El de los patinetes se pone las botas

El patinete eléctrico se ha convertido en el regalo estrella en Navidad

Dos niños suben el patinete por las piedras de la ladera de La Alcazaba.
Dos niños suben el patinete por las piedras de la ladera de La Alcazaba. La Voz

El hombre de los patinetes ha hecho un negocio redondo. Estos vehículos de movilidad personal nos han invadido y se nos han colado hasta la cocina. Han sido el gran deseo de niños y mayores en las cartas a los Reyes Magos, que seguramente este año han venido también en patinete para no contaminar. 


Lo que parecía un invento para los mayores, una alternativa a las motos convencionales y a los coches, una solución para evitar las colas del tráfico y la falta de aparcamientos, se ha convertido también en un juguete sin límite de edad. Basta con darse una vuelta por los barrios para  entender que la fiebre del patinete no ha conocido límites y que los niños ricos y los niños pobres lo disfrutan por igual con la misma obsesión con la que utilizan los teléfonos móviles. Ya han quedado muy lejos aquellas mañanas del seis de enero cuando las calles se llenaban de bicicletas, de muñecas y de balones de fútbol. Son juguetes anticuados al lado de la esta eclosión del patinete con batería que amenaza con atropellarnos de forma sigilosa sin alguien no le pone remedio.


Se han vendido como rosquillas, tanto en las grandes superficies comerciales y en las tiendas de vehículos como en los bazares de barrio donde al lado de una alfombra persa y de un cubo con fregona te encontrabas con un espléndido patinete rebajado para ser utilizado por grandes y pequeños. Sólo ha faltado venderlos en el top manta de los domingos por la mañana en el Paseo Marítimo.


Había de todos los colores y de precios distintos. Patinetes para conducirlos de pie, para llevarlos cómodamente sentado y otros que imitaban a motos de alta cilindrada para los paladares más exigentes. Por menos de doscientos euros te podías llevar a tu casa un maravilloso patín con potencia suficiente para alcanzar los treinta kilómetros hora de velocidad y con autonomía suficiente para un largo recorrido.


Ahora que hasta los niños empiezan a caminar motorizados, se acentúa el problema sobre el uso de estos aparatos de moda que son tan silenciosos como un felino y que corren como liebres por done menos los esperas. El peligro de este tipo de vehículos se multiplica por dos porque ha caído en manos de los menores que lo utilizan para sus juegos y que en muchos casos cruzan por las calles  y aceras a velocidad de vértigo.  


Hasta ahora no existía una legislación sobre el uso de los patinetes eléctricos a nivel estatal. Los ayuntamientos regulaban la utilización de estos nuevos medios de movilidad personal, pero la Dirección General de Tráfico ya ha publicado una instrucción sobre su uso hasta la aprobación de un Real Decreto sobre vehículos de Movilidad Personal.  Las instrucciones de obligado cumplimiento pasan por la prohibición de circular por aceras o zonas peatonales,  bajo la amenaza de una sanción de 200 euros. No podrán ir más de una persona, con sanción de 100 euros, ni se permitirá la conducción nocturna sin llevar encima la correspondiente prenda reflectante. Además, está prohibido circular bajo los efectos de alcohol y drogas; la sanción sería entre 500 y 1000 euros en función de la tasa de alcohol.


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