10.000 personas padecen en Almería un trastorno obsesivo-compulsivo

Hoy, Unicaja proyecta el corto ‘Reparto obsesivo’ para visibilizar esta enfermedad silenciosa

El grupo de ayuda mutua a afectados por TOC se reúne en la sede del Teléfono de la Esperanza en Almería.
El grupo de ayuda mutua a afectados por TOC se reúne en la sede del Teléfono de la Esperanza en Almería. La Voz

Fran tenía un trabajo como repartidor en una empresa de cafés. Recorría bares y cafeterías a diario y antes de irse comprobaba reiteradamente que le hubieran dado bien el dinero de cada factura. Cuando llegaba a la furgoneta, volvía a contarlo y repetía el gesto una y otra vez hasta acabar agotado. Le obsesionaba, además, que la documentación del vehículo estuviera siempre en su sitio, tanto que guardaba en una bolsa de plástico cualquier papel que encontraba en la calle para luego revisar en casa que no fuera algo que se le hubiera caído de la furgoneta. El nombre de Fran es supuesto, pero su historia es real. El suyo fue uno de los primeros casos que trató la Asociación de Trastorno Obsesivo Compulsivo de Granada y su historia ha inspirado el corto “Reparto obsesivo” que hoy se proyecta en la Sala Unicaja (Paseo de Almería, 69, a partir de las 19:00 h.). “La película nos acerca al sufrimiento y la ansiedad que sufren quienes padecen un trastorno obsesivo-compulsivo y nos hace empatizar con ellos”, explica Aurelio López Reina, presidente de la asociación y autor del guión.


Quien sufre un trastorno obsesivo-compulsivo experimenta constantes mensajes intrusivos e involuntarios que lo agobian y le generan mucho miedo. Para rebajar la ansiedad, su cerebro, que es el causante de lo que le ocurre, le da “pistas” de lo que tiene que hacer para aliviar el temor: llevar a cabo un determinado ritual, repetir un mismo gesto una y otra vez, comprobar constantemente que todo esté en orden… El TOC es desazón pura. Los pensamientos obsesivos continúan, no se acaban nunca. A una compulsión laberíntica le sigue otra. Y el proceso se repite. Hasta que existir queda desplazado por el esfuerzo mental de alimentar lo que nunca queda saciado.


Terapias

El TOC está considerado como un trastorno mental, pero no se sabe por qué se produce y se siguen investigando las causas. Aunque es difícil, es posible salir del trastorno obsesivo-compulsivo, aliviar sus síntomas y llevar una vida lo más normalizada posible.  Da buenos resultados, según los expertos, la terapia cognitiva conductual, que trata de que el afectado vea la realidad de las cosas y no se deje influir por pensamientos falsos e intrusivos. El tratamiento les hace enfrentarse poco a poco y de forma muy gradual, a la conducta que más les aterra. Quienes padecen TOC suelen ser personas muy reflexivas, “rumiadoras”, meticulosas, exigentes y que le dan “con angustia” muchas vueltas a las cosas; son las generalmente susceptibles a enredarse en el trastorno. 


Afectados
En Almería, se estima que hay en torno a 10.000 afectados. La cifra, explica Juan Antonio Varona, miembro del grupo de ayuda mutua a afectados por TOC, es una  aproximación a la realidad, ya que todos los estudios hablan de que en torno a un 2% de la población tiene TOC en distinto grado y nivel de gravedad.


En la actualidad, el grupo de ayuda mutua está integrado por 45 personas. Hay desde niños de 11 o 12 años a mayores de 50, la mayor parte de ellos hombres. “Hablamos de personas que se sienten aisladas, incomprendidas, que ni su entorno ni su propia familia saben qué les ocurre ni cómo auxiliarles. Este grupo les ayuda a tener relaciones sociales y ofrece pautas a las familias de cómo han de enfrentarse al problema”, explica Varona.


Formar parte del grupo no es, sin embargo, una terapia. Muchos de los afectados necesitan tomar medicación para rebajar los límites de ansiedad cuando la enfermedad, todavía muy desconocida y silenciosa en buena medida, está en su pico más alto. “Es el trastorno que más sufrimiento produce”, cuenta el impulsor del grupo de ayuda mutua a afectados por TOC, porque el nivel de conciencia y racionalidad del paciente es total. “Nunca están tranquilos, su mente siempre está bullendo, su miedo es real. Por eso, las terapias tratan de desmontar la lógica de su pensamiento intrusivo”, apunta.


El estigma social y el desconocimiento sobre esta alteración (hay quien se lava las manos decenas de veces o se ducha durante horas por temor a los gérmenes, hay quien cuenta números, o comprueba las cosas una y otra vez hasta el agotamiento, o trata de memorizar matrículas de coches o los postes de la luz que hay en la carretera) lanza a sus víctimas a ocultarlo por todos los medios. “Por eso es tan positivo que exista un grupo de ayuda mutua que les sirva para que cuenten lo que les ocurre y donde se sientan comprendidos. Porque uno de los principales combates de esta enfermedad es la lucha contra la incomprensión que provoca”, asegura la psicóloga Eva Rosas, que dirige también el Teléfono de la Esperanza. El grupo se reúne en su sede. Para contactar con ellos, hay que llamar al 950269999.


 

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