos almerienses que vivieron en las calles situadas en las proximidades de la Plaza Pavía, tuve la oportunidad de conocer desde niño los cantes de Juan Gómez y de su hermano José (el José el Gordo, tan admirado por todos los aficionados de Almería). Casi todas las noches, los dos hermanos acudían al bar de Góngora, situado en una de las esquinas de la calle Galileo, y los ecos de sus voces jondas se oían ya como algo familiar por todos los hogares cercanos. 



En el aire de la noche sonaban en las voces de Juan y de José los cantes de Palanca, Vallejo, Antonio Chacón, el Gloria…Un recuerdo de Juan que ya nos acompañará siempre. Como nos acompañará también esa sonrisa abierta que le caracterizaba y que mostraba ante los demás, incluso en las situaciones en que tuvo que soportar las adversidades de la vida, dando un verdadero ejemplo de fortaleza humana y de templanza fuera de lo común.


 

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