“El Pingurucho es horroroso, tenerlo fuera de escala es un disparate”

Entrevista con María José Lasaosa, arquitecta

María José Lasaosa, en su estudio de arquitectura de Alcalde Muñoz.
María José Lasaosa, en su estudio de arquitectura de Alcalde Muñoz. La Voz

La mirada femenina y respetuosa con el ciudadano de la arquitecta María José Lasaosa se proyecta en la fisonomía de la ciudad. En obras como la remodelación de la Puerta de Purchena y en restauraciones como la del antiguo Casino. Luchó junto a otros, y salió victoriosa, para que no se construyese un parking bajo la Plaza Vieja. Y sufre por un centro histórico que “es una pena”.


¿Por qué le fascina la arquitectura?

A mí la arquitectura siempre me ha fascinado, ir por el mundo con los ojos muy abiertos aunque dudaba entre estudiar eso o Filosofía y Letras. Al final me decidí a pesar de que me dijeron que una niña no debía desempeñar una profesión de hombres. Todos me pusieron inconvenientes menos mis padres, que pidieron  el traslado a Barcelona para que pudiera estudiar, de modo que esta vocación arrastró a la familia. (Se emociona).


¿La señalaron por ser mujer?

En mi clase éramos 4 ó 5 chicas entre unas 400 personas. Sin embargo, en las aulas no encontré marginación alguna. El problema es cuando empecé a ejercer: con 22 años estaba dirigiendo obras. Era la más joven y los trabajadores eran todos hombres: el fontanero, el electricista… Con los currantes de la obra no he tenido conflictos en general, han ocurrido cosas hermosas como que un albañil comprobase al conocerme que su hija también podía ser arquitecta. Esto lo recuerdo de los pueblos pequeños de Almería. He tenido más problemas con políticos y constructores. 


Llegó a Almería en el 78, ¿qué le atrapó de aquí?

La luz, el mar, el Parque de Cabo de Gata. Me quedé porque me enamoré de Almería. Hay veces que me despierto y me pregunto qué hago aquí. Pero si no soy almeriense, no sé de dónde soy. 


¿Cómo ve la ciudad?

Su implantación es una maravilla, me recuerda a Barcelona y a Málaga. La Alcazaba en lo alto y la ciudad que se desparrama. Cuando vine por primera vez en los 70, el Paseo aún no estaba destrozado, tenía sus edificios maravillosos de finales del XIX y principios del XX. Pero cuando regresé en el 78, el Plan General ya había destrozado mucho: la arquitectura clásica había desa­parecido, se habían construido esos grandes bloques. Es una ciudad que ha crecido sin respetar sus características iniciales y en función del lucro económico. Te lleva a plantearte si alguna vez se ha pensado en el ciudadano, porque el centro histórico es una pena.


¿Cómo lo rescataría?

Llevándome allí alguna de las facultades de la Universidad de Almería, de modo que los estudiantes quieran mudarse a la zona y esta se vaya recuperando poco a poco.


Participó en la remodelación de la Puerta de Purchena, ¿se identifica con el resultado?

Lo que ha resultado no es lo que planificamos, pero lo esencial está y es que conseguimos crear un espacio para el ciudadano. Lo que era una rotonda y los coches dando vueltas se convirtió en un lugar de estancia aunque es una pena que lo ocupen las terrazas de los bares. Pero las personas la han hecho suya, la gente queda allí y se sienta en los bancos.


¿Qué le parece el proyecto de la Plaza Vieja?

Pienso que la vegetación es muy importante en un ciudad donde necesitamos sombras. Los ficus deberían mantenerse, me parece un disparate cambiarlos por palmeras que no ofrecen refugio. 


El Pingurucho, sin embargo, es un elemento arquitectónico horroroso. Es cierto que tiene un significado importante, pero es un disparate tenerlo en un espacio fuera de escala. Creo que debería salir de ahí, no es su lugar original. Un sitio lógico es la Rambla o una avenida donde tenga perspectiva.  


¿Qué opina de la peatonalización del Paseo?

Estoy a favor de peatonalizar la totalidad del centro de las ciudades, de forma que los peatones recuperen el espacio público. Absolutamente todas las experiencias han sido positivas y los comercios están encantados porque han incrementado las ventas. 


¿Qué aporta a la arquitectura la mirada femenina?

Se está avanzando poco a poco. Es sobre todo la mirada de las mujeres que han vivido de otra manera. Ha sido la cuidadora, la que llevaba al niño al colegio y al abuelo, al ambulatorio. Tienes que organizar unas circulaciones que faciliten la vida de esta persona. Si no mezclas los usos de una ciudad, le haces la vida difícil. 


¿Cómo sobrevivió a la crisis?

He sobrevivido gracias a los consejos de mi abuela, que me decía que no pusiese todos los huevos en el mismo cesto. Hago temas de interiorismo, informes periciales sobre patologías de edificios y valoraciones de inmuebles aunque mi sueño es hacer un proyecto y dirigir la obra. Nunca pensé que podríamos trabajar diez horas diarias y no llegar a fin de mes. Es vergonzoso. 

 

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