Los paisajes de ‘Sinatra’

Vivió siempre ‘a su manera’ y tuvo lazos con Berja, Antas, Garrucha, Carboneras y Macael

Fausto Romero-Miura en un retrato de su juventud, obra del fotógrafo Luis Guerry.
Fausto Romero-Miura en un retrato de su juventud, obra del fotógrafo Luis Guerry.

A Perico el Sierro, el chófer de la familia que lo enseñó a andar en una finca de Antas a finales de los 40, Fausto lo llamaba al menos un par de veces por temporada. “Es mi consejero, él nunca me engaña”, decía el abogado que acaba de morir. ¿Eres Titico? ¿cuándo me vas a invitar a almorzar? le preguntaba en cada conversación el anciano, una de las personas que mejor conoció al Fausto niño. 


Antas fue uno de los iconos provinciales de este hombre de acción, en el sentido barojiano. Pero hubo más:  Garrucha, donde probó por primera vez el champán en casa de su bisabuela Concha, junto a la ermita de la Virgen del Carmen. Allí, su bisabuelo Simón Fuentes Caparrós, el Rey del Esparto, tenía despacho y allí repartía una perra gorda a cada pescador cuando había temporal, los mismos pescadores que lo llevaron a hombros cuando murió desde El Algarrobico hasta el cementerio de Garrucha; Carboneras, donde su familia tenía la  finca donde está hoy ese gran hotel con orden derribo, pero que no se derriba. Allí vivió su abuela Juana Fuentes, casada con el médico Juan José Giménez Canga-Argüelles, oriundo de Antas, y allí vivió también un tiempo su madre Concha Giménez Fuentes, junto con su tía Isabel Giménez y su tío Vicente Celada.


Allí el niño Fausto, pasaba algunos días de verano, entre los atochares de la familia, saliendo a pescar a la Piedra Los Roncaores, conviviendo con los hijos de los guardeses, Catalina y José Vicente, y con los del Cabo Vence; Macael, donde tenía grandes amigos, donde fue nombrado Hijo Adoptivo y donde siempre volvía para los Premios del Mármol y para la procesión de la Virgen del Rosario; y Berja, su querida Berja, donde transcurrieron los días azules y los soles de su infancia, su particular paraíso, donde tuvo su primer maestro, sus primeros amigos, donde fue plenamente feliz, en un horizontes de parrales y umbrías.


 Fausto Romero, por vía paterna, era bisnieto de Fausto Romero de Torres, un gaditano de Ubrique que apareció por Almería a mediados del siglo XIX. Se casó con Natalia Valverde Ojeda, sobrina del dean de la Catedral, y los hijos del matrimonio, los Romero Valverde fundaron la sociedad Romero Hermanos, una de las compañías de exportación y casa de banca más prósperas de la provincia durante un siglo, junto a la fábrica de azufre que también regentaron, junto a la Carretera de Granada. Fausto Romero Valverde, abuelo del abogado fallecido, se casó con Rosa Miura, hermana del famoso ganadero sevillano de reses bravas, quienes tuvieron a Fausto Romero Miura, notario, casado con Concha Giménez Fuentes, fallecido en 1985, padre del Fausto actual.  



Fausto Romero IV (el V es ya su primer nieto) ha sido, por tanto, uno de los últimos eslabones de esas grandes sagas empresariales y políticas de la capital y de la provincia, a caballo entre dos siglos: los Giménez, los Fuentes, los Romero, los Miura, en los que se han mezclado el esparto y la uva, las casas de banca y los químicos, la medicina, la abogacía y la ganadería. Sin embargo, Fausto, que se acaba de ir, que hoy será despedido por centenares de sus paisanos en la ciudad que lo vio nacer hacer 73 años, siempre quiso caminar por su propia senda, ‘a su manera’, como Sinatra.



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