Almería y sus doce trabajos de Hércules

Los candidatos afrontan el 26M un rosario de problemas enquistados en la vida de la ciudad

Los seis candidatos de la capital (PP, PSOE, Cs, IU, Podemos y Vox)  junto a vistas áreas de Almería
Los seis candidatos de la capital (PP, PSOE, Cs, IU, Podemos y Vox) junto a vistas áreas de Almería

La peste al pasar por Las Amadrabillas; poder aparcar en El Zapillo; encontrar un bar abierto un domingo; una semana sin cremá de contenedores; que el Parque no sea una jungla de manglares de litronas. Hay una amplia nómina de cuentas pendientes en la ciudad -algunas desde los tiempos del abuelo del actual regidor- que han ido pasando de corporación en corporación, que son como los doce mitológicos trabajos de Hércules -como matar al león de Nemea o capturar el jabalí  de Erimanto-  a los que los nuevos candidatos tendrían que proponer una solución ahora que piden el voto.  


1. Los aparcamientos. Almería es como una tacita de plata en la que hay zonas del Centro y del barrio del Zapillo donde es imposible encontrar un aparcamiento la mayor parte de los días. A ello contribuye el escaso apego del almeriense por la saludable caminata y la querencia por ir a todos sitios con el vehículo. No parece que la zona azul o los carriles bici le hayan dado un vuelco a la situación. El aparcamiento y acertar con las claves de la movilidad urbana es el gran león a batir por el Hércules o Herculina que gane las elecciones.


2. El  PGOU de nunca acabar. El Plan General de Ordenación Urbana, que acumula ya tres lustros de trámites, es como la hidra mitológica, un monstruo al que cuando Hércules le cortaba la cabeza, aparecía otra y otra. La ciudad está huérfana de un esquema de crecimiento desde hace ya demasiado tiempo.


3. El Soterramiento en su laberinto. Almería, a la que le prometieron un tren rápido como un ciervo mitológico en 2005 (Sic), no sabe aún si tendrá Soterramiento de las vías del tren y cómo será, no sabe cuándo llegará ese tren veloz, cuándo declararán BIC el estandarte de la vieja Estación de Ferrocarril (le debe faltar pedigrí, después de más de 30 años en el cajón de Patrimonio) y qué uso dejarán que se le dé. Lo que sí saben los almerienses es cómo han ido llegando ministros prometiendo el oro y el moro en los últimos años y cómo el tren a Madrid, al contrario que el de Holanda, ni pita ni anda. 


4. La quema de contenedores. A los almerienses que pagan el IBI y demás impuestos municipales, les cuesta 1.100 euros diarios (Juan José Alonso dixit) la cremá de contenedores como fallas valencianas y otros actos vandálicos como las pintadas y las meadas en la rue. Ramón, Adriana, Miguel, Joaquín, Amalia y Carmen, deberían decir algo estos días de pesca de votos para convencer a los electores de que tienen un plan mágico para ahorrar ese dinero tirado.


5. La  peste de las Almadrabillas. Almería ha construido puentes, ha cableado de fibra la ciudad, ha levantado emporios turísticos como El Toyo, pero no ha conseguido eliminar el olor a establo de Las Almadrabillas, una de esas pequeñas cosas que sufren todos los almerienses por igual.


6. Correos en el dique seco. Es verdad que los tiempos han cambiado: miles de correos electrónicos surcan el ciberespacio como pájaros de Estínfalo, mientras que a lo buzones lo único que llegan ya son los recibos de los bancos. Recibir una carta manuscrita ya, es como que llegue un fax a la redacción de La Voz. Pero eso no significa que Almería deba de ser la única capital andaluza sin oficina postal en el centro, desde que cerraron el edificio central de la Plaza Juan Cassinello. Tampoco se ha avanzado en darle un uso social o cultural a ese céntrico inmueble que se cae abajo.


7. La pesca que naufraga. En los últimos años, Almería y los almerienses han ido perdiendo su vocación marinera, menguando la flota, reduciéndose las capturas, cuando fue, ese barrio cretense de Pescadería-La Chanca, el principio de todo. Hay una nueva normativa en ciernes que puede acabar con la flota de arrastre, la mayor del muelle, y por ende, con la brótola, la gamba o la pescadilla, que tanto gustan a propios y extraños y que son el mejor reclamo turístico en las cartas de los bares y restaurantes.


8. La limpieza de los barrios.  El norte también existe -El Quemadero, el Barrio Alto, Los Angeles, La Fuentecica, Piedras Redondas-  para acabar con el viejo estigma de almerienses de primera y de segunda, para que las máquinas limpiadoras -ya desapareció la escoba y el mocho- lleguen también a esa periferia a veces tan lejana en atenciones.


9. La peatonalización del Paseo. El Guadiana preferido de la ciudad, -casi tanto como El Corte Inglés- la arteria principal de Almería que lleva todo el camino de convertirse, al menos los fines de semana, en calzada peatonal, aunque no se sabe aún si es una idea compartida por todos los candidatos. Puede ser el revulsivo para que Almería no se perpetúe como cementerio dominical, con casi todos los bares cerrados. Antonio Salmerón el Cochero ya tampoco aparece los domingos en el pescante con su yegua para dar paseos a los turistas por el centro histórico.


10. El Toyo y el PITA. Es la Almería del futuro, la de los emprendedores, en el Parque Tecnológico, y la del turismo,  enfrente. Pero no terminan de arrancar, falta aún mucha mayor inversión para  que puedan convertirse en  centros neurálgicos del ocio y del negocio, uno al lado del otro.


11. La Plaza Vieja. Como todo español tiene su once favorito en la Selección, cada almeriense tiene una Plaza Vieja en su corazón: con árboles o sin ellos, con veladores en el centro o en los soportales, con Pingurucho o sin él. Es otra patata caliente que deberá afrontar el nuevo Gobierno que salga de las urnas -aunque el equipo de Ramón tiene un proyecto en marcha- que le puede arruinar o acrisolar la legislatura entrante.


12. la ilusión del  Puerto-Ciudad. Quizá sea el proyecto más apasionante de todos los que Almería, la ciudad del mar y del sol, tiene en marcha: una vuelta a los orígenes, a esa Almería que miraba a las olas desde las blancas azoteas que contaba y cantaba Celia, sin vallas gibraltareñas, cuando el Centro de pasajeros era el Balneario El Recreo de los Jover, como una estampa de postal. Hay un proyecto Puerto-ciudad, que podría incorporar incluso un ambicioso soterramiento de la Vía Parque, permitiendo el nacimiento de un nuevo Malecón y un espacio abierto de hostelería y ocio, donde hoy está el Muelle de Levante. No es algo imposible, lo han hecho en Málaga. Conseguirlo será otro de lo trabajos hercúleos del nuevo Gobierno municipal que salga de las urnas, en coordinación con otras administraciones como Puertos del Estado, presidido ahora en Almería por Jesús Caicedo Bernabé.


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