“Hay que estar bien”, en memoria de Antonio Galindo Cuenca

Luis Martínez Rueda

Hace varias semanas que nos dejó y aún no sabemos muy bien como ha de ser la necesaria realidad que vendrá y ese incierto futuro en ocasiones nos dificulta, más si cabe, superar el mal trago, amargo trago, que la pérdida de un ser querido supone. Y es en esos momentos donde el recuerdo nos debe dar el valor y la fuerza para seguir el seguro consejo que nos daría con una sonrisa esa persona. Antonio Galindo -Tony- ha sido un referente, nadie puede dudarlo, y estoy seguro que nadie lo hace. En su familia y en general en toda su vida, un auténtico ejemplo de todo, pues la sonrisa y el buen ánimo han sido siempre sus fieles escuderos, inseparables diría yo. Una actitud siempre positiva ante cualquier reto que hubiera delante, una ayuda segura para todo aquel que la necesitara, y una persona sabia donde las hubiera, siempre atinada y apropiada en sus recomendaciones. Sin duda alguna, alguien muy especial, inquieto por definición, inteligentísimo, amante de la naturaleza, las playas, el mar con su barquito y su pesca -un paseo para los pececitos que siempre devolvía al mar-, viajar en familia, excursiones, disfrutar en familia, el deporte en su doble vertiente de deportista mientras pudo y aficionado, destacando sobre los demás su Almería, su cocina, su don para la música, capaz de reproducir de oído y casi con cualquier instrumento cualquier canción, siempre ilusionado por aprender, su labor docente innata e insuperable, pionero en tecnología y en su metodología de trabajo, ha marcado numerosísimas carreras de sus alumnos que sabían descubrir en él alguien muy especial, siempre al día de la tecnología, capaz de compaginar todo ello con naturalidad y tranquilidad, siendo responsable de que a Almería vinieran premios Nóbel, astronautas y un sinfín de escritores de enorme calado, a los que se ganaba desde el minuto un por su sencillez, pues era grandísimo lector, devorador de libros, y de sus churritos del domingo.


Tengo dos cosas muy claras, la primera que toda la familia -y cualquier persona si se me permite recomendar- debe seguir sus sabias palabras y copiar su actitud ante la vida, “hay que estar bien”, por tanto, por él y con base en lo que de él hemos aprendido superaremos su durísima pérdida -demasiado temprana-, con el amparo del tiempo, con su recuerdo siempre presente y con la positividad suyas que han de ser ahora nuestras; y la segunda que mi hijo, su nieto, aunque no ha podido disfrutar de su abuelo, con asomarse a Almería sabrá muy bien quién fue su abuelo.


“Partimos cuando nacemos andamos mientras vivimos, y llegamos al tiempo que fenecemos; así que cuando morimos descansamos.” (Jorge Manrique)


Siempre en nuestro recuerdo ANTONIO GALINDO CUENCA, TONY.