Juan Gallardo: Donar sangre debería ser casi una obligación

Veterano de la Hermandad de donantes de sangre, ha sumado 135 donaciones en cuarenta años

Juan Gallardo Figueredo en la macrocolecta de sangre en la UAL.
Juan Gallardo Figueredo en la macrocolecta de sangre en la UAL.

Profesor de Primaria en Berja, primero y de inglés, después en el Luis Siret de la capital, donde se jubiló, José Gallardo Figueredo sigue vinculado, después de cuarenta años, a la Hermandad de Donantes de Sangre. Una asociación a la que se “enganchó” en cuanto supo de su existencia. Entiende que donar es algo natural y todavía se emociona cuando ve a decenas de jóvenes acercarse a las colectas que, como la que se celebra en la Universidad, reúnen a cientos de personas “solidarias”. Aunque retirado de la donación activa, este almeriense de Berja sigue al pie del cañón y no desaprovecha la ocasión de promocionar la donación.


¿Qué le llevó a hacerse donante de sangre?
Cuando nació mi hijo en 1973, mi mujer sufrió anemia y necesitó una transfusión que, entonces, costó 5.000 pesetas, es decir, la mitad del que era mi sueldo como profesor. Pensé entonces que la sangre no se debería cobrar y cuando supe lo de la Hermandad, me hice donante sin pensármelo dos veces.


¿Cuándo fue eso?
En 1976. Llevo cuarenta años y he sumado 135 donaciones. Aprecio la generosidad, pero, a veces pienso, que donar debería ser casi una obligación.


Como miembro de la Hermandad, ¿qué es lo que hace?
Ahora mismo, presto ayuda en las colectas que se celebran en la Universidad de Almería y también en la Comandancia de la Guardia Civil. Me gusta estar para atender a quien me pide información, una bebida, algo de comer después de la donación. Lo que sea. Durante muchos años llevé el grupo de donantes de Berja. Y me congratula poder decir que fue allí donde se empezó a agradecer el gesto a los donantes con bocadillos. 




¿Cómo fue?
Hablé con el entonces alcalde y le propuse tener un gesto con quien se acercara a donar. Se pensó en darles tiques para bocadillos en el bar. Ninguna corporación se ha negado nunca a apoyar la donación de sangre. 


Y del bocadillo en el bar al avituallamiento en el espacio de donación.
Sí. Con el tiempo se vio que era mejor que el donante esperara un rato en la zona en la que se organiza la donación. Y es allí donde los voluntarios de la Hermandad repartimos lo que se dona. Son bebidas, algunas galletas o bollos. Y, fíjese que aún a muchos les da reparo pedir un botellín de agua. ¡Todo les daba yo! 


¿Qué es lo que más le gusta del acto de la donación?
Me emociona ver a tanta gente joven que viene a donar a la Universidad. Son donantes nuevos, muchos y lo hacen con alegría. Todos deberíamos preguntarnos, ¿y si me hiciera falta a mí?


¿Le ha hecho a usted falta alguna vez?
No, la verdad. Pero no por eso dejo de animar a la gente para que done.


¿Cómo lo hace?
Si participo con la Hermandad en alguna colecta, invito a mis amigos a que se pasen. Así ven cómo funciona y si se animan...


 

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