Un grupo de asociaciones se unen para ser más fuertes

El proyecto integra a las entidades Noesso, A toda Vela, El Teléfono de la Esperanza y Nuevo Rumbo

Grupo de inmigrantes comparten una comida en un centro de atención a personas sin recursos. Foto de archivo.
Grupo de inmigrantes comparten una comida en un centro de atención a personas sin recursos. Foto de archivo.

Un grupo de cuatro asociaciones -El Teléfono de la Esperanza, A toda Vela, Nuevo Rumbo y Noesso de Vícar-, han llegado a un acuerdo para trabajar de manera coordinada con la premisa de que esta ‘Alianza por la integración’, que así se llama el proyecto, favorecerá a todas ellas, que llevan años sufriendo el recorte de las subvenciones que les llegan desde la Administración. 


Las entidades están abiertas a incluir más asociaciones según vaya creciendo el proyecto “emocional y físicamente”, según contaba ayer a este periódico Tomás Carles, comisionado de la ‘Alianza por la integración’.
El próximo martes, en el local de “La Canastera”, en el barrio de Pescadería, la iniciativa se presentará oficialmente en sociedad y, a partir de ahí, se empezará a trabajar en la puesta en marcha de diferentes iniciativas solidarias que tienen como único fin contribuir al sostenimiento de las entidades participantes. 


Trayectoria
Las cuatro asociaciones que forman parte de la ‘Alianza por la Integración’ tienen una larguísima trayectoria en proyectos solidarios. Desde hace 17 años, por ejemplo, El Teléfono de la Esperanza ofrece un servicio integral de apoyo a las personas que se encuentran en situación de crisis emocional. Ofrece cursos, talleres, grupos de formación y de autoayuda, seminarios y conferencias.


A Toda Vela nació en 1997 por el impulso de cinco mujeres , madres y profesionales del mundo de la educación, que tenían como objetivo incorporar a la vida de los jóvenes con discapacidad intelectual una parcela ausente, pero fundamental para su calidad de vida: la del ocio y la amistad. Desde la organización se fomentan las capacidades de estos jóvenes, sus intereses y sueños, para hacerlas cotidianas y presentes en la vida diaria de la ciudad.


Nuevo Rumbo, por su parte, comenzó su andadura en 1985, cuando en Almería no existía ningún recurso dedicado al tratamiento y rehabilitación de adictos y que llevó a la puesta en marcha de la comunidad terapéutica “La Milagrosa”. Su fundadora Dolores Baena López, Hija de la Caridad dio nombre y alma a este proyecto. “Algunos de los que comenzaron se han ido quedando en el camino, pero su espíritu sigue aquí. A las nuevas incorporaciones intentamos impregnarles de esta ilusión”, se señala desde el centro. 


La cuarta organización, Noesso, nació hace 25 años y se ha consolidado como uno de los referentes en la prevención e intervención socioeducativa en personas con problemas de adicciones. Al tiempo,  trabaja también con colectivos afectados por diferentes causas de marginación o exclusión social. 


 

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