;La maldad;, por Antonio Álvarez

"A veces vienen revelaciones, dolorosas, para darnos cuenta del sentido común que como humanos nos falta"

;La maldad;, por Antonio Álvarez
  • Flores y peces para Gabriel en la capilla ardiente.
  • Antonio Álvarez
  • 13.03.2018

“A menudo los hijos se nos parecen, así nos dan la primera satisfacción”, así bordaba Serrat un inicio de canción prodigiosa hace muchos años. Por desgracia, hay hijos que no van a poder satisfacer el gen de sus progenitores, porque la maldad de otros humanos se ceba con ellos, y a la prueba de estos días me remito.


Se escucha con frecuencia, que legislar en caliente no es conveniente, la razón se bloquea frente al instinto, pero muchas veces me pregunto si legislar en frío hace que se congelen las ideas y el quid de la cuestión, quedándose paralizado en comisión algo que debiera acometerse sin dilación, y con la seguridad del aliento popular en el cogote del legislador. Si la ciudadanía se echa a la calle porque la mujer aún no está equiparada en muchos ámbitos al hombre (aunque España esté en el ranking mundial en igualdad de género en el número 5º, según varios estudios mundiales prestigiosos publicados estos días), hay que escuchar, e incidir en mayores soluciones frente al machismo campante por todos los poderes, y no solo aquí para España, sino mirando a países que están a tiro de piedra, pero a años luz en derechos y deberes de hombres y mujeres.


Si la ciudadanía se monta en casi tres millones de firmas para que no se derogue la pena de prisión permanente revisable, (por cierto descrita solo para asesinatos, incluido terrorismo, homicidios, supuestos de genocidio o crímenes de lesa humanidad);  avalada por instituciones como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo; vigente en Reino Unido, Francia, Italia, etc.,  pues sinceramente, habría que tomar nota de por qué no o de quien se niega a que la lógica se imponga sobre las víctimas y no sobre los verdugos. Es inasumible por una sociedad que no haya sensación de pagar por algo, cuando animales como “El Chicle” se jactan de que en pocos años, ni una década, la libertad condicional la masticará su boca asesina. 


La maldad nos sale de las entrañas cuando el dolor es abrasivo, la venganza, el equipararnos a la bestia, porque en el fondo los humanos seguimos siendo animales con el adjetivo racional puesto a posteriori. Las redes no ayudan, su inmediatez saca lo peor que llevamos en caliente. Y los progenitores no podemos ni imaginar lo que pueda ser un crimen en toda regla contra tu prole. Templar la ira es el estadio sin retorno, no hay otro…


Las tres religiones, hijas de Abraham, recogen la figura de un arcángel mensajero de Dios, Yavé, Alá, cuyo nombre era Gabriel. A veces vienen revelaciones, dolorosas, para darnos cuenta del sentido común que como humanos nos falta. Pensémoslo, desde la rabia compartida sin consuelo, pero caminando hacia la justa razón: es lo que nos diferencia a las personas de los monstruos que una vez la perdieron, y no tuvieron más respuesta ante sus miedos, complejos y celos, que aniquilar una vida. 


A Gabriel, y su familia, con todo el cariño de un padre
 


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