Más que un maestro; fue un guía, un mentor y un amigo

Su legado perdurará en el corazón de aquellos a quienes guió con sabiduría y dedicación

José Díaz Díaz

  • La Voz

Don José nació en Pechina el 2 de Diciembre de 1935. En su pueblo cursó los primeros estudios, desde los 6 a los 12 años, en la sección de niños de la Escuela Graduada  “Sáez Mirón", el mismo colegio del que, a la postre, transcurridos los años, sería director, y que  llevaría su nombre.  Culminaría su carrera de maestro en el año 1958. Inició el ejercicio de su actividad docente de inmediato, en el año 1959, en las Escuelas del Sagrado Corazón, ubicadas en la parte posterior de Correos, en calidad sustituto. En el mismo año es nombrado para el Colegio-reformatorio “El Canario” perteneciente al Patronato de Auxilio Social. Una vez aprobadas las oposiciones ejerce, entre Febrero y Septiembre de 1960, en el Colegio “Urbina Carrera" de Cuevas del Almanzora. Con el nuevo curso le llegará el destino definitivo, para lo cual ha de abandonar Almería: va destinado a Coria del Río (Sevilla), permaneciendo en esta localidad desde 1960 a 1963. De  regreso a la provincia de Almería pasará de nuevo por el municipio de Cuevas del  Almanzora, ahora en la pedanía de Palomares, entre 1963 y 1965. 


En Rágol, localidad a la que tenía un afecto especial y con la que mantuvo una fuerte relación durante muchos años, estuvo destinado durante los cursos I965 a 1973. Allí, además de la docencia ordinaria, impartía clases a adultos, dentro de los cursos dependientes del Servicio de Extensión Agraria, del Ministerio de Agricultura, con dos grupos de alumnos mayores de 14 años. 


Por último, en 1973, puede ejercer profesionalmente en su localidad natal. Aquí permanecerá de forma ininterrumpida hasta el año 2001, fecha en la que se produce su jubilación. Completaría por tanto, 28 años como maestro de Pechina, y de ellos 17 desempeñando el cargo de Director del Colegio "Juan Sáez Mirón", en las mismas instalaciones en las que había cursado sus primeras letras.  Acudía por la tarde-noche, desinteresadamente, al barrio de la Cruz, de población  marginal para dar clases a niños mayores en una escuela establecida en la pequeña capilla, en la que enseñaban durante el día unas religiosas seglares llamadas por el Párroco. Esta escuela sirvió de enlace y de puente para ir integrando a los niños en el Colegio, algo que se consiguió lentamente y a cuyo éxito contribuyeron tanto estas clases como el funcionamiento del Comedor Escolar


Don José asumió la responsabilidad de regentar la Biblioteca Municipal, que durante muchos años, por carecer de local propio, estaba ubicada en su propia aula. En ella realizó una eficaz labor de difusión de la lectura entre escolares y mayores.


En el año 1975, a través de los cursos convocados por la UNED y la Inspección Provincial, se especializó como maestro de Filología Francesa, que le habilitaba para impartir esta materia en la lI Segunda Etapa de E.G.B.


Durante su estancia en Rágol y en Pechina, diseñó trajes y escribió letrillas de canciones para sus alumnos y para mayores, para participar en grupos de carnaval, otra de sus grandes pasiones.


En 1979 obtuvo el primer premio provincial convocado por la Delegación de Cultura, con un trabajo sobre la Madre.

Cuantos le conocen destacan de él su carácter trabajador, su gran vocación docente, y sus cualidades personales, que se ocultan tras una gran sencillez y humildad.


En 2002, a iniciativa del Claustro, secundada por el Ayuntamiento y por todo el pueblo, se propuso que el Colegio de Pechina llevara el nombre de "José Díaz Díaz". (Extracto del libro “Centros escolares de Almería. Perfil de sus titulares docentes” de Dña. Covadonda Grijalba Castaños)


Su partida deja un vacío irreparable, pero su legado perdurará en el corazón de aquellos a quienes guió con sabiduría y dedicación.


Don José fue más que un maestro; fue un guía, un mentor y un amigo para innumerables generaciones de pechineros y pechineras. Su inestimable labor como director en el colegio, es testimonio de su compromiso con la educación y el desarrollo de la juventud local.


Bajo su dirección, el Colegio José Díaz Díaz no solo se convirtió en un centro de aprendizaje, sino en un espacio donde los valores, el respeto y la excelencia eran cultivados diariamente. Su enfoque centrado en el estudiante creó un ambiente propicio para el crecimiento personal y académico.


La comunidad pierde no solo a un educador ejemplar, sino a un ser humano excepcional. Don José trascendió las aulas, dejando una marca indeleble en la memoria de quienes tuvieron el privilegio de conocerlo. Su paciencia, dedicación y pasión por la enseñanza dejaron una huella imborrable en cada vida que tocó.


En este momento difícil, nos unimos como comunidad para recordar y celebrar la vida de Don José Díaz Díaz. Su contribución al desarrollo educativo de Pechina seguirá inspirando a las futuras generaciones. Extendemos nuestras condolencias a su familia, amigos y a todos aquellos que compartieron el privilegio de conocer a este ilustre educador.


Que su legado perdure como fuente de inspiración, recordándonos la importancia de la educación y el impacto positivo que un maestro comprometido puede tener en la sociedad. Don José Díaz Díaz, siempre vivirá en nuestros corazones. (Comunicado RRSS Ayuntamiento de Pechina)


Hoy es un día muy triste para mí, y sé que también para muchas personas más. En todos los que tuvimos la suerte de cruzarnos con él en la vida, Don José dejó una huella indeleble. En el colegio, en la parroquia... en el pueblo en general siempre se mostró como una persona honrada, humilde, educada, trabajadora y entregada. Nunca buscó notoriedad ni reconocimiento, porque hacía todo por convicción y vocación. Nos hizo comprender el valor del esfuerzo, del sacrificio y el afán de superación para que nos hiciéramos personas de bien, útiles para la sociedad. Supo como nadie combinar para su alumnado el trabajo con la diversión, todo en su justa medida... son tantos los recuerdos, tantas las anécdotas... Y en todas esas imágenes que hoy se me vienen a la mente, siempre veo una sonrisa cordial, un corazón noble. Era tan generoso Don José, que empleaba, doy fe, días de sus vacaciones para reforzar conocimientos para el que quería continuar estudios. Fue el alma de la biblioteca escolar San Indalecio durante años, y a él le debemos muchos el amor por la lectura. Cuidaba muchas veces los jardines del cole como propios, para disfrute de todos. Y qué decir de sus canciones tradicionales y de las letrillas que componía. También escribía en el periódico, firmando como "un agricultor". En definitiva, una persona ejemplar ante la cual me quito el sombrero. Seguirá siempre vivo en nuestros corazones. Descanse en paz, Don José, pechinero orgulloso de serlo. Puede usted marchar tranquilo por el deber cumplido. Mi más sincero pésame a su familia. Hoy se nos ha ido un grande. Gracias por tanto.  (Comunicado RRSS de una alumna)